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jueves, agosto 04, 2011

"La Maravilla Negra", el primer ídolo de color en el fútbol

José Leandro Andrade fue sin duda uno de los futbolistas más brillantes de su época. Nació en Salto, Montevideo, el 1º de octubre de 1901, y fue hijo de una argentina con un ex esclavo negro que escapó del Brasil. La necesidad hizo que sus padres lo enviaran a Montevideo a vivir con una tía en el barrio Palermo, donde en la adolescencia alternaba trabajando como limpiador de zapatos o vendedor de periódicos.
Hábil para el fútbol como todo buen uruguayo, se presentó a las inferiores de un pequeño club llamado Misiones. Poco tiempo después llegaría su primer contrato profesional con un club de la capital, el Bella Vista, donde jugaba como volante derecho.

José Leandro Andrade

No tardó en llamar la atención debido a su exquisitez con el balón, que unido a su color y su 1,80 de estatura, terminaba acaparando los aplausos y los flashes. A pesar de su contextura, tenía un muy particular estilo de juego, veloz, flexible y muy acrobático, que enamoraba a la afición.
Debido a todo ese derroche de talento, fue convocado por primera vez a un seleccionado nacional, para jugar en las Olimpiadas de París en 1924. Y fue allí definitivamente, donde se consagró como leyenda. Con su carácter extrovertido y amiguero, se sintió en París como un pez en el agua. Fue el jugador sensación de las Olimpiadas, tanto así que el periodismo especializado de la época, lo bautizó como “La Merveille Noire” (la maravilla negra).

Equipo de Uruguay, campeón en los Juegos Olímpicos de París en 1924

Lo que se lleva en la sangre se hereda por derecho, y como tenía que ser, resultó un consumado bailarín que no desaprovechó la oportunidad de mostrar allá sus habilidades, lo que le otorgó un buen número de admiradoras francesas y uno que otro affaire. Entre las bellas parisinas que cayeron rendidas ante el exotismo del uruguayo, también se encontraba la mítica Josephine Baker, bailarina y cantante de cabaret, famosa por haber sido la primera en mostrar el "tetamen" en un espectáculo público, en el París de aquel entonces.

Hay una curiosa anécdota que nos muestra el carácter descomplicado de Andrade: la selección uruguaya se encontraba en plena concentración en su hotel en París, cuando el director técnico decidió pasar revista por las habitaciones. El “negro Andrade” había desaparecido, nadie daba razón de él. Con el correr de las horas, se hizo evidente la normal preocupación de la delegación charrúa, hasta que el delantero Ángel Romano, compañero de recamara y uno de sus mejores amigos, se ofreció para buscarle.

En realidad, Romano tenía una dirección que Andrade le había facilitado por si 'desaparecía'. Fue a buscarlo a ese sitio y se sorprendió al ver que se trataba de un departamento de lujo, en una exclusiva zona de París. Llamó al timbre y una doncella lo recibió. A pesar de que por el idioma no se entendían, cuando romano dijo "Andrade", la joven mujer sonrió e hizo pasar al delantero. La escena que lo esperaba lo dejó atónito y con la boca abierta. Ante él apareció su mulato amigo, vestido sólo con una bata de seda, y rodeado de bellas señoritas con poca ropa y envueltas en deliciosas fragancias. Romano nunca olvidaría esa imagen de su amigo, como sultán en país ajeno.

Josephine Baker

Uruguay se coronó campeón de aquellas Olimpiadas y a su regreso el país era una locura, fueron ovacionados por multitudes, y el “Negro Andrade” ya era un héroe nacional. Obviamente fue fichado por los clubes más grandes de su país, el Nacional y el Peñarol respectivamente, donde ya se empezó a notar –era público- que aunque era un jugadorazo, fuera de las canchas también era un vendaval bohemio. Llevaba un paralelo tren de vida entre la rumba y el fútbol, que más tarde le pasaría factura.

El "Negro Andrade" de fiesta en carnavales

Además, desde las Olmpiadas de París, empezó a arrastrar una extraña lesión: en la final, en el último partido, chocó contra un poste, lo que le provocó un problema de visión que con el tiempo fue degenerándose, y a la postre, fue lo que acabó con su carrera.

