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viernes, septiembre 27, 2013

El Santo que fue asado al carbón

Confieso que me gustan las cosas terrenales, y nada es más terrenal que buscar un santo católico en un santoral. Creo que aquí lo único "divino" era esa curiosidad mal sana por saber sobre quien recaía la responsabilidad de proteger a la gente de mi gremio. Saber a quien encomendarme cuando entro a un sitio muy pequeño y caluroso, rodeado de agua hirviendo y aceite chisporroteando. Me intrigaba saber quien era el santo patrono de nosotros los cocineros, chef, lavaplatos y de todos los que, empíricamente o con estudios, hemos trabajado dentro de una cocina.

Empaticemos, todos los seres humanos tenemos problemas y es muy común llegar al límite y estallar. Si te pasa en la oficina rompes papeles, lanzas bolígrafos y no pasa a mayores. En una cocina, todos y cada uno de los miembros trabaja con los cuchillos mejor afilados de la ciudad, y si el jefe amaneció civilizado y bromista, puede demostrarte su cariño con un zanahoriazo en la oreja o un truchazo en la nuca. Nada grave, cosas de colegas. Pero hay que tenerlo claro, una oficina no es lo mismo que una cocina, y créanme, este es el peor lugar para trabajar cuando no puedes dejar los problemas en casa.


Chefs del Statler HIlton de L.A. preparándose para la Cena de Acción de gracias, 1955 (Fuente)

Bueno, a lo que iba. Encontré tres o cuatro santos a quienes se les atribuye tal labor, pero si tengo opciones para elegir, quiero uno que sea de confianza, que se haya quemado las manos, quiero que sea el mejor, pero más que nada, que haya sido un buen tipo, y por eso me llamó la atención la historia de San Lorenzo.

Al grano. Cuando en el año 257 d.C, Sixto II fue nombrado Papa, Lorenzo fue su hombre de confianza. Lo ordenó como diácono (sólo eran siete) y le encomendó la difícil tarea de custodiar los bienes de la Iglesia. Casualmente por esta labor es considerado también uno de los primeros catalogadores porque empezó a llevar el primer inventario escrito y detallado de las joyas y enseres de la Iglesia.


Papa Sixto II

Por esos días el Emperador Valeriano proclamó un edicto de persecución contra los cristianos, a quienes prohibió reunirse en sitios públicos para realizar sus cultos. Muchos sacerdotes y obispos fueron condenados a muerte, y los cristianos que pertenecían a la nobleza o al senado fueron despojados de sus bienes y enviados al exilio. En medio de este caos fue detenido el mismísimo Papa Sixto II mientras celebraba una misa cerca de un cementerio y fue decapitado in situ junto a otros cuatro diáconos que lo acompañaban en la celebración eucarística. Felizmente, Lorenzo había dejado de asistir a las misas debido a lo extenuante de su nueva labor.


Decapitación del Papa Sixto II y de cuatro de sus diáconos

La leyenda dice que presintiendo estos sucesos y poco antes de morir, el Papa entregó a Lorenzo los más valiosos tesoros y joyas que tenía la Iglesia en ese entonces, entre los que se encontraba el Santo Grial (la copa usada por Jesús y los Apóstoles en la Última Cena). Luego de la decapitación del Papa, Lorenzo logró esconder durante algún tiempo el tesoro, pero ante el inminente peligro decidió enviarlo a Huesca, donde vivían sus padres, adjuntando una carta y un inventario, donde fue escondido y olvidado durante siglos.


Lorenzo es llevado frente a las autoridades romanas

En la historia que aquí nos compete, el alcalde de Roma, que había escuchado algo sobre el tesoro de los cristianos, llamó a Lorenzo y le dijo: —Me han contado que ustedes, los cristianos, emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que para sus celebraciones tienen candelabros de oro muy valiosos. ¡Vaya, recoja todos esos tesoros y me los trae porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar!
Lorenzo, amedrentado, pidió al alcalde de Roma tres días de plazo para poder recolectar los tesoros. Durante esos días fue reuniendo y convocando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados y leprosos, a los que él solía ayudar con sus limosnas. Al tercer día los hizo formar en filas frente al ayuntamiento y al ver al alcalde, señaló a los mendigos y le dijo: —Estos son los tesoros que más cuidamos en nuestra iglesia. Te aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador.

