martes, enero 24, 2012

La masturbación a través de la historia

"La ciudad de Mileto para esa fecha, se había hecho famosa en todo el Mediterráneo debido al cuero con el que confeccionaban sus consoladores. Tanto así, que Lisístrata, la heroína de la obra homónima de Aristófanes, era una mujer se quejaba amargamente de la escasez de dildos..."

En la actualidad el onanismo o masturbación sigue siendo visto como un tabú y tachado como una actividad vergonzante, pero no toda la vida fue así. En la antigüedad era un acto común, personal y privado (la mayoría de veces), pero jamás denigrante ni prohibido por ninguna ley. No está muy claro desde cuando empezó a ser condenada y vista como algo perverso y amoral, pero de lo que si estamos seguros, es que gran parte de la culpa fue de la iglesia.

En los mitos más antiguos de la Mesopotamia y Egipto, el dios Apsu, o Atúm surgió del "océano primigenio", creándose a sí mismo mediante masturbación, saliva y lágrimas, y de esta forma es que llegó a crear la Vía Láctea. Por eso no es nada raro que las reinas egipcias fueron enterradas hace más de cuatro mil años con todos los objetos que necesitarían en el más allá, entre los que se destacaban la ropa, los peines y sus dildos (vulgarmente llamados consoladores).


Aunque sólo el rígido código de disciplina espartana condenaba la masturbación, el resto de griegos la consideraban un don de los dioses. Creían que el dios Hermes le enseñó a su hijo Pan, más conocido como Fauno, cómo masturbarse para liberarse de la miseria que sentía cuando era desdeñado por la ninfa Echo. El Fauno aprendió bien la lección, superó su dolor y transmitió la enseñanza a los primeros pastores de la arcadia griega.


La masturbación era común entre hombres y mujeres, pero es importante destacar, que aunque hubiese sido un obsequio de los dioses, era considerada como una actividad privada y muy personal, aunque como sabemos que toda regla tiene su excepción. Por ejemplo cuando el filósofo Diógenes se levantaba la toga y se masturbaba en público en el ágora, el pueblo se sorprendía y las chicas unas más unas menos se sonrojaban. El filósofo trataba de demostrar que todas las actividades humanas merecen ser hechas en público, que ninguna de ellas es tan vergonzosa como para requerir privacidad. De todas formas, aunque innovadora y audaz en todo sentido la propuesta de Diógenes, sus conciudadanos no estuvieron de acuerdo y no fue secundada.

El famoso médico griego Galeno sostenía que la retención de semen en el organismo era peligrosa y causante de mala salud. Citaba al mismo Diógenes como ejemplo de una persona culta, que practicaba el sexo para evitar los riesgos de retener el semen.

Los dramaturgos también mencionaban los consoladores en sus comedias, mientras los artesanos los representaban en sus jarras y cuencos. La ciudad de Mileto para esa fecha, se había hecho famosa en todo el Mediterráneo debido el cuero con el que confeccionaban sus consoladores. Tanto así, que Lisístrata, la heroína de la obra homónima de Aristófanes, era una mujer se quejaba amargamente de la escasez de dildos.

“Y ni siquiera de los amantes ha quedado ni una chispa, pues desde que los milesios nos traicionaron, no he visto ni un solo consolador de cuero de ocho dedos de largo que nos sirviera de alivio «cueril». Así que, si yo encontrara la manera, ¿querríais poner fin a la guerra con mi ayuda?”
Línea 110

Para quienes no lo saben, Lisístrata es una comedia que narra la historia de un grupo de mujeres que decidieron suspender las relaciones sexuales con sus maridos, hasta que estos pusieran fin a la interminable guerra entre Atenas y Esparta. Para cumplir su objetivo echan de menos los buenos consoladores de Mileto confeccionados con piel de perro, si, de perro. Es una buena comedia, pueden descargarla aquí.


Hay algo que es importante señalar, y es que la masturbación entre los hombres griegos adultos, también era vista como un signo de pobreza, ya que cuando tenían dinero preferían pagar a una trabajadora sexual.