Ídolo uruguayo

Antes de que existieran los Mundiales de fútbol, él ya era una figura mundial: fue doble Campeón Olímpico (París 1924 y Amsterdam 1928) y también había ganado dos Copas América, en 1923 y 1926, y el subcampeonato en 1927.
Precisamente por esos logros de la celeste, el primer Campeonato Mundial de la historia en 1930, fue con sede en Uruguay, y obviamente, Andrade fue convocado.

Uruguay, anfitrión y campeón del Mundial de Fútbol de 1930

La vida le seguía sonriendo, y se dio nuevamente el lujo de formar parte de ese mítico y glorioso equipo (Ballesteros; Nasazzi, Mascherone; Andrade, Fernández, Gestido; Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte) que se proclamó Campeón del Mundo.
Aunque “El Negro” no era el mismo de antes, seguía todavía aportando lo suyo, como un lance defensivo que perfeccionó, llamado la tijera: se lanzaba frente al atacante rival que llevaba el balón, estirando mucho la pierna izquierda, mientras que, con la derecha, le arrebataba el balón.

Luego de tocar el cielo con la camiseta celeste de su selección, tuvo un recordado paso por el fútbol argentino (Atlanta y Lanús), donde definitivamente se notaba que ya estaba quemando sus últimos cartuchos. Luego volvió a Uruguay al Wanderers de Montevideo y se retiró en Argentinos Juniors. Su vida, a partir de ahí fue un declive permanente. Estaba arruinado económicamente, sus amigos desaparecieron y tuvo que volver al barrio de Palermo, tan pobre como cuando llegó siendo un niño.

En una taberna holandesa, Olimpiadas de Amsterdam en 1928

Hay quienes arguyen tintes racistas en su declive, porque la mayoría –sino todos- los campeones mundiales de 1930, tuvieron una próspera vida como empresarios, periodistas deportivos y entrenadores de fútbol. Solo Andrade no encontró ocupación fija.
Aún así, su nombre seguiría sonando en Uruguay ya que veinte años después, en la Copa Mundial de 1950 en Brasil, José Leandro Andrade estuvo presente como invitado. En el campo, en su misma posición, ahora estaba su sobrino Víctor Rodríguez, que en honor a su tío se había puesto el segundo apellido Andrade en la camiseta. El sobrino de “El Negro”, al igual que su tío, logró coronarse Campeón del Mundo en el inolvidable “Maracanazo”.

José Andrade en Amsterdam, en 1928

Años más tarde, en 1956, un periodista alemán llamado Fritz Hack, viajó a Uruguay para encontrar a Andrade. Tras una intensa búsqueda de seis días pudo encontrarlo. Comentaba:

"Me ayudaron a encontrarlo los amigos. Pero lo que viví, fue una imagen de horror. En la 'Calle Perazza' vivía el ex famoso y celebrado futbolista en un sótano deteriorado."
"Encontré a Andrade en un tugurio espartanamente amueblado, se había dado totalmente al alcohol y debido a sus lesiones de ojos estaba casi ciego de un lado. Mis preguntas no pudo responderlas. Las respuestas las dio una hermosa mujer, la hermana del antiguo campeón olímpico".

Poco tiempo después, el 5 de octubre de 1957, José Leandro Andrade fallecía en un asilo de Montevideo a la edad de 56 años. Sus únicas pertenencias se limitaban a una cama y una caja de zapatos con algunas medallas y otros trofeos.
Desaparecía así la primera estrella de color, el primer ídolo negro del mundo del fútbol. Se fue de una forma tan ingrata y triste, como la de tantos deportistas que llenaron de gloria sus banderas, para luego caer en el olvido.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7

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martes, mayo 24, 2011

El peor futbolista que jugó en la Premier League

En la década de 1990 el futbolista liberiano George Weah deslumbró en las mejores ligas europeas, y con sus destacadas actuaciones en el AS Mónaco, en el París Saint Germain y en el AC Milan prácticamente lo ganó todo. Era