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martes, marzo 13, 2012

El rescate pagado más caro de la historia

Ubiquémonos en el Mar Egeo en el año 78 antes de nuestra era. El desenlace de esta anécdota bien pudo influir en el curso de la historia que conocemos y de sus civilizaciones. En aquel año, cierto joven aristócrata romano fue expulsado de Italia por el dictador Lucio Sila, por haberse aliado a las huestes de su más enconado rival. Mientras duraba su destierro, este ambicioso joven había decidido perfeccionarse en el arte de la Oratoria y la Elocuencia, en la academia del afamado profesor Apolonio Molo. Por esta razón navegaba hacia la Isla de Rodas.

Mientras el buque costeaba la isla de Farmacusa, a la altura de las rocosas riberas de Caria, se percataron de que algunas embarcaciones de forma alargada y baja (evidentemente piratas turcos) se aproximaban hacia ellos. Los extraños se acercaban a gran velocidad y para colmo, el barco romano era lento y la brisa no ayudaba. No tenían más remedio que resignarse y así lo hicieron, la nave romana esperó pacientemente el abordaje de las canoas piratas y al poco tiempo, su cubierta estaba ya tomada por aquellos bárbaros de piel tostada por el sol.

Piratas listos para el abordaje

El jefe de los piratas lanzó una mirada circular sobre los asustados pasajeros e inmediatamente llamó su atención un joven aristócrata, vestido elegantemente según la última moda de Roma, y que sentado en medio de sus sirvientes y esclavos, se entregaba tranquilamente a la lectura. Avanzando hacia él, el pirata le preguntó quién era, pero el altivo muchacho, lanzándole una mirada desdeñosa, continuó leyendo. El pirata, enfurecido, se dirigió entonces a uno de los compañeros del noble romano, el cual le reveló el nombre de su prisionero: era Cayo Julio César.


Se planteó la cuestión del rescate. El pirata deseaba saber la suma que Julio César aceptaba pagar por recobrar su propia libertad y la de sus criados. Como el romano no se dignó siquiera en contestar, el capitán se volvió hacia su ayudante pidiéndole su opinión acerca del valor por el que tasaba al grupo. Este "experto", después de examinarlos detenidamente uno por uno, estimó que diez talentos serían una suma razonable.
El capitán pirata, irritado por el aire de superioridad del joven aristócrata, le cortó la palabra, diciendo:
- Pues bien, voy a doblarla. Veinte talentos: éste es mi precio.
Esta vez, César abrió la boca. Frunciendo el ceño, declaró:
- ¿Veinte? Si conocieses bien tu oficio, te darías cuenta de que valgo cuando menos cincuenta.
El pirata se sorprendió. Nunca había tenido un prisionero que se creía lo bastante importante para pagar de buen grado un rescate tan cuantioso. Era una cantidad enorme. La razón de su arrogancia seguramente se debía al hecho de que estaba emparentado con algunos de los hombres más influyentes de su época, y su suegro era de uno de los más grandes políticos y militares.

Aclaremos. El talento era una medida monetaria que equivalía aproximadamente a 26 Kg (de oro en este caso), calculen por 50 talentos, nos da una cifra aproximada a 1300 Kg del precioso metal. La cotización actual del lingote de un kilo alcanza los $ 240.000 dólares en el mercado. Eso nos da la referencia de que un talento de oro al cambio actual, superaría los seis millones de dólares. Imagínesen eso multiplicado por 50. Era una cifra realmente obscena.
Para que tengan una mejor idea de la cantidad, recordemos que Roma "El Imperio", exigió a Cartago (otro imperio) como indemnización por daños de guerra apenas diez mil talentos.

Sitio aproximado donde los piratas los abordaron, actualmente es el sudeste de Turquía

Siguiendo con el relato, el pirata le tomó la palabra a Julio Cesar, luego lo hizo arrojar a una de las embarcaciones junto con los demás cautivos, y los llevaron a una de sus guaridas rocosas hasta esperar el regreso de los emisarios y negociadores que ambos enviaron a Roma para reunir el rescate.