Al ver semejante colección de miseria y enfermedad, el alcalde se disgustó enormemente. Lleno de rabia le dijo a Lorenzo: —Te has burlado de Roma y del Emperador, y vas a morir. Pero no creas que morirás en un instante, lo harás lentamente y soportando el mayor dolor de tu vida.

El pobre Lorenzo, por gracioso, fue quemado vivo en una hoguera. Más concretamente en una parrilla hecha exclusivamente para asarlo en las afueras Roma. Se dice que en medio del martirio, exclamó:—Assum est, inqüit, versa et manduca (Asado está, parece, dame la vuelta y come).
¿Se lo imaginan? Un hombre que sabe en que punto de cocción se encuentra su propio cuadril en la parrilla y se lo grita en la cara a su verdugo, no sólo merecía ser un santo, sino también un mártir, y de hecho así es considerado por el cristianismo, como un mártir.


Este es un fragmento de un cuadro titulado: El martirio de San Lorenzo. Se lo atribuían al gran Caravaggio pero resultó no ser de su autoría. Quien quiera que lo haya pintado, recreó muy bien la brutal tortura.

Cuenta, San Agustín, que el gran deseo que tenía el mártir de reunirse con Cristo, le hizo olvidar el dolor de la brutal tortura. Cuenta también, que los cristianos que presenciaron la parrillada vieron el rostro del mártir rodeado de un áurea que le daba un esplendor hermoso y tranquilo, y que además, sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Los paganos ni veían ni sentían nada de eso. Desde luego, eso lo cuenta San Agustín.


Esta es la representación que hizo Tiziano sobre Lorenzo. Su óleo permanece en Venecia



De esta obra no he podido identificar al autor, pero concuerda más con el relato de San Agustín.




Saliéndonos un poco del tema, hay una lluvia de meteoros -observables a simple vista- llamada Las Perseidas, pero son más conocidas como "Las Lágrimas de San Lorenzo" porque durante la Edad Media y el Renacimiento, las Perseidas fueron avistadas muchas veces durante las noches en que se recordaba su muerte, el 10 de agosto, día en el cual fue asado y martirizado. Con esos antecedentes, no fue difícil que la gente devota de la época, asociara las Perseidas con las lágrimas que Lorenzo vertió mientras estaba en la hoguera.



Las Perseidas no es la mayor lluvia de meteoros, pero sí la más popular y observada del Hemisferio Norte debido a que transcurre en agosto, mes de buen tiempo y vacacional por excelencia. Su período de actividad es largo y se extiende entre el 16 de julio y el 24 de agosto. Su punto máximo es el 11 de agosto.






Actualmente, los restos del santo se encuentran en la Basílica de San Lorenzo de Roma, y todos los años el día 10 de agosto el relicario con su cabeza quemada se expone en el Vaticano para ser venerada. También se dice que la iglesia conserva todavía la parrilla original. Por cierto, en la iconografía y en el arte religioso, San Lorenzo es representado siempre, llevando consigo la parrilla en la que lo asaron.






Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7


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domingo, junio 14, 2009

El tesoro de Pisco

Pisco es una ciudad costanera del Perú. Allí, hace más de un siglo, durante la Guerra del Pacífico que enfrentó a Bolivia, Chile y Perú entre 1879 y 1883, cuatro mercenarios que servían al ejército peruano: un español (Diego Álvarez), un inglés (Lucas Barret), un norteamericano (Brown) y un irlandés (Killorain), se enteraron que en una iglesia de esa ciudad, los sacerdotes jesuitas eran custodios de un gran tesoro.

Aprovechando la confusión creada por el conflicto, y valiéndose de la amistad que hicieron con un cura llamado 'Padre Mateo' convencieron a los custodios de que pusieran a salvo las riquezas del templo, trasladándolas al puerto del Callao o Lima, ciudades más seguras que Pisco.
De hecho Álvarez y sus tres amigos se ofrecieron como guardianes del tesoro hasta que éste llegase sano y salvo a su destino.