Bueno, continuando con el curso de la historia, la masturbación cayó en desgracia en Europa con el inicio del cristianismo, pero lo curioso es que la Biblia no hace mención alguna sobre la masturbación. A pesar de eso, los primeros padres de la iglesia se oponían a esta práctica del mismo modo que a cualquier tipo de sexo no reproductivo. Por ejemplo, Augustine de Hipona (350–430 d.C), un obispo influyente de los primeros años de la iglesia cristiana, enseñaba que la masturbación y otras formas de relaciones sin penetración eran pecados peores que la fornicación, la violación, el incesto o el adulterio. Sostenía que la masturbación y otras actividades sexuales no reproductivas eran pecados "antinaturales" porque eran anticonceptivos. Como la fornicación, la violación, el incesto y el adulterio podían conducir al embarazo, eran pecados "naturales" y por lo tanto muchos menos graves que los pecados "antinaturales". De esta manera y desde esta fecha, la masturbación fue considerada como un pecado más grave que una violación o el incesto.

Agustín de Hipona, por Boticcelli

La condena de Augustín de Hipona a la masturbación como pecado antinatural fue aceptada por toda la iglesia durante la Edad Media y restablecida en el Siglo XIII por Santo Tomás de Aquino en su Summa Theologica.

La historia bíblica de Onan, citada frecuentemente como un texto en contra de la masturbación, en realidad se refiere al pecado que cometió Onan al rehusarse a obedecer el mandamiento de Dios de fecundar a su cuñada viuda. Onan copuló con ella pero se retiró antes de eyacular y "derramó su simiente" fuera del cuerpo de la mujer, o sea realizó un común y silvestre coitus interruptus. La Ley de Moisés dictaba que cualquier persona que derramase su semen en tierra infértil lo estaba haciendo en el lugar incorrecto. En el siglo XVI Martín Lutero confunde aquel interruptus con "palma de la mano", y con eso contribuye a aumentar el estigma que ya llevaba.


Para el Siglo XV, el teólogo Jean Gerson en su modelo penitencial De Confessione Mollities, aleccionaba a los sacerdotes sobre cómo inducir a las mujeres y a los hombres a confesar "ese detestable pecado". Gerson sugería guiarlos con una inocente pregunta así: "Amigo, ¿recuerda haber tenido el pene erecto durante su niñez, alrededor de los 10 o 12 años?" Luego, sugería pasar a preguntarle directamente al penitente si se había tocado o eyaculado.

Los manuales de penitencias también especificaban las sanciones correspondientes, que, hay que decirlo, eran relativamente leves en comparación a otras penas. Generalmente fluctuaban en el rango de los treinta días de oraciones especiales y ayuno. Vamos, una bagatela.

A fines del siglo XVI, el científico Gabriello Fallopio les enseñaba a los varones a tirar de sus penes de forma enérgica y frecuentemente para estirarlo, fortalecerlo y de este modo aumentar su potencia de procreación, pero sus teorías igual fueron repudiadas por la iglesia.

En el siglo XVIII hace su aparición el nefasto médico Samuel August Tissot, con un libro publicado en 1760 que debió haber sido quemado. De ese pafleto se editaron cientos de ediciones que fueron leídas desde Voltaire y Rousseau hasta los fundadores de los Estados Unidos, en el que se difundían los más horripilantes mitos acerca de la masturbación y del síndrome "post-masturbatorio". Europa y Norteamérica se empaparon de las advertencias que hacía Tissot sobre la masturbación y curiosamente fue publicado hasta bien entrado el siglo XX, logrando crear un temor casi universal. En su tratado Tissot ilustra una anécdota de un hombre, que según el autor, había recibido tratamiento tardío para la terrorífica enfermedad:

". . . fui a su hogar y lo que encontré era más un cadáver que un ser vivo yaciendo sobre heno, escuálido, pálido, exudando un hedor nauseabundo, casi incapaz de moverse. De su nariz fluía agua sanguinolenta, babeaba constantemente, sufría ataques de diarrea y defecaba en su lecho sin notarlo, había un flujo constante de semen, sus ojos, saltones, borrosos y sin brillo habían perdido toda capacidad de movimiento, su pulso era extremadamente débil y acelerado, su respiración era dificultosa, estaba totalmente emaciado, salvo en los pies que mostraban signos de edema."
"El trastorno mental era igualmente evidente, no tenía ideas ni memoria, era incapaz de conectar dos oraciones, no tenía capacidad de reflexión, sin temor por su destino, falto de todo sentimiento salvo el de dolor que volvía por lo menos cada tres días con cada nuevo ataque. Esto lo hundía al nivel de una bestia, un espectáculo de horror inimaginable, era difícil de creer que alguna vez había pertenecido a la raza humana. Murió varias semanas después, en junio de 1757 con todo su cuerpo cubierto de edemas."
"Los problemas que experimentan las mujeres son tan explicables como los de los hombres. Como los humores que pierden son menos preciosos, menos perfectos que el esperma masculino, no se debilitan tan rápidamente; pero cuando se entregan excesivamente, por ser su sistema nervioso más débil y naturalmente con mayor inclinación a los espasmos, los problemas son más violentos."