César y sus compañeros fueron alojados en algunas chozas de una aldea ocupada por los piratas. El joven romano pasaba el tiempo entregándose cada día a ejercicios físicos: corría, saltaba, lanzaba piedras gruesas, compitiendo a menudo con sus raptores. En sus horas menos activas, escribía poemas o bien componía discursos. Caída la noche, se reunía frecuentemente con los piratas en torno al fuego, ensayando con ellos el efecto de sus versos o de su elocuencia. Los piratas, según lo relata el historiador Plutarco, tenían una opinión muy desfavorable sobre los modales de su secuestrado y se la manifestaban sin ninguna delicadeza. Debía ser una vida extraña para el joven, que también era descrito por el dictador Lucio Sila, como "un muchacho con faldas". Por aquel entonces César tenía apenas 22 años.

Las famosas tertulias nocturnas donde los piratas se burlaban de César y su ambigüedad sexual

Como un auténtico romano, no solamente despreciaba a sus captores por sus modales groseros y su falta de educación, sino que también les reprochaba sus defectos. De hecho, tuvo un inmenso placer al describirles lo que les sucedería si alguna vez la pandilla cayese entre sus manos, prometiéndoles que sería magnánimo con ellos y solamente les haría crucificar a todos. Los piratas obviamente se reían de buena gana al escuchar sus amenazas, y se burlaban por su manera de actuar y comportarse tan poco varonil, casi afeminado; de hecho lo miraban con una especie de respetuosa condescendencia. Cierta noche en que los piratas se quedaron hasta altas horas emborrachándose en torno al fuego y haciendo más bulla que la habitual, el exigente prisionero mandó a uno de sus criados a notificar al capitán su deseo de que hiciera callar a quienes estorbaban su reposo. Su demanda fue respetada: el jefe ordenó a su tripulación que cesara el alboroto.

Por fin, al cabo de treinta y ocho días, regresaron los negociadores con la noticia de que el rescate de cincuenta talentos acababa de ser depositado en manos del legado Valerio Torcuato, y César con sus compañeros fueron embarcados a bordo de un buque y enviados a Mileto. Reunir una suma tan considerable había tomado un tiempo más largo de lo que se creía, pues el Emperador Sila, después de haber desterrado a César, había confiscado todos sus bienes y también los de su esposa Cornelia. De haberlo sabido antes, seguro se hubiera dado un poco menos de importancia.

Al llegar a Mileto el rescate fue entregado a los piratas, y por su parte César pisó tierra deseoso de ejecutar en el acto su venganza. Pidió prestado a Valerio cuatro galeras de guerra y quinientos soldados, y casi tras ellos se puso en marcha hacia Farmacusa. Al llegar allí encontró, tal como había esperado, a toda la pandilla embriagada celebrando el pago del rescate.

Piratas festejando

Fueron sorprendidos indefensos y no opusieron resistencia. Casi todos se entregaron, salvo unos pocos que lograron huir. César ahora tenía cerca de trescientos cincuenta prisioneros y la satisfacción de recuperar sus cincuenta talentos. Después de embarcar a los delincuentes en las galeras, hizo hundir todos los navíos piratas; luego alzó velas y se dirigió hacia Pérgamo. Recuerden que no podía volver a Roma.

En Pérgamo hizo encerrar a sus prisioneros en una fortaleza y se fue a hablar con el pretor (gobernador) Marco Junio. Le contó someramente lo que le había sucedido y le pidió una carta con su autorización para ejecutar a los piratas o por lo menos a sus jefes. Al pretor Marco Junio no le gustaba a actitud de aquel joven autoritario que quería hacer justicia con su propia mano. Había, además, otras consideraciones. El sistema según el cual los mercaderes pagaban tributo a los piratas a cambio de su inmunidad, era prácticamente sagrado. Era una vieja costumbre que después de todo no funcionaba tan mal. Si el pretor accedía a los deseos de César, los sucesores de los piratas, extranjeros siempre, se volverían más bárbaros de lo que habían sido con él.