La Iglesia de Pisco, Perú

Los sacerdotes llegaron a la embarcación con 14 toneladas de oro y varios cofres de joyas. Una vez en alta mar, los mercenarios asesinaron a los frailes y a la tripulación del barco, apropiándose del tesoro y de la nave. Luego, tomaron rumbo a las Islas del Pacífico. Cuando llegaron al Archipiélago de Tuamotu - un grupo de atolones coralinos -, desembarcaron y enterraron la mayor parte del tesoro junto a la laguna de uno de los atolones.

Islas del Pacífico, Archipiélago de Tuamotu

Álvarez dibujó un mapa pero no sabía el nombre del atolón en el que habían dejado el tesoro, por lo que avanzaron a la siguiente isla -que se llamaba Katiu- y preguntaron a un nativo el nombre del atolón que quedaba en la dirección que venían. El nativo les respondió que venían de “Pinaki”, y luego de esa valiosa información, Álvarez disparó contra el nativo ya que no querían testigos ni que los aborígenes fueran a curiosear y encontrar su tesoro. Luego tomaron rumbo a Australia.


Llegaron a tierra firme con una pequeña parte del tesoro y derrocharon el dinero a manos llenas, obviamente pronto acabaron con su fortuna. Decidieron entonces, dirigirse al norte australiano a trabajar en una mina de oro. Allí pensaban reunir el dinero suficiente para adquirir una embarcación y volver en busca del resto de su botín; pero el español Álvarez y el inglés Barret fueron asesinados en un altercado con los nativos, mientras que el norteamericano Brown y el irlandés Killorain acabaron en la cárcel a causa de una riña en la que mataron a un hombre. Fueron condenados a 20 años de prisión. Brown murió cumpliendo su pena y sólo el irlandés se mantuvo con vida. Killorain salió viejo y enfermo de prisión y se convirtió en vagabundo.

En mayo de 1912, Charles Howe se encontraba en su casa cerca de Sidney. Era una noche de lluvia y alguien tocó a su puerta. Al abrir vio que era un vagabundo pidiendo algo que comer.“Fue el hombre con el aspecto más triste y desgarrador que jamás había visto en mi vida” diría después Howe. Alimentó al hombre, le dejó secar sus ropas y fue amable con él. Poco después el vagabundo se marchó.

Cuatro meses más tarde Howe fue llamado al Hospital de Sidney. El viejo vagabundo de aquella noche quería hablar con él. Le dijo que su nombre era Killorain, le contó que hace mucho tiempo junto a tres marinos habían enterrado un gran tesoro, que había pasado la mayor parte de su vida en prisión, y que nunca pudieron recuperarlo. Le entregó el mapa que hizo Álvarez y le contó toda la historia del robo de Pisco. Al poco tiempo murió.

Howe vendió todo lo que tenía y zarpó para Tahití. Desde allí pasó inadvertido por los islotes hasta llegar al atolón Pinaki donde se quedó a vivir en febrero de 1913.

Atolón Pinaki

Después de 13 años de infructuosa búsqueda se dio cuenta de que se había equivocado de isla. Por fin, cerca del atolón de "Raraka", localizó el tesoro. Extrajo una buena parte del botín y volvió a enterrarlo con la intención de regresar por el resto más adelante.

En 1932 Charles Howe regresó a Australia, y poco antes de emprender la nueva expedición que le iba a convertir en un hombre rico, desapareció de la faz de la tierra. Nunca más se volvió a saber de él.

Atolón de Raraka, donde Howe localizó el tesoro

Dos años después, otro aventurero que había conseguido apropiarse de los apuntes de Howe, incluido un plano que permitía localizar el tesoro, preparó otra expedición al atolón. Su nombre era George Hamilton y era un experto buceador. Ya en la isla, comenzó las perforaciones en la laguna, en el lugar en donde dedujo estaría el tesoro, pero conforme ahondaba en el fondo de la laguna, las corrientes del lago volvían a cubrir de arena la fosa. Las condiciones de trabajo se hicieron muy difíciles. Al final, Hamilton abandonó la búsqueda.

