domingo, noviembre 21, 2010

"Bobby", el perro fiel de Edimburgo

John Gray fue un jardinero que llegó a Edimburgo, Escocia, junto a su mujer y su tierno hijo en 1850 en busca de mejores días. Lastimosamente, debido a los inclementes inviernos que en los últimos años había soportado esa ciudad, el suelo estaba prácticamente erosionado y era imposible trabajarlo. Para evitar quedarse en la desocupación, optó por unirse a la policía de Edimburgo en calidad de vigilante nocturno.

Una de las condiciones que se le imponían, era que para sus rondas nocturnas debía estar siempre acompañado por un perro guardián, por lo que se le asignó un joven Skye Terrier, al que lo bautizó con el nombre de "Bobby". Este perro se convertiría en su fiel compañero en las largas caminatas nocturnas por las frías calles de Edimburgo.

Representación artística de John Gray y su perro Bobby

Luego de ocho años de trabajo nocturno y a la intemperie, la salud de John terminó resquebrajada, contrajo tuberculosis y falleció el 15 de febrero de 1858.

Su perro Bobby se mantuvo junto al féretro durante toda la velación y ceremonia fúnebre, pero asombró a todo el mundo, cuando no quiso abandonar el cementerio de Greyfriars Kirkyard luego de que enterraran a su amo. Todos pensaron que sería cuestión de tiempo, pero el noble animal se negó a abandonar la tumba de su amigo, aún en las peores condiciones climáticas.

El encargado del cementerio intentó muchas veces desalojar a Bobby del camposanto, pero todos sus esfuerzos fueron infructuosos ya que el perro regresaba al poco tiempo a acostarse junto a la tumba de su amo. Al final el hombre se dio por vencido, y con un poco de compasión por el animal, le hizo un pequeño refugio con unas tablas junto la tumba de John Gray.

Castillo de Edimburgo

Pero la inteligencia y nobleza de Bobby no tenía límites. En aquel tiempo se disparaba una salva de cañón desde el Castillo de Edimburgo a las 13:00 horas en punto, para que los ciudadanos pudieran igualar sus relojes y saber que era hora de ir a almorzar. Pues Bobby en cuanto escuchaba el disparo del cañón, salía presuroso a buscar su comida en "Greyfriars Place", un antiguo restaurante que frecuentaba con su amo, y donde el dueño del mismo, siempre lo esperaba con su plato a la misma hora. Éste era un espectáculo que les gustaba contemplar a muchos ciudadanos de Edimburgo, ya que en cuanto el perro apuraba su comida, volvía presuroso al cementerio para acompañar a su amo.

Placa que muestra el sitio donde comía diariamente el noble perro

Habían pasado más de 10 años desde que Bobby empezó a cumplir con su fiel rutina, cuando en 1867, una nueva ley fue aprobada en Edimburgo. Ésta requería que todos los perros de la ciudad fuesen registrados y autorizados previo el pago de un impuesto, ya que en los últimos años hubo un alarmante aumento de perros callejeros, y se temían pestes y enfermedades. La ley especificaba que los perros no registrados o sin dueño, serían eliminados.

Después de la muerte de John Gray, Bobby no tenía dueño oficial y por lo tanto carecía de registro, pero eso no fue un problema para él, ya que al ser un animal tan querido en su ciudad, el mismísimo alcalde de Edimburgo, Sir William Chambers, decidió pagar su licencia indefinidamente y lo declaró como propiedad del Consejo de la Ciudad. Le hizo confeccionar un nuevo collar con su nombre y número de licencia.

Así se mantuvo Bobby, fiel a su amo durante 14 años, hasta el día que murió sobre la tumba de su viejo amigo, pero no pudo ser enterrado en el mismo sitio por ser considerado tierra santa.

Un año después de la última guardia de “Bobby”, una aristócrata de la ciudad hizo esculpir una fuente con su estatua, para conmemorar la vida de un perro devoto y la historia de una amistad que superó a la muerte.