Junio además, era un pretor astuto y corrupto. Enseguida se dio cuenta de que aquella pandilla de piratas era rica y sabía que podía sacar una tajada de ellos, a manera de gratitud, si éste ejerciese un decreto de clemencia devolviéndoles la libertad. Le dijo a César que el mismo se ocuparía del asunto y que pronto le informaría de su decisión. César que no era ningún tonto, lo comprendió y se le adelantó.

Se despidió del gobernador y fue enseguida a donde los tenía encerrados. Por autoridad propia (es probable que la nueva situación en Roma fuera ignorada en las provincias), hizo ejecutar en la prisión a los piratas, eligiendo a treinta de los cabecillas para la crucifixión que les había prometido. Cuando los escogidos aparecieron ante él cargados de cadenas, César les recordó su promesa, pero añadió que queriendo mostrarse agradecido por las bondades que tuvieron para con él, iba a concederles un supremo favor: antes de ser crucificados, serían degollados.


Arreglado el asunto, César prosiguió su viaje –interrumpido por este percance- y entró, tal como lo había deseado, a la excelente escuela de arte oratorio de Apolonio Molo. Sobra decir que a partir de entonces, nadie volvió a poner en duda su palabra.

Así fue forjando su carácter y liderazgo, hasta que tres décadas más tarde, César y su ejército entrarían victoriosos en Roma donde se auto proclamó Emperador Vitalicio, pero esa es ya otra historia que algún momento les contaré.

Fuentes y referencias:
Historia de la Piratería, Gosse Philip
En la web: 1, 2, 3, 4, 5

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jueves, diciembre 22, 2011

La fiesta que celebraba la "igualdad" entre los hombres

La leyenda romana decía que el dios Saturno (Cronos para los griegos), había sido expulsado del cielo por Júpiter, desde donde llegó a Italia; y que durante el reinado de esta divinidad de la agricultura, los itálicos habrían vivido una edad de oro, sin guerras ni malas cosechas, donde no se conocía la propiedad privada ni tampoco la esclavitud. Era básicamente la fiesta que recordaba la igualdad de los hombres.

En su honor se celebraba la Saturnalia, en cuyos festejos se suspendía el poder de los amos sobre sus esclavos, y éstos tenían derecho a hablar y actuar con total libertad. No se respiraba más que placer y alegría: los tribunales y las escuelas cerraban, no estaba permitida la guerra ni la ejecución de criminales, ni ejercer otro arte que no sea el de la cocina.

Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Todos los habitantes de la ciudad dejaban de trabajar: la población acudía en masa al monte Aventino para disfrutar del aire campestre. Era un banquete público que daba paso a la más absoluta permisividad y libertinaje. Se permitían todo tipo de juegos de azar, apuestas y era habitual regalarse saquitos de nueces, velas o pequeños muñecos de arcilla.

Fiestas Saturnales

Sin embargo, la expresión popular que más sorprende de estas fiestas era el intercambio de papeles que existía entre los esclavos y sus amos. Era habitual que los señores de la casa sirvieran en la mesa a los súbditos, que además tenían licencia de emborracharse e, incluso, de injuriar a sus amos como si de siervos se tratase. Asimismo, todos los esclavos recibían de sus propietarios una generosa paga extra en forma de moneda o vino. Lo que antes estaba prohibido se permitía entonces. En definitiva, era un tiempo para la libertad de expresión, tanto así que el poeta Horacio la llamaba "libertad decembrina" en sus sátiras.