Así se representaba la agonía de un hombre aquejado del mal de la masturbación

También en la época victoriana se vio a la masturbación casi como la raíz de muchos de los problemas del mundo. Varios libros de medicina del siglo XIX describen como secuelas directas de la masturbación el aletargamiento, locura pasiva y la inevitable pérdida del cabello. Imagínense la mala fama que se llevaba un pobre calvo inglés. Algunos textos incluso la consideraban una práctica potencialmente mortal. "En mi opinión", escribió el Dr. Reveillè , "ni la peste ni la guerra han tenido efectos tan desastrosos para la humanidad, como el miserable hábito de la masturbación". Empezó entonces una lucrativa oleada de tratamientos para esta “enfermedad”, llevando a los curanderos hasta los Estados Unidos. Se patentaron dispositivos insólitos para evitar las erecciones nocturnas no deseadas.


Igual, en esta misma época se presentó un curioso fenómeno: los médicos solían combatir la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris de las pacientes hasta que pudieran alcanzar el orgasmo, que en esa época era conocido como paroxismo histérico, puesto que consideraban que el deseo sexual femenino reprimido era una enfermedad. Increíblemente esta costumbre dio origen al nacimiento de los vibradores, ya que los médicos se cansaban de manipular manualmente "tantos clítoris".

Mujer en "paroxismo histérico" luego de ser masturbada por un médico

Ya a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, aparece Sigmund Freud y reconoce que la masturbación podía tener efectos beneficiosos como como aliviar el estrés y evitar las enfermedades de transmisión sexual, sin embargo advertía que la masturbación podía causar trastornos neuróticos, especialmente neurastenia.

Hasta el siglo XIX, ésta era la imagen de un hombre que se masturbaba

El siglo XX fue avanzando y con el los conocimientos médicos (fisiológicos y psicológicos). Los expertos comenzaron a descartar los argumentos de que la masturbación causaba trastornos físicos, no obstante, muchos seguían manteniendo la creencia de que la masturbación era la consecuencia o conducía a trastornos mentales. En 1930, por ejemplo, el sexólogo Walter Gallichan, advertía que la masturbación en las mujeres era la causante de la apatía y frialdad femenina, que "sus gratificaciones solitarias opacaban su sensibilidad para el coito matrimonial".

A mediados de siglo el estigma contra la masturbación seguía siendo todavía muy fuerte. Los estudios demostraban que nueve de cada diez niños a los que se los encontraba masturbándose eran severamente amenazados, castigados y aterrorizados con el argumento de que se volverían locos o ciegos, o que les iban a cortar el pene o a coser la vagina. Un 82% de los alumnos de primer año de la universidad, todavía creían que la masturbación era peligrosa.

Tuvo que llegar Alfred Kinsey (junto a un grupo de colegas) y publicar los resultados de más de 15 años de investigaciones sobre la conducta sexual humana. Una de las contribuciones más importantes de ese trabajo fue precisamente considerar a la masturbación como algo normal y debilitar el estigma que la rodeaba. Los resultados eran reveladores: el 97% de los hombres y el 62% de las mujeres se habían masturbado alguna vez en su vida y habían alcanzado el orgasmo.

Alfred Kinsey

Es curioso. Los hombres, la sociedad, podían aceptar el informe de Kinsey sobre las actividades sexuales masculinas, pero no podían aceptar “la dura realidad” de las conductas sexuales de las mujeres norteamericanas. Fue como un shock, como un balde de agua fría al machismo, el enterarse (o que les dijeran en la cara) que una mujer podía masturbarse, tener orgasmos, tener sexo antes y fuera del matrimonio o con otras mujeres. La iglesia levantó su voz de protesta en todo el país. Sin ni siquiera echar un vistazo o leer el trabajo de Kinsey, el entonces carismático religioso Billy Graham escribió: “Es imposible estimar el daño que va a causar este libro a la ya deteriorada moral norteamericana". El remezón fue tal, que hasta un Senador (como siempre, McCarthy) denunció al trabajo de Kinsey como parte de la conspiración comunista. En todo el país, personas con el apellido Kinsey publicaban avisos en los diarios para aclarar que no estaban relacionadas con el autor. Finalmente y a causa del furor provocado, la Fundación Rockefeller retiró su apoyo al trabajo de investigación de Kinsey, pero ya era muy tarde, la sociedad (al menos el mundo occidental) se había despojado de los tabúes sexuales.