La fuente con su estatua es ahora uno de los puntos más turísticos de Edimburgo

Los restos de Bobby están ahora enterrados a escasos metros de los de su amo, y el 13 de mayo de 1981, la Dog Aid Society de Escocia le agregó una pequeña lápida que reza:

"Greyfriars Bobby - died 14th January 1872 - aged 16 years - Let his loyalty and devotion be a lesson to us all". (Que su lealtad y devoción sean un ejemplo para todos nosotros)

El ejemplo de lealtad de “Bobby” fue documentado en su tiempo y tuvo muchos testigos, por lo que ahora forma parte del patrimonio histórico de Edimburgo. Su collar y su plato se preservan en la Casa Huntly, el museo dedicado a la historia de la ciudad. En su plato de bronce consta la siguiente inscripción: “Greyfriars Bobby, autorizado por el Alcalde, 1867”.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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14 comentarios:

Johan Daniel Estrella dijo...

Los "humanos" aún tenemos mucho que aprender de nuestros amigos "no-humanos".

Bella historia.

Lara dijo...

Yo siempre lo he dicho, los perros son mucho más fieles y nobles que las personas, pero mucho mucho más.
Besitos Carlos muuuuacks!!!!

David Quintana dijo...

Vaya historia. Que buena. Gracias por compartirla. que nobles son los animales.

Un saludo

Vir dijo...

Me ha puesto la piel de gallina esta bella historia, era un gran perro y seguro que su amo también era un gran hombre, un abrazo :-)

TORO SALVAJE dijo...

No hay humano que guarde por sus muertos tanto cariño.

Impresionante.

Saludos.

Yo dijo...

Ricardo Palma es uno de los escritores más conocidos en el Perú, principalmente por una serie de libros que escribió sobre la Lima colonial, reuniéndose bajo el título de Tradiciones Peruanas.

El post que publicas me hizo recordar una de las historias, que creo que merece ser leída:


http://es.wikisource.org/wiki/El_mejor_amigo..._un_perro


Pd. leo continuamente tu blog pero no suelo comentar :) timidez le dicen

Belén dijo...

¡Qué mono el perro! y lo que dice la estatua... grandes lecciones :)

Besicos

Belén dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gabiprog dijo...

Las personas no solemos ejercer tanta lealtad...

GABU dijo...

En un momento se me vino a la mente esa pelìcula que protagonizò RICHARD GERE,basada en un hecho real,en la que interpreta a un profesor de universidad que recoge a un perro vagabundo en una estación,el perrito iba todos los dias a acompañar al hombre a la terminal,hasta que un día el animalito presintiò algo y no queria que su amo se fuera,pero el hombre igual se fue y nunca mas volvio por un accidente,se dice que el perro estuvo 9 años yendo a la estación todos los dias a la misma hora para ir a buscar a su dueño,aunque este nunca regresò... :(

P.D.:La lealtad y el profundo sentimiento de nobleza que contienen los animales,es realmente asombroso y admirable!!

BESITOS CABALLERITO

esteban lob dijo...

Estupendo caso de lealtad de un animal, en contraste con la maldad de seres ¿humanos? expuesto en el post anterior.

miguel2900s dijo...

La verdad esto es un verdadero alto de lealtad, por mucho que se modernise el hombre nunca puede dejar estas historias de el alma me conmueven hacen saber lo mucho que una mascota puede llegar a querer a su amo. Pero ¿Hay un hombre que haga lo mismo por su mascota?

miguel2900s dijo...

La verdad esto es un verdadero alto de lealtad, por mucho que se modernise el hombre nunca puede dejar estas historias de el alma me conmueven hacen saber lo mucho que una mascota puede llegar a querer a su amo. Pero ¿Hay un hombre que haga lo mismo por su mascota?

miguel2900s dijo...

La verdad esto es un verdadero alto de lealtad, por mucho que se modernise el hombre nunca puede dejar estas historias de el alma me conmueven hacen saber lo mucho que una mascota puede llegar a querer a su amo. Pero ¿Hay un hombre que haga lo mismo por su mascota?

 
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