Hace poco, en 1994 el recuerdo del tesoro seguía vivo. Un descendiente de Hamilton examinó la vieja documentación y dispuso una nueva visita a la isla del tesoro, que también fracasó. Y ese no fue el último intento. Discovery Channel patrocinó una nueva expedición a la isla. La expedición fue suspendida antes de partir.


Búsqueda del tesoro en 1994

Se supone que el tesoro seguiría aún bajo las arenas de aquel perdido atolón polinesio. Quizá su destino no sea acabar en las manos de algún aventurero. Puede que quede enterrado para siempre. Parecería que esta historia está marcada por alguna maldición, o como bien dicen por ahí, que los bienes mal habidos, el diablo se los lleva…

Fuentes:
Treasurestories.com
Oceantreasures.org
Desdelaterraza

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martes, octubre 28, 2008

La Isla del Tesoro

Como voces mudas, sin gritarlo a los cuatros vientos, algunas piezas u objetos encierran parte de la historia de su dueño, hasta secretos.

Ustedes pensarán: - ¿Y ahora la Evan de qué está hablando?
No se impacienten que ya les cuento...

El famoso pirata inglés William Kidd fue ahorcado en Londres el 23 de mayo de 1701. Su leyenda se fue incrementando tras su muerte, porque él sin imaginarlo construyó el estereotipo del pirata dueño de un tesoro oculto.
En un intento desesperado por salvarse de la pena de muerte, le escribe al portavoz del parlamento inglés, al que le revelaría la ubicación geográfica de una parte de sus riquezas que había recogido en sus viajes por Las Indias, las que tenían un valor estimado en cien mil libras, a cambio de su vida.
No aceptaron su oferta porque pensaron que solo se trataba de una treta del pirata para librarse de la horca y fue ejecutado.

Pero no es él quien me mueve a escribir hoy, sino “el hallazgo” que más de doscientos años más tarde parece descubrir que aquello no se trató de una treta.

Hubert Palmer, un abogado jubilado que vivía en Eastbourne, Inglaterra, adquirió en1929 un escritorio de roble en el que rezaba la siguiente inscripción: “Captain William Kidd. Adventure Galley, 1699”.
Dicho arcón perteneció al pirata inglés que me estaba refiriendo.


Palmer en su afán de investigar, buscando compartimentos secretos dentro del mismo escritorio, rompió sin querer el tapete del tablero plegable y se encontró con un tubo muy pequeño de papel pergamino enrollado.
Se trataba de un mapa dibujado a mano, en el cual aparecía una isla sin nombre rodeada por el mar de la China, con fecha 1699 y las iniciales “WK”.
No conforme con su hallazgo, siguió buscando durante cinco años más vestigios del pirata para obtener datos más claros, pero solo halló otros tres mapas que pertenecían al mismo lugar con la variación de algunos detalles.
A la muerte de Palmer los documentos fueron enviados al Museo Británico, donde se constató que se trataba de cuatro manuscritos auténticos pertenecientes al siglo XVII, época en que vivió Kidd.


Todo este hallazgo generó un gran interés por localizar el tesoro y la isla que figuraba en los bocetos, pero todo fue en vano.

Fueron explorados distintos sitios:
- La enigmática Isla de Oak en Nueva Escocia (Canadá), en la cual siguen haciéndose excavaciones, pero solo han encontrado diferentes plataformas y túneles, sin dar aún con el tesoro.
- También la Isla Clipperton o Isla de la Pasión, que es un atolón coralino deshabitado que se encuentra en posesión francesa en el Océano Pacífico norte.
- Y la Isla volcánica Yokoatejima, que está situada en un archipiélago perteneciente a las Islas Tokara en Japón.


Los investigadores modernos creen que el corsario Kidd describió erróneamente la ubicación en el mapa para despistar a los buscadores, pero aseguran que el tesoro existe.

Lo cierto es que hasta la fecha no han hallado ningún botín, esto solo ha servido para incrementar el mito sobre la figura del pirata más famoso del mundo que inspiró tanto a Edgar Allan Poe (The Gold Bug), como a Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro), a Washington Irving (The Devil and Tom Walker) entre otros, a escribir y fantasear sobre el tema.