Los estudios llevados a cabo después de la muerte de Kinsey confirmaron sus conclusiones. Para la década de los 70, el 84% de estudiantes universitarios ya no creía que la masturbación les causara inestabilidad emocional o mental, el mito había caído. Aún así, en diciembre de 1994, en una conferencia sobre el SIDA patrocinada por la ONU, la entonces jefa del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, doctora Joycelyn Elders, dijo que tal vez la masturbacion deberia ser enseñada en las escuelas, como una parte de los programas educativos escolares sobre sexualidad. Por estas declaraciones el presidente Bill Clinton le pidio que renunciara al cargo, cosa que no hizo. Finalmente, fue cesada.

A pesar de que la ciencia hace algunas décadas comenzó a tratar a la masturbación como una conducta normal, hasta ahora las más prominentes instituciones religiosas se han negado a reevaluar los principios sexuales que las rigen desde hace más de quince siglos.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7


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lunes, enero 09, 2012

El pequeño hombre que retrató la Belle Èpoque

"De su vida sentimental se sabe que vivió dos años con una mujer, que luego intentó suicidarse ante su negativa de tener un hijo con ella. Sus relaciones posteriores fueron exclusivamente con prostitutas, con las cuales gustaba hacer de vouyer, especialmente en escenas de lesbianismo, costumbre bastante habitual entre las bailarinas y prostitutas de esa época".

Cartel anunciando a Jane Avril y Cléopatre Gazelle, las bailarinas estrellas del Moulin Rouge

A finales del siglo XIX, con el advenimiento de la luz eléctrica y con el capitalismo madurando como sistema económico, en Europa se vivía un ambiente de pujanza y satisfacción social. Se daban los primeros pasos en las telecomunicaciones y el comercio internacional. Este pequeño período de bonanza que abarca las dos últimas decadas del siglo XIX y que termina en 1914 con la Primera Guerra Mundial es conocido como la Belle Èpoque. Tolouse-Lautrec fue un pintor, un artista francés que logró capturar el espíritu y el esplendor de esa época.


Henri Toulouse-Lautrec nació en Francia en 1864, hijo de un matrimonio entre dos primos hermanos de una familia aristócrata. Durante su infancia Henri disfrutó de la vida privilegiada del hijo de un noble. Vivía en un castillo dentro de una gran propiedad que tenía bosques, ríos y animales de caza. Estaba siempre rodeado de amigos, tíos y primos, además de un gran número de sirvientes para atender sus necesidades.

Esa frecuente mezcla de sangre entre nobles y aristócratas, siempre dejaba como consecuencia uno que otro desbarajuste genético, y uno de éstos fue el causante de la muerte de su hermano menor con apenas año de vida. De hecho Henri también era un muchacho enfermizo, de constitución ósea muy débil, pero que a pesar de todo llevaba una vida feliz. Practicaba equitación, cantaba, dibujaba y salía de caza con su padre. Lastimosamente a los trece años se cayó de una silla y se fracturó el fémur izquierdo, y al poco tiempo, mientras se recuperaba se volvió a tropezar con tanta mala suerte, que se quebró el fémur derecho.

Sus fracturas soldaron bien pero sus extremidades inferiores dejaron de crecer, aunque el resto de su cuerpo se desarrolló normalmente, por eso nunca llegó a pasar de 1,50 cm de estatura.

Henri Tolouse-Lautrec

Sus padres quedaron devastados. Su padre comenzó a distanciarse de un hijo que era diferente a los demás, que ya no podía acompañarlo de cacería. Su madre en cambio, cada vez estuvo más atenta a sus necesidades físicas y emocionales. Por su parte, Henri terminó volcando su atención e interés hacia el dibujo. Viendo que el arte se convertía en una pasión para Henri, su padre se lo presentó a Henri René Princeteau, un pintor sordomudo. Princeteau quedó tan impresionado con el talento de Henri, que convenció a sus padres de que lo inscriban en el taller del reconocido maestro, Bonnat.

A los 17 años, Henri de Toulouse-Lautrec se fue de casa por primera vez a París, a estudiar en ese taller. Por alguna razón, el maestro Bonnat desarrolló una intensa aversión por el joven Toulouse-Lautrec, se decía era ego, envidia, quizá supo reconocer en el joven muchacho a un nuevo genio. Con el tiempo, la discordia se hizo mutua y duró toda la vida.