La toga, prenda característica de los romanos, era dejada de lado para usar prendas coloridas. Tamién se acostumbraba a usar el píleo, que era un sombrero cónico distintivo habitual de los libertos. Los esclavos, que normalmente no tenían derecho a llevarlo, también podían usarlo durante esos días, de esa manera "todos eran iguales" durante las fiestas. Se cuenta, que hasta el tacaño Catón el Viejo concedía a sus esclavos una ración extra de 3,5 litros de vino. De hecho, en el calendario de Polemio Silvio del año 48 de nuestra era, se la llama La fiesta de los esclavos y es marcada como la actividad más destacada. Sin embargo, todo el mundo sabía que eso de la igualdad de la jerarquía social era temporal porque la fiesta terminaría.

El píleo, sombrero que usaban los esclavos libertos

En sus inicios esta fiesta se celebraba sólo el 17 de diciembre hasta que llegó la dictadura de Julio César en el año 49 antes dC, quien ordenó prolongar el feriado hasta el día 19. Su sucesor, Octavio Augusto, primer emperador der Roma, añadió un día más. Lo mismo hizo Calígula unos años después y Domiciano cerró la ampliación del asueto festivo hasta el 23 de diciembre.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4

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miércoles, noviembre 23, 2011

Auge y caída de los Imperios ¿Cuál es el proximo?

Si hablamos de Imperios caídos, el primero que se nos viene a la mente es el Imperio Romano, y luego también recordamos a los persas y a los griegos como compañeros de infortunio. Los más nostálgicos se acordarán de Marco Polo, mientras que a quienes vivímos en ciertos lugares del planeta, se nos hace imposible olvidarnos de Hitler o de Stalin.

En la actualidad el único país al que todo el mundo considera un Imperio es los Estados Unidos de Norteamérica, y la mayoría de gente, inexplicablemente, vive esperando su caída. Me refiero al mundo árabe, a los musulmanes, a los comunistas, algunos socialistas y por supuesto, a todo ese Combo bailable revolucionario latinoamericano. Y bueno, tampoco es que los gringos hayan hecho méritos por agradar a nadie, más bien siempre la embarran. Pero apartándonos del tema, esto de predecir derrumbes de imperios, sociedades y hasta etnias, que de paso está muy feo, es algo casi inevitable; y tampoco es que sea de ahora porque desde que existe el hombre como tal, existe también el concepto de amigo y de enemigo.

Grandes Imperios (del caricaturista español Luis Pastor)

En fin, es un tema interesantísimo, pero lo que hoy yo les quería mostrar es una verdadera obra de arte compuesta de cinco lienzos, cuyo tema justamente es ese, La Caída del Imperio. Su autor es Thomas Cole, quien de paso fue un estadounidense que se volvió famoso por sus lienzos de tono alegórico y romántico. Es recordado más que por su obra, por ser el autor de esa serie de cinco cuadros titulada El Ciclo del Imperio, terminados en 1836.

Este grupo de cuadros es bastante curioso y ha sido motivo de varios estudios porque traza la historia de un país, de un estado imaginario, en clara alusión al ascenso y la caída de la antigua Roma, pero haciéndoles un guiño de advertencia al Imperio Británico de su época y a los, en aquel entonces, recientes Estados Unidos de América, que se encontraban bajo las ideas expansionistas del presidente Andrew Jackson. Los conservadores como Cole, se encontraban horrorizados ante las rápidas transformaciones causadas por la industrialización, la expansión territorial y el súbito crecimiento de las ciudades.

En su famosa obra podemos ver un pico de montaña como telón de fondo antes de que el desfile histórico se despliegue. Su secuencia gráfica representa la apertura de un primitivo estado salvaje en el que la sociedad evoluciona hasta convertirse en un imperio que sucumbe ante la decadencia y la corrupción. Veamos:

Estado salvaje
El primer cuadro corresponde al estado salvaje, puede verse una selva exuberante poblada por un puñado de cazadores-recolectores que luchan por lograr una existencia primitiva bajo las inclemencias del tiempo.

La Arcadia o aldea pastoral
En el segundo cuadro, un idílico paisaje que refleja una arcadia o aldea pastoral, donde podemos notar ya el triunfo del hombre sobre la salvaje vegetación. Los habitantes han limpiado el terreno, han cortado los árboles, han sembrado campos y construyen un elegante templo griego.

El Imperio consumado
El tercer y más grande lienzo es la consumación del Imperio. Ahora, el paisaje está cubierto por magníficas construcciones de mármol y los felices agricultores y filósofos del cuadro anterior, han sido sustituidos por una multitud de personas entre los que se distinguen autoridades, gente vestida con opulencia, comerciantes y ciudadanos consumidores. Metafóricamente, es el mediodía en el ciclo de vida del Imperio.

Destrucción del Imperio
Luego viene la destrucción. La ciudad está en llamas y la población huye de una horda invasora que arrasa con violaciones y pillajes debajo de un cielo de atardecer melancólico.

Desolación
Finalmente la luna se eleva sobre el quinto cuadro. Es la desolación. No hay un alma viviente a la vista, sólo algunas columnas en descomposición y escalinatas cubiertas por maleza y hiedras.

Concebida a mediados de la década de 1830, la obra de Cole tiene un mensaje claro: todos los imperios, no importa cuán magníficos sean ni cuán alto lleguen, están condenados a su otoño y decadencia. La humanidad ha completado el proceso un sinnúmero de veces como con los Mayas, Egipcios, el Imperio Persa o el Romano. El último que podríamos decir que cumplió su ciclo vital y duró relativamente poco tiempo (como imperio político) fue la desaparecida Unión Soviética.

¿Seremos testigos de la caída de otro imperio? Espero que no. En la antigüedad si un imperio caía, afectaba solamente a su círculo próximo, a sus aliados o enemigos y casi no tenía eco en otro continente. El mundo ha cambiado mucho en los últimos 30 años. Cuando cayó la URSS el mapa geopolítico cambió. Europa logró estabilizarse de a poco, a pesar de variables sociales y económicas impredecibles -desconocidas hasta entonces-, efecto de la fragmentación de un imperio. Ahora, con el comercio y las finanzas globalizadas, la humanidad no puede volver a darse ese lujo.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4

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miércoles, septiembre 28, 2011

Cuando ser rubia era considerado inmoral

En la década de los años 50 y 60 Marilyn Monroe puso de moda a las mujeres rubias. Esta moda también fue refrendada por el eslogan de la empresa de tintes Clairol que popularizó su lema: "Las rubias se divierten más". En los 70 siguieron estando de moda, tanto que el cantante más vendido y famoso de la década, Rod Stewart, tituló uno de sus álbumes Blondes Have More Fun. En las siguientes décadas fue igual, y más que moda, en la actualidad es una tendencia que se mantiene. Muchas mujeres siguen tinturándose el cabello y todos somos felices. Pero no siempre las rubias lo tuvieron así de fácil.

Marilyn Monroe

En la antigua Roma como ustedes saben, se asentaron las pilares para los códigos y leyes de convivencia que rigen en la mayoría de estados en la actualidad. El Derecho romano regulaba todas las actividades, y una de estas era la prostitución. Las mujeres que la ejercían debían estar obligatoriamente registradas ante las autoridades.
También eran obligadas a teñirse el pelo de rubio -o a usar una peluca- para diferenciarse de las honorables brunettes romanas. Además, como el cabello rubio era predominante en los bárbaros del norte, y las esclavas de esa raza generalmente terminaban trabajando en los burdeles, para las autoridades era una cuestión de lógica.

La tendencia a tinturarse el cabello que se acostumbraba en la cultura griega, fue pasando de a poco a Roma y se popularizó cuando sus tropas conquistaron Galia y regresaron con bellas esclavas rubias. Fue así que de a poco las mujeres locales –especialmente las romanas adineradas- comenzaron imitar el look de las prostitutas y a teñirse el cabello de rubio.
Cuando Mesalina, esposa del Emperador Claudio alrededor del año 45 dC, fue acusada de dormir fuera del palacio y pasar la noche en un burdel barato, el genial y satírico poeta Juvenal escribió: "Escondió su negra cabellera por debajo de una peluca rubia y entró en un húmedo lupanar de colchas viejas".

Los primeros padres cristianismo también condenaron la vanidad femenina y la inmoralidad implícita del cabello rubio:
-"Veo que ahora las mujeres se tiñen el pelo de rubio con azafrán. Se sienten avergonzadas de su país, lamento que no hubieran nacido en Alemania o en la Galia!". Eso era lo que escribía Tertuliano alrededor del año 200 dC. Y acerca de las pelucas opinaba:

"Deberían avergonzarse...ponen en su sagrada y cristiana cabeza cabellos muertos y abandonados de gente desconocida que fue tal vez fue impura, tal vez culpable y destinada al infierno..."


Adan y Eva, Lucas Kronach 1538

Hasta bien entrado el Renacimiento, el cabello rubio seguía asociándose con las mujeres seductoras, y tanto era así, que en casi todas las representaciones artísticas del Jardín del Edén, Eva era pintada con el cabello rubio, mientras que el de la Virgen María solía ser oscuro.

Lienzo de Rafael (1483-1520) Adan y Eva

Y bueno, si. Parece ser que en verdad se divertían más.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4

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sábado, septiembre 26, 2009

L'enfant terrible

Dentro de la historia de la humanidad hemos encontrado personajes que sin duda han llamado nuestra atención por sus extravagancias o por su curioso estilo de vida. Bueno, yo siempre digo que nunca debemos perder la capacidad de asombro, pero la verdad es que a veces resulta muy difícil.
Hoy les quiero presentar a un emperador romano que supera todos los niveles de excentricidad que conozco. Calígula y Nerón parecen inocentes corderitos a su lado. Les hablo de Vario Avito Basiano (año 205 a 222 d.C.), quien fue coronado a los 14 años con el nombre de Marco Aurelio Antonino, aunque fue más conocido como Heliogábalo.


Heliogábalo

Desde que fue investido como Emperador en Roma no dejó de asombrar a sus súbditos. En su primer día como autoridad, entró en la ciudad montado en un lujoso carruaje tirado por mujeres desnudas, aunque luego, ya en otras ocasiones, sólo utilizaba perros o esclavos para el mismo fin. Y aunque también se casó cinco veces con mujeres, siempre fue notoria su ambigüedad sexual. Solía vestirse con atuendos femeninos y simulaba que se casaba con sus gladiadores preferidos.

Según varios relatos - la mayoría de los cuales nos han llegado gracias a que él mismo dispuso que un cronista tomara nota para la posteridad los detalles de sus andanzas-, sus banquetes no solo eran monumentales, sino que cada uno que ofrecía, era más extravagante que otro.
A uno de ellos por ejemplo invitó a ocho jorobados, ocho cojos, ocho gordos, ocho esqueléticos, ocho sordos, ocho negros y ocho albinos. Ya cuando tuvo a sus comensales juntos, se divirtió cruelmente gastándoles bromas de gusto bastante bizarro. Por ejemplo a la hora del postre, después de embriagarlos a placer, ordenó cerrar todas las salidas del comedor e hizo soltar una manada de fieras salvajes, a las que previamente había hecho arrancar dientes y garras. Claro que ese detalle lo desconocían sus aterrados invitados y comensales.

Se cuenta que en cierta ocasión concibió la idea aparentemente placentera, de derramar pétalos de rosas sobre los invitados en una de sus cenas, pero parece que se le fue la mano en la cantidad y que se asfixiaron algunos de los comensales. Aunque esta última anécdota raya en el mito, hay un lienzo muy famoso que intenta recrear esta escena.


Las rosas de Heliogábalos, lienzo de Lawrence Alma-Tadema 1888

En cuanto al lujo y derroche de su vida, se jactaba de no haber bebido nunca dos veces en la misma copa. Se entiende, claro, que las copas eran de oro y plata.
Sus despilfarros vaciaron las arcas del estado. En ocasiones se hacía construir un baño suntuoso, lo utilizaba una sola vez y luego lo mandaba destruir. Se dice que fue el primero de los romanos que usó vestidos confeccionados totalmente en seda, y que llamaba mendigos a quienes usaban la misma vestimenta por segunda vez. Jamás emprendió un viaje con menos de sesenta carruajes. Disponía de carros cubiertos de piedras preciosas y oro y despreciaba los que estaban hechos de plata, marfil o bronce.

Según narra el cronista romano Elio Lampridio en la Historia Augusta, los excesos de Heliogábalo no tuvieron fin. Durante su mandato ignoró las tradiciones religiosas y alteró los tabúes sexuales de Roma. Aunque estuvo varias veces casado, su relación más estable parece haber sido la que mantuvo con un esclavo muy bien dotado llamado Hierocles, a quien incluso se refería como "su marido". La Historia Augusta sostiene que también se casó con un hombre llamado Zotico -un atleta de la ciudad de Esmirna-, con ceremonia pública en Roma. Otros historiadores narran que Heliogábalo se pintaba los ojos, que se depilaba y lucía pelucas antes de prostituirse en tabernas y prostíbulos, e incluso en el palacio imperial.
Deberíamos darle el crédito de haber sido el primer Drag Queen de la historia, ¿verdad?

La Guardia Pretoriana era un cuerpo militar de élite que servía de escolta y protección a los emperadores. Las excentricidades de Heliogábalo y especialmente su comportamiento y desfachatez sexual, irritaban cada vez más a este recio cuerpo de soldados.


Guardias Pretotianos

Se desencadenó un motín, y la misma guardia pretoriana lo asesinó a los 18 años de edad. Su madre, que estaba a su lado -y que tenía otro largo expediente pecaminoso-, también fue asesinada. Cortaron sus cabezas y sus cuerpos fueron arrastrados desnudos por toda la ciudad; luego el cuerpo de la madre fue dejado en algún lugar, mientras que el de él fue arrojado al río para que su cuerpo no recibiese sepultura.

Aunque sin duda corto, Heliogábalo llevó un estilo vida muy sui generis y pagó con su vida. En aquella época, el poder de los césares era tan grande y absoluto que frecuentemente se volvían locos, literalmente.

Fuentes:
Hechos insólitos, Gregorio Doval
Victormacías, Wikipedia

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jueves, agosto 27, 2009

Los primeros Barras bravas

La expresión Panem et circenses , o “pan y circo”, pronunciada por el poeta romano Juvenal, fue tomada como una máxima del Emperador Nerón, quién utilizó el gran anfiteatro romano construído por Vespaciano para diversión de su pueblo, distrayéndolo así de los graves problemas internos que tenía el decadente imperio.

Así debió lucir el coliseo romano hace casi 2000 años

Remontémonos al año 59 dC. Roma estaba aún gobernada por el Emperador Nerón. Ahora viajemos hacia el sur del Imperio, hacia dos pequeñas ciudades costaneras, Pompeya y Nocera. Los habitantes de estas ciudades, se disponían a disfrutar de un apasionante día de luchas de gladiadores en el coliseo de Pompeya. Eran unos juegos organizados y pagados por un político, al que habían expulsado del Senado. Igual, a la gente no le importaba quién organizaba el espectáculo, ustedes saben que mientras la diversión sea gratis...

Los aficionados de Nocera viajaron a Pompeya para alentar a sus luchadores, como cuando ahora una fanaticada o barras organizadas de fútbol viajan a un sitio donde su equipo juega de visitante. Al fin y al cabo eran ciudades cercanas y se supone que ya tenían alguna rivalidad deportiva. No hay registros en la historia ni tampoco se detalla si estas dos ciudades tenían algún tipo de enemistad en el pasado. Lo que sí está claro y quedaron registros es de lo que sucedió después, lo cual nos deja deducir fácilmente que el ambiente debió haber sido tan caldeado como un superclásico Boca-River o un derby Barça-Real Madrid.

Ubicación y distancia entre Pompeya y Nocera

Bueno, el asunto es que ese día ambas fanaticadas se comportaron como unos verdaderos hooligans o barras bravas actuales, y de los testimonios hallados se desprende claramente que la rivalidad era enconada. Aquí tenemos la fuente original, un fragmento de las “Crónicas de Cornelio Tácito” que nos narra este triste episodio:
"Por el mismo tiempo y a partir de una disputa sin importancia se produjo una terrible matanza entre colonos de Nuocera y de Pompeya, en el transcurso de unos juegos ofrecidos por Livineyo Régulo, de cuya expulsión del Senado ya dí cuenta; pues, con la licencia propia de las ciudades pequeñas, empezaron por lanzarse denuestos, luego piedras, y al cabo tomaron las armas, saliéndose con la mejor parte la plebe de Pompeya, donde se celebraba el espectáculo. El caso es que muchos de los de Nuocera fueron llevados a la ciudad con el cuerpo lleno de mutilaciones, en tanto que la mayoría lloraba la muerte de hijos o padres. El príncipe {Nerón} delegó en el senado el juicio sobre el asunto, y el senado en los cónsules; pero el tema volvió de nuevo al senado y se prohibió por diez años a los de Pompeya aquella clase de reuniones, y se disolvieron los colegios que habían constituido ilegalmente; Livineyo y los otros que habían provocado la sedición fueron castigados con el exilio."

Anales (XIV, XVII) de Publio Cornelio Tácito

Es difícil especular lo que sucedió después, y de hecho ésta fue una gran interrogante de los historiadores durante mucho tiempo porque no había más crónicas ni registros al respecto. Pero recientemente se hizo un hallazgo importante que puede en parte ayudarnos a imaginar lo que sucedió.

En las ruinas de Pompeya, en algunas casas aún quedaban restos pictóricos y en una de ellas se descubrió un fresco que coincide con las fechas del evento narrado, que reproduce una dantesca escena, y quien sea que lo haya pintado, no escatimó en detalles.

Pintura encontrada en Pompeya

En la pintura podemos ver el coliseo con sus imponentes rampas de acceso, las luchas de los gladiadores en la arena, incluso se aprecian detalles de la ciudad que los arqueólogos han podido confirmar, como por ejemplo, la disposición de las murallas. Lo curioso es que este fresco reproduce también escenas de los disturbios de los cuales nos hablaba Tácito, las peleas en las gradas, el relajo en las calles de la ciudad con muertos, heridos y el caos en los alrededores del coliseo. Es un testimonio pictórico -casi periodístico- de aquella fatídica jornada. Ahora, el único enigma sería saber quién pudo ser el autor de ese fresco.

Para darte el trabajo de pintar un mural así en tu casa, debes ser un fanático a muerte de tu equipo. Seguramente lo hizo alguien orgulloso de que aquel día los pompeyanos les hayan dado una paliza a los de Nocera, es decir, alguien que pensara "los de Pompeya somos mejores y ganamos!"... ¿no les resulta familiar?
Bueno, y se nota que después de dos mil años no hemos evolucionado nada en este aspecto, porque sucesos como éste son aún hoy relativamente frecuentes tanto en Sudamérica como en Europa, pero los gladiadores ahora son once por equipo y corren tras un balón.
A los verdaderos amantes del fútbol nos avergüenza ver como algunos estadios han acabado convirtiéndose en auténticos campos de batalla, donde se ha tenido que lamentar la muerte de aficionados.

Fuente:
Historia Clásica.com

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