El tesoro sigue sin aparecer, pero según mi criterio y el valor que yo le doy a las cosas, creo que con solo haber encontrado esos documentos y constatado que fueron hechos por una persona tan controvertida y conocida en el siglo XVII, ya significa haber encontrado un tesoro.

Off Topic: Queridos lectores, estamos participando en el concurso 20 Blogs en la categoría de Mejor Blog Latinoamericano.
Lastimosamente solo pueden votar quienes tengan blogs participando en alguna de las veinte categorías que hay.
Así que ya saben! especialmente nuestros lectores españoles ;)

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viernes, septiembre 26, 2008

El tesoro de "La Mercedes"


En las puertas del siglo XXI la historia vuelve a cruzarse con nuestros días. Allá por 1802 la fragata española “La Mercedes” zarpaba hacia América desde el puerto “El Ferrol” (España) con el propósito de buscar tesoros  para la corona.

Europa estaba en conflicto y Napoleón preparaba su ejército en Boulogne con la idea de invadir Inglaterra. A Inglaterra le preocupaba la alianza de Bonaparte con España y temía que éste utilizara el oro y la plata provenientes de América para financiar su ejército. Así las cosas, en 1804, bajo el mando del Almirante Graham Moore, los ingleses emboscaron a los navíos españoles que regresaban con su cargamento de metal en la costa portuguesa del Algarbe. Esa fue la famosa “Batalla del Cabo de Santa María”.

Los británicos mejor preparados lograron hundir fácilmente a la nave española “La Mercedes”. Las otras tres fragatas (Medea, Fama y Santa Clara) que la acompañaban tampoco pudieron escapar y se rindieron ante el Almirante Moore, quien ordenó las llevasen al puerto de Gosport (Inglaterra). Cabe recalcar que estas tres embarcaciones estaban cargadas con un botín tan fastuoso, que ni los mismos ingleses se lo hubieran soñado.

Dos siglos más tarde, en mayo de 2007 un tesoro fue descubierto por Odyssey Marine Exploration, empresa dedicada a la búsqueda y recuperación de naufragios alrededor del mundo. Denominaron “Cisne negro” a la nave encontrada en el lecho marino pero los españoles aseguran que se trata de “La Mercedes”, y claro, ahí comienza el conflicto.

“Es el tesoro más valioso encontrado en el fondo del mar, 500.000 monedas de plata (alrededor de 17 toneladas), cuyo valor algunos estiman en 500 millones de dólares”.

Con el paso del tiempo fueron apareciendo los "dueños" de la fortuna:

- El estado español asegura que el barco y todo lo que llevaba a bordo le pertenece.

- El estado peruano sostiene que las monedas se hicieron con el oro y la plata que salieron de sus minas, por lo que ya reclamó ante el tribunal de Tampa con el aval del gobierno de Alan García.

- Odyssey Marine Exploration, quienes encontraron los restos del barco frente a la costa de Cádiz se sienten con derecho a la fortuna.

- Los descendientes de los mercaderes españoles, dueños de las dos terceras partes del tesoro, a quienes según documentos en poder del Archivo General de Indias, esa fortuna de oro y plata también pertenecería, y por supuesto, tienen "derecho a reclamo".

- Completan la lista de herederos cientos de argentinos que también tendrían derecho a reclamar parte del tesoro por ser bisnietos y tataranietos de varios hombres que engrosaron las filas de marinos de “La Mercedes” y ayudaron a movilizar el botín. Ahora todo esto dependería de la decisión de un juzgado de Tampa (Florida), ya que si el juez Pizzo determina que el tesoro pertenece a “La Mercedes”, los descendientes tendrían derecho a reclamar ante los tribunales españoles.

Debe ser alucinante descubrir de la noche a la mañana que podés participar de un botín rescatado del fondo del mar que perteneció a tus ancestros hace doscientos años. Nunca ha pasado algo así en la historia pero todo vale y los herederos quieren hacer valer sus derechos.

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