Dejó al maestro Bonnat y se matriculó en el estudio del maestro Fernand Cormon, un talentoso artista que lo supo orientar y le ayudó a crear su estilo. Vale destacar que tan buen maestro era Cormon, que otro de sus alumnos por esa misma época era Vincent Van Gogh.

Bajo la tutela de Cormon, Henri aprendió a pintar. Visitó todas las galerías con el afán estudiar las técnicas de otros pintores, especialmente los impresionistas. Cormon le dio a Henri una base sólida en las técnicas de pintura en un estilo formal. Sin embargo, cuando cumplió los veinte años, Henri comenzó a buscar una dirección artística diferente.

El legendario Moulin Rouge, cabaret frecuentado por Tolouse-Lautrec y que fue inmortalizado en su obra

Henri Toulouse-Lautrec se mudó al barrio de Montmartre de París en 1887. Montmartre era una comuna de comerciantes, así como de rufianes, proxenetas, prostitutas y artistas bohemios. La zona estaba plagada de burdeles, salones de baile, cabarets y clubes privados. Aquí es donde hasta ahora se encuentran los famosos Le Chat Noir, Le Lapin Agile, La Cigale y Le Moulin Rouge. En Montmartre los excesos de todo tipo eran moneda corriente.

Toulouse-Lautrec rentó un piso detrás del cementerio, en la calle Ganneron. Empezaba una nueva etapa en su vida, etapa que empezó como observador y terminó siendo partícipe del estilo de vida de la zona. Le encantaba merodear las calles y callejones, los bares y burdeles buscando nuevos temas para pintar y lo consiguió. Llegó a ser una especie de cronista gráfico del desenfreno de aquel París de finales del siglo XIX, del nacimiento de la Belle Èpoque.

Baile en el Moulin Rouge

Al contrario que a los artistas impresionistas, a Tolouse-Lautrec nunca le interesó el género del paisaje y prefirió ambientes cerrados, iluminados con luz artificial que le permitían jugar con los colores y los encuadres de forma subjetiva.

Para pintar Henri prefería a los clientes habituales del cabaret, a las bailarinas y las prostitutas. Nunca trabajó con modelos profesionales. Se rodeo de amigos marginales y se hizo habitué de las casa de citas donde entraba siempre con su buen humor, cantando canciones patrióticas y golpeando el bastón, ganándose pronto el cariño de las prostitutas, que se enorgullecían de su amigo "el pintor" y lo malcriaban como a un niño caprichoso.

Con Mirelle, la favorita del prostíbulo

Comenzó a retratar amigos, bailarinas y prostitutas y quedó atrapado en aquel bajo fondo de la noche bohemia parisina. Volvía de vez en cuando a su aristócrata castillo, sólo para visitar a su madre que adoraba.

En la foto superior lo vemos pintando a una prostituta conocida como Bertha 'La sorda', y más abajo dos cuadros terminados de aquella dama

Touluse tenía más espíritu de bohemio que de aristócrata, por lo que nunca pensó en dejar aquel barrio de tolerancia, lleno de bares y burdeles. De su vida sentimental se sabe que vivió dos años con una mujer, que luego intentó (o simuló) suicidarse ante la negativa de Henri de tener un hijo con ella. Sus relaciones posteriores fueron exclusivamente con prostitutas, con las cuales gustaba hacer de vouyer, especialmente en escenas de lesbianismo, costumbre bastante habitual entre bailarinas y prostitutas de esa época. Esas escenas inspiraron obras como "Las dos amigas".

Las dos amigas

El artista solía instalar por largas temporadas su atelier en aquellos lupanares, donde hizo estrechas amistades con las prostitutas, bailarinas y clientes, y es esta gente precisamente, la que da vida a sus cuadros y uno de los temas principales de su obra.

Esta serie de pinturas (arriba) se llama "La Revisión Medica", misma que era frecuente y obligatoria para las prostitutas. Se intentaba luchar contra una enfermedad que siempre había estado presente en aquellos hombres de vida libertina, la temible sífilis.

Femme nue devant sa glace

Luego empezó a pintar carteles anunciando los espectáculos nocturnos de aquellos antros, los mismos que le eran pagados con bebida o favores sexuales en los sitios que frecuentaba. Es así que estos burdeles pasaron por primera vez a ser protagonistas de una obra de arte. Uno de sus lugares preferidos de Henri Toulouse, siempre fue el Mouline Rouge.

