domingo, agosto 21, 2011

Experimentos en decapitaciones, los grandes mitos franceses

La mañana del 18 de febrero de 1848, dos hombres y una mujer asistían una ejecución pública en la plaza de la Puerta del Hal, en Bruselas. El trío llevaría a cabo un innovador estudio científico, previamente acordado con las autoridades del penal. Se les permitiría subir a la tarima y estar junto a la guillotina, justo en el lugar donde caerían las cabezas cercenadas de dos criminales condenados a muerte. Uno de los hombres era Antoine Wiertz, un reconocido pintor y retratista de la época, el otro era su amigo, el "Monsieur D", un famoso hipnotista, y junto a ellos también estaba una testigo que tomaría nota de lo que ocurriese. El propósito de Wiertz aquella mañana, era llevar a cabo un experimento único y extraordinario: demostrar que las cabezas decapitadas "seguían con vida y pensaban".

Antoine Wiertz

El plan de Wiertz era penetrar mediante hipnosis en los pensamientos del asesino, identificarse con el condenado y asumir su total identidad para tratar de describir en voz alta lo que se sentía. Antes de hipnotizarlo, el experto le sugirió que tome nota especial de las condiciones ambientales durante la decapitación, para que cuando la cabeza caiga en la canasta, él pudiera estar compenetrado con el cerebro del criminal. Y, por increíble que parezca, el plan pareció funcionar desde el inicio, porque tan pronto llegó la carreta que traía a los condenados a muerte, Wiertz entró en pánico. No fue hasta que los asesinos subieron al patíbulo, que Wiertz se recuperó lo suficiente como para "pedir al hipnotizador que lo ponga en trance profundo."

A medida que se acercaba el momento fatal, era evidente que el pintor estaba compenetrado con el ambiente, y se lo veía estresado, muy identificado con la extrema situación de su personaje. Wiertz entró en trance casi de inmediato, manifestando un nivel de angustia tan extremo, que algnos testigos que sabían del experimento pidieron deshipnotizarlo porque su sentimiento de opresión era insoportable. Sin embargo era demasiado tarde, ya la cuchilla había caído...


Puerta del Hal en la actualidad

La Puerta del Hal de Bruselas, fue una vez que parte de la muralla de la ciudad, luego se convirtió en una prisión, y en su plaza se llevaban a cabo las ejecuciones. Era aquí donde el pintor Antoine Wiertz llevaría a cabo su inusual experimento en 1848. Vamos a volver con Wiertz y su experimento luego de un momento, pero primero quiero mostrarles los curiosos antecedentes de la popularmente macabra guillotina.


El aparato en sí toma su nombre, no de su inventor, sino de un médico que llegó a ser uno de los Diez Diputados de París que tuvo la Asamblea Constituyente en plena Revolución Francesa. Este médico era Joseph Ignace Guillotin quien presentó una Reforma Médica a todo nivel, pero el 10 de octubre de 1789, durante un debate sobre la pena de muerte, él fue quien propuso: "el criminal será decapitado y esto se llevará a cabo mediante un mecanismo simple". El mecanismo simple fue definido como "una máquina que decapite sin dolor". Su propuesta apareció al día siguiente en todos los periódicos.

Hasta esa época, la decapitación en Francia se llevaba a cabo normalmente mediante un hacha o una espada, y la muerte no siempre era inmediata. Además, la decapitación estaba reservada sólo para la nobleza, mientras que a los plebeyos por lo general se los ahorcaba, y de acuerdo al delito, hasta se los condenaba a la temible rueda.

La famosa "rueda"

El Dr. Guillotin, en su "lógica revolucionaria" razonaba que, para que haya justicia en el sistema, debía establecerse la decapitación por medios mecánicos como único método para la pena capital, y que "sólo así el pueblo se sentiría más agradecido por sus derechos".


En 1791 la Asamblea Nacional adoptó a la guillotina como único método de ejecución en Francia, más que nada por la crencia de que era un método más humano y que evitaba el sufrimiento. Sin embargo, todas esas creencias quedaron en duda cuando Samuel von Sömmerring, el más reconocido anatomista alemán de la época, dijo en 1794 que “la decapitación sólo se encontraba en países que se distinguían por la estupidez y la brutalidad de sus leyes”. También decía que la cabeza separada del cuerpo, mantenía durante algunos segundos -nunca dijo cuántos- la sensibilidad y pensamiento.

El tema también fue considerado en un folleto francés de 1796, Anecdotes sur les Décapités, y también por el inglés John Wilson Croker en su Historia de la guillotina (1853). Los médicos, en su mayor parte, insistían en que el choque de la cuchilla debía causar inconsciencia inmediata y que la pérdida del suministro de sangre al cerebro producía la muerte pocos segundos más tarde. De hecho, una máxima de los cardiólogos dice que cuando un corazón se detiene, el cerebro puede conservar la conciencia por no más de cuatro segundos si la persona está de pie, ocho si está sentado, y 12 si está acostado. Esto implica que cualquier movimiento que pueda detectarse en los ojos o en los labios "no son más que espasmos involuntarios, y que la cabeza cortada no siente nada".

Era ya una obsesión francesa. Óleo de 1818 por André Géricault: "Cabezas cortadas"

Sin embargo, en los años subsiguientes se realizaron algunos experimentos y se obtuvieron pequeñas -aunque francamente dudosas- evidencias que sugerían que -en algunos casos al menos- la cabeza cortada se mantenía durante un pequeño lapso de tiempo, consciente y al tanto de lo que le estaba sucediendo.
Y, si bien la intención del Dr. Guillotin fue proporcionar una alternativa más humana a los procesos lentos y dolorosos de ejecuciones por medio de una soga o con un hacha, la situación es que la guillotina se convirtió en víctima de su propio éxito. El proceso era tan rápido y limpio, que a la gente le era difícil creer que la vida podía ser arrebatada tan rápidamente. Es que se habían acostumbrado a ver largas luchas de hombres colgados en la horca.

En el siglo XIX, empezaron a correr con fuerza estos rumores -sin fundamentos-, de que las cabezas mantenían la conciencia, y aún hoy en día, no es difícil encontrar versiones de las mismas historias en sitios de baja reputación de Internet. Por ejemplo, abundan dos leyendas de las víctimas más notables de la guillotina:
- Se dice que Antoine Lavoisier, el padre de la química moderna, quien fue decapitado durante la Revolución Francesa, poco antes se habría puesto de acuerdo con un asistente al que iba a parpadear tantas veces como pudiera después de su ejecución en 1794. Luego el asistente habría dicho que contó 15 o 20 parpadeos, a razón de uno por segundo.
- También se especula que cuando el verdugo levantó la cabeza guillotinada de Charlotte Corday (quien fuera condenada por haber apuñalado al político Jean-Paul Marat en su bañera), y le dio una bofetada en la mejilla, la cabeza, "se dice" - en presencia de un tal Dr. Sue -, se sonrojó y mostró "inequívocos gestos de indignación". Lastimosamente, ninguna de estas historias se basa en fuentes sólidas de la época.

Representación gráfica de la ejecución de Charlotte Corday

A pesar de que siempre se mostró interés sobre el tema, sigue siendo igual de difícil encontrar fuentes confiables para varios casos del siglo XIX e inicios del siglo XX, casos en los que se comenta que algunos médicos hicieron experimentos espantosamente sugerentes para dar respuesta a este misterio. Los detalles de varios experimentos de este tipo, se los puede encontrar en literatura secundaria, por ejemplo en el popular libro estadounidense de contracultura An Underground Education, donde se mencionan las pruebas que supuestamente hicieron con la cabeza de "un violador necrófilo llamado Prunier", o la historia de un médico sin nombre que tomó una cabeza recién decapitada y le bombeó la sangre de un perro que mantenía en vivisección.
La mayoría de historiadores y estudiosos de la Revolución Francesa sugieren que estas historias sólo muestran de lo que es capaz "la imaginación y el morbo popular". Sin embargo, algunas investigaciones han revelado que efectivamente, entre 1879 y 1905 si se llevaron a cabo en Francia al menos tres experimentos con cabezas cortadas, aunque ninguno arrojó los resultados esperados.

• El 13 de noviembre de 1879, los doctores E. y Descaisne G. (padre e hijo), fueron testigos de la ejecución de Théotime Prunier, acusado de la violación y asesinato de una anciana en Beauvais. Un informe publicado en la revista British Medical Journal , con fecha 13 de diciembre 1879, señala que a los médicos se les dio acceso inmediato a la cabeza del asesino para "ciertos experimentos", y concluyeron: "Hemos comprobado, en la medida de lo que es humanamente posible hacerlo, que la cabeza del criminal en cuestión parecía carecer del sentido del tacto, que sus ojos denotaban no tener visión, y de hecho, la cabeza se encontraba totalmente inerte a cualquier estímulo".
La Gaceta Médicale de París, también publicó un artículo completo sobre algunas de las pruebas a las que los médicos sometieron a la cabeza: "Desde gritarle su nombre al oído, apretarle las mejillas, introducirle un pincel empapado con amoníaco en la nariz, pincharle la cara con agujas y hasta acercarle una vela encendida al globo ocular."
Como todos los testimonios y registros sensatos que han quedado, concuerdan y hacen hincapié en que estos experimentos se realizaron apenas momentos después de la decapitación, la falta total de respuesta debería ser considerada como una prueba irrefutable de que la decapitación causaba inconsciencia y una muerte instantánea. Pero, bastó con que el British Medical Journal reportara que los médicos se hicieron cargo de la cabeza “cinco minutos después de la ejecución”, para que los defensores de la idea de que una cabeza se mantiene viva durante un breve lapso -entre15 y 20''- se aferraran más a su teoría.

• Un año más tarde, en septiembre de 1880, un tal doctor Dassy de Lignères, lleva a cabo algunos experimentos con la cabeza de un violador llamado Louis Menesclou. Menesclou era un "hombre de inteligencia limitada, que era la culpable de su perversión sexual" - como lo sugiere el hecho de que luego de descuartizar a su víctima; algunos trozos del cadáver, fueron encontrados en sus bolsillos, según lo relata esta pubicación de Medicina Legal. En este caso se especula que el Dr. Lignères obtuvo la cabeza tres horas después de la ejecución, y que luego afirmó haber logrado conectar las venas y arterias principales al torrente sanguíneo de un perro vivo. Veintisiete años más tarde, cuando el médico fue entrevistado por el diario francés "Le Matin" (3 de marzo de 1907), afirmó que el color le volvió a la cara casi de inmediato, y que sus labios se hincharon. Lo realmente increíble –por absurdo-, era el relato de Lignères de que "cuando realizaba la transfusión, de repente y por un período de dos segundos, los labios tartamudearon en silencio, los párpados temblaron y toda la cara despertó con una expresión de sorpresa, de asombro". Aquí es obvio que se trató de una mentira sensacionalista para aumentar las ventas del periódico.

• Por último, el 30 de junio de 1905, el Dr. Gabriel Beaurieux obtuvo el permiso para asistir a la decapitación de Henri Languille, un bandido que había aterrorizado el trayecto entre París y Orléans durante varios años. Su informe afirmaba que Languille mantuvo algún tipo de conciencia durante unos 30 segundos luego de su ejecución:
"La cabeza cayó sobre la superficie cortada del cuello y por lo tanto, no hubo necesidad de tomarla entre mis manos, ya que quedó en posición vertical. A continuación, lo que pude observar inmediatamente después de la decapitación: los párpados y labios se movieron en contracciones rítmicas e irregulares durante unos cinco o seis segundos. Este fenómeno también fue observado por quienes se encontraban a mi lado en ese momento..."
"Los espasmos cesaron. El rostro quedó relajado, los párpados cerrados a medias dejaban ver sólo la parte blanca del tejido conjuntivo, exactamente como vemos los cadáveres todos los días en el ejercicio de nuestra profesión, cuando alguien acababa de morir. Fue entonces cuando lo llamé por su nombre, con voz fuerte y aguda: ¡Languille! Vi entonces los párpados abrirse lentamente y no eran contracciones espasmódicas - insisto en este detalle -, era un movimiento natural, como cuando una persona despierta".
"Los ojos de Languille definitivamente se fijaron en los míos y sus pupilas se centraron. Sin lugar a dudas esos ojos me miraban. Después de varios segundos, los párpados se cerraron, despacio y de manera uniforme, y la cabeza tomó el mismo aspecto que tenía antes de que le llamara por su nombre. En ese momento volví a llamarlo, y una vez más, sin ningún tipo de espasmo, lentamente, levantó los párpados y sus ojos nuevamente se posaron en los míos, con una penetración tal vez mayor que la primera vez. Nuevamente se cerraron los párpados pero ahora no completamente. Intenté una tercera llamada, pero ya no obtuve respuesta y sus ojos adquirieron esa mirada vidriosa que tienen los muertos".
"Yo solo acabo de contar lo que con rigurosa exactitud pude observar. Todo esto debió haber durado unos 25 o 30 segundos". [Texto original]

Ejecución de Languille (falsa)


Ejecución de Languille (real)

En ésta pagina especializada en guillotinas y decapitaciones, se presentan al menos dos razones para dudar de esta última historia. En primer lugar, la foto superior de la ejecución de Languille que ha sido ampliamente difundida, hasta se encuentra en Wikipedia, y que muestra al condenado junto a la guillotina, sería un fake, una mala falsificación con figuras pintadas como se demostró haciendo un examen de la trasposición con la original de abajo, y en segundo lugar, en ningún periódico o medio escrito de la época se menciona la presencia del tal doctor Beaurieux. Además sus anotaciones no concuerdan con las fotografías reales tomadas aquel día, no muestran la superficie horizontal sobre la que supuestamente caería la cabeza antes de entrar al cubo. De haberse llevado a cabo el experimento, el médico habría tenido que sacar la cabeza del cubo con las manos.

Con estos tres ejemplos –reales o no- en la mente, volvamos a la Puerta del Hal en Bruselas, a esa mañana de febrero de 1848. (Por favor tomen en cuenta que el experimento de Antoine Wiertz, que voy a relatarles, es anterior a los tres de los experimentos antes mencionados).

Según el biógrafo de Wiertz, el individuo al que iban a estudiar, era un criminal llamado François Rosseel, que -con un cómplice- irrumpió en el apartamento de la dueña de la casa donde vivía. Durante el robo también había matado a martillazos a las dos sirvientas de la casa solamente para robar unos pocos francos y unas botellas de vino. Este crimen horrorizó a toda Bélgica, y Wiertz, se interesó en la abundante y seguida cobertura que le dieron los periódicos al juicio.

Representación del asesinato de Rosseel en 1847

Ya en la ejecución, la cabeza de Rosseel rodó dentro de un costal. Wiertz ya se hallaba en trance hipnótico, y confirmó al hipnotizador que ya se encontraba dentro de aquel cerebro moribundo. La descripción que sigue es textualmente lo que el propio artista escribió y que luego le serviría para inspirarse en un tríptico que pintó graficando esta experiencia. Realmente ese era el motivo para someterse a algo tan traumático.
La descripción de lo que Wiertz describe bajo hipnosis es bastante densa y larga, la mayor parte en primera persona. Aquí está el texto un poco abreviado:

Monsieur D me tomó de la mano...me llevó ante la cabeza y me preguntó:' “¿Qué sientes? ¿Qué ves?” La agitación me impidió responderle ese momento. Solo luego de llorar horrorizado, pude responder: "¡Es terrible! ¡La cabeza piensa!... era como estar dentro de una pesadilla. La cabeza de este hombre, aún cercenada, sufría. Y vi lo que ella veía, comprendí lo que pensaba y sentí lo que sufría. ¿Qué tiempo duró? Tres minutos me dijeron, pero para ese hombre ejecutado fueron como 300 años." El lenguaje humano no puede expresar lo que sufre un hombre ejecutado de esta forma. Me limitaré a repetir aquí lo que contesté a las preguntas que me hicieron durante el tiempo que me sentí identificado, dentro de la cabeza cortada.
Primer minuto: Sobre la tarima
Un zumbido horrible...es el sonido de la cuchilla cayendo. La víctima cree que ha sido alcanzada por un rayo, no por la guillotina. Sorprendentemente, la cabeza la cabeza ya cayó y sin embargo, ella todavía cree que está arriba, todavía siente que es parte del cuerpo. Todavía espera ser golpeada por la cuchilla. ¡Una asfixia terrible! No puede respirar. La asfixia es horrible. Es como un manto sobrenatural aplastando con el peso de una montaña la cabeza y el cuello...Una nube de fuego pasa ante sus ojos. Es roja y brillante.
Segundo minuto: Debajo de la tarima
Ahora el hombre ejecutado cree que se está estirando, enderezando, como queriendo acercar sus -ya inexistentes- manos hacia la cabeza. Es el mismo instinto que nos impulsa a apretar una herida abierta con la mano. Y se produce la intención, la intención terrible de tomar la cabeza y colocarla en el cuello, sobre el tronco, como para preservar un poco de sangre, un poco de vida.
El delirio se acrecienta. Empieza a imaginar y a sentir que su cabeza está en llamas y que gira vertiginosamente, que el universo colapsa con él adentro, que un líquido fosforescente se arremolina a su alrededor y se funde con su cráneo...después de un rato, la cabeza se está hundiendo en las profundidades de la eternidad.
Fue entonces cuando empecé a ver una infinidad de imágenes, cada una más terrible que otra...la cabeza guillotinada ve su ataúd, ve su tronco y extremidades colapsadas, listo para ser metido en una caja de madera donde miles de gusanos no tardarán en devorarlo. Cuando los médicos exploran el tejido de su cuello con la punta de un bisturí, cada pinchazo es una bocanada de fuego.
El cerebro está exhausto..., siente que el cerebro continúa hundiéndose, siente punzadas agudas...
Tercer minuto: En la eternidad
Todavía no está muerto. La cabeza todavía sufre y piensa. Sufre en el fuego que arde, sufre la daga que lo desmembró, el veneno que le produjo contracciones, sufre en sus extremidades, como si sintiera a través de ellas, sufren sus vísceras porque son arrancadas, sufre en su carne que es atacada y pisoteada. Sufren sus huesos que están siendo cocinados a fuego lento. Todo este sufrimiento junto, todavía no puede dar una idea de lo que este hombre ejecutado está pasando. Y justo aquí le llega un pensamiento que le aterroriza: ¿Aún estando muerto deberá sufrir de esta forma a partir de hoy? ¿Será para toda la eternidad?...No, ese sufrimiento no puede durar para siempre, Dios es misericordioso. Todo lo que pertenece a la tierra se está desvaneciendo. Se ve a lo lejos una pequeña luz que brilla como un diamante. Ahora siente una calma que lo absorbe, es como un buen sueño! Siente desvanecer su existencia humana y de a poco siente que se funde con la noche. Ahora es sólo una tenue niebla, pero incluso ésta se desvanece, se disipa y desaparece. Todo se vuelve negro...el hombre ha muerto decapitado...
[Fuente: pags 633, 634]
Es difícil interpretar o manejar una "evidencia" tan extraña como la de Wiertz. De hecho, de ser cierta, personalmente no creo se trate de una evidencia sino sólo de una experiencia. Y si esta experiencia en verdad tuvo lugar, aún sigue siendo incierto cuánto de ella y con qué prolijidad fue transcrita. Y otra cosa, el artista si llegó a pintar su extraña obra de tres partes llamada: "Last Thoughts and Visions of a Decapitated Head", pero lo hizo cinco años más tarde, por lo que tuvo tiempo de sobra para pensar en los acontecimientos de 1848. Como sabemos, con el tiempo los recuerdos se distorsionan y hasta se magnifican, lo que los convierte en poco fiables.

"Last Thoughts and Visions of a Decapitated Head" by Antoine Wiertz

Las tres partes de "Last Thoughts and Visions of a Decapitated Head" sobreviven hasta ahora, pero en un estado muy deteriorado porque fueron pintadas en un estilo experimental que no se ha conservado bien con el paso de los años. Observando el tríptico de cerca y empezando por la izquierda, se puede apreciar claramente que corresponde a la descripción que hiciera Wiertz en el patíbulo de Bruselas. En el panel del centro puede verse la cabeza cortada de Rosseel en la esquina inferior derecha, y, en la tercera parte del tríptico sólo podemos imaginar al asesino en la eternidad.

A pesar de que las impresiones de Wiertz son tan vívidas y melodramáticas, lo más probable es que todo haya sido fruto de su morbosa imaginación. Por algo fue un pintor cuya obra escandalizó siempre a sus contemporáneos, y de hecho, hoy en día el Museo Wiertz, en Bruselas, donde fuera su antiguo estudio, es prácticamente desconocido.
Realizando un breve vistazo de sus obras podemos darnos cuenta que el artista siempre tuvo una aguda obsesión con la muerte.

"El suicidio" by Antoine Wiertz

"The Premature Burial" by Antoine Wiertz

Al final de cuentas, el bizarro experimento no le rindió los frutos que Wiertz esperaba porque el tríptico no se vendió, y ahora que lo pienso, ese debió haber sido el plan original y para eso todo ese montaje místico-estrafalario. Y aunque murió pobre y con el tiempo hasta fue olvidado como pintor, hay al menos una muy curiosa ironía hacia el final de su carrera. Algunos años antes de su muerte, mientras gozaba todavía de cierto prestigio, Antoine Wiertz le escribió al gobierno belga y les propuso intercambiar 220 de sus más grandes y llamativas pinturas por "un estudio grande, cómodo y bien iluminado", que fuese financiado por el Estado. Sorprendentemente, aunque el Ministro del Interior estuvo de acuerdo con la idea, el gobierno se negó porque Wiertz quería un local lujoso en el centro de la ciudad.
A cambio le ofrecieron al pintor un local en un barrio barato, triste y alejado, el cual aceptó a regañadientes y predijo de forma irónica que "el sitio algún día se podría convertir en el centro de una población inmensa y rica".
Pudo haber sido un pintor mediocre, un magufo mal asesorado, y hasta un fanático de las pseudociencias, pero Antoine Wiertz acertó en su profecía. Hoy en día, el escasamente visitado Museo Wiertz está a no más de 20 metros del centro político de Europa, junto a las relucientes torres del Parlamento Europeo.

Museo Wiertz

El Parlamento Europeo se encuentra orgullosamente en la calle Wiertz


Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8

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8 comentarios:

Manuel dijo...

La Historia de Wiertz no la conocía. La de Madame Corday hay varias versiones.

Realmente el golpe de la guillotina es tan rápido que puede dejar quizás al cerecbro intentando buscar respuestas. De por si hay una carga de adrenalina por parte del condenado porque sabe que morirá, por mas tranquilo que se encuentre. Esa carga de adrenalina, igualmente se pierde por el cuello cortado, pero puede producir movimientos espamódicos.

En algunos casos, los guillotinados quedan con los ojos enrojecidos como los ahorcados, justamente por el bombeo de sangre que la guillotina realiza, máxime si se produce durante la sístole cardíaca.

Muy bueno, como siempre.

Saludos

GABU dijo...

De principio a fin este postulo es de una tarea de investigación intensísima amigo!!!

P.D.:Tanto que me conmovió hasta casi las nauseas... :(

BESOS IMPRESIONADOS
Para mí este es uno de tus más fantásticos trabajos!!

Belén dijo...

Este post da para varios relatos, yo me lo guardo por si acaso...;)

Besicos

Lorenzo "el Retronauta" dijo...

Había oido o leido lo del experimento de parpadear para señalar que el condenado todavía tenía conciencia en algun lugar. Pero desde luego no tan profusamente como hoy. ¡Magnifica entrada!

Sergio dijo...

Carlos un gran trabajo de investigación, pero sinceramente creo que la muerte por guillotina es casi instantánea, el cerebro sin flujo de sangre pierde contacto inmediato con la realidad.

Me imagino que debe de sentir un intenso dolor al momento en que pasa la guillotina, quizá una explosión inmensa y ya.

Bueno Carlos es sólo mi creencia sin ningún fundamento.

Gracias por compartir.

Un abrazo

EL CHINO dijo...

Uau, como siempre, la realidad vence a la ficción. Poe y su señor Valdemar se quedaron cortos comparados con esto. Me pregunto, de aquí a doscientos años, pareceremos tan estrafalarios a nuestros descendientes como nuestros antecesores nos parecen a nosotros?

Saludos y felicitaciones por tan interesante entrada!

elix545 dijo...

Lamentablemente la inteligencia de quienes promueven los métodos de ejecución, es tan ínfima que tienden a ocultar todo lo que va en contra de sus ideales.

Jorge Martinez Rua dijo...

Interesante articulo, como apunte sólo comentar que el verdadero creador de la guillotina fue Antoine Louis, fuente:

historia de la guillotina

 
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