Poster del Divan Japonais, otro club nocturno

De a poco y con su estilo, logró convertirse en el Rey de los afiches parisinos, en el cronista de la Belle Epoque, y lo que es más importante: Su trabajo no sólo fue el pionero de la publicidad gráfica sino también de los afiches de cine, que hasta hace poco seguían su mismo formato.

Poster del cantante Aristide Bruant, quizá su poster más famoso

La creación de carteles iba viento en popa y le otorgó fama de publicista gráfico. Esto llevó a Henri hasta Londres, donde le pidieron la elaboración del póster del famoso sitio "Confetti" y el anuncio de bicicletas "La Chaine Simpson".



Fue durante esta breve temporada en Londres, cuando conoció y entabló amistad con Oscar Wilde. Toulouse-Lautrec tambin le pintó un retrato, el mismo año en que Wilde afrontaba un juicio por sodomía en Londres.

El declive de Henri empezó pronto, en 1896. Su vida se había reducido a putas, alcohol y juergas. Comía y dormía muy poco, en contraste trabajaba mucho para poder pagarse su estilo de vida, además de que era un gran aficionado a la absenta.

Poster de Jane Avril, otra de las famosas bailarínas de la Belle Èpoque

El alcoholismo deterioró su salud y padeció manías, depresiones y neurosis. En 1897 fue recogido de la calle a causa de una borrachera y poco después, en un delírium trémens, llegó a disparar a las paredes de su casa creyendo que estaban llenas de arañas. Sin embargo seguía pintando de forma firme y rápida; pero lo volvieron a recoger alcoholizado en 1899 y su familia lo hizo encerrar en un hospital psiquiátrico donde se le diagnosticó sífilis. Allí realizó una gran colección de pinturas con temática circense. Henri logra convencer a los profesionales -por medio de sus dibujos- de que aún mantenía su cordura, y salió a los tres meses.

La absenta, una de sus bebidas favoritas

Nuevamente volvió a sus andanzas, a sus prostitutas y al alcohol. Al poco tiempo tuvo una crisis paranoica que lo llevó a intentar suicidarse con metileno, y esta vez si estuvo internado durante un tiempo más largo. Cuando se dio cuenta que había topado fondo, de que era un hombre enfermo, volvió al castillo de su madre.

Toulouse-Lautrec con su madre en su propiedad

En la propiedad de su madre en Albi, cerca de Burdeos, y el 9 de septiembre de 1901 murió postrado en su cama a causa de una apoplejía, tenía apenas 36 años. Sus últimas palabras a la condesa fueron: "Madre, gracias. ¡Nadie como tu!". Y a su padre: "Gracias por venir papá. Sabía que no te perderías mi muerte".

La mayoría de las obras de Toulouse-Lautrec se mantuvieron en su estudio de París después de su muerte. Su madre, la condesa Adele Lautrec, queriendo perpetuar la memoria del hijo que tanto amaba, quiso que toda la colección permanezca intacta y obsequió todas las obras a la ciudad de Albi, donde Henri había crecido. También los miembros de su familia que habían recibido algun cuadro obsequiado por Toulouse-Lautrec estuvieron de acuerdo en donar las obras de arte a la ciudad.

At the Moulin Rouge

El 30 de julio de 1922, fue inaugurado oficialmente el Museo de Toulouse-Lautrec. El lugar elegido para albergar la colección, fue el Palacio de la Berbie, una imponente fortaleza de ladrillo del siglo XIII construido por los obispos de Albi al lado del río Tarn.

Portrait de Suzanne

Tal vez una de las ironías finales en la vida de Toulouse-Lautrec, es que su obra que logró capturar tan brillantemente aquel nuevo fenómeno cultural de París, no se encuentra en el Museo de Louvre ni en ningún museo de la capital, sólo en esa pequeña ciudad en el sur de Francia.

P.D. Bonnat, su primer maestro, con el que nunca se reconcilió, murió 21 años después. Éste, en su lecho de muerte en 1922, despojándose de cualquier sentimiento de rencor o envidia, sugirió -con éxito- que las obras de Toulouse-Lautrec se convirtieran en parte de las colecciones nacionales, es decir, en patrimonio francés.

A los amantes del arte aquí les dejo un espectacular blog especializado en la obra de Toulouse-Lautrec, y un archivo de fotos del pintor y de su familia.


Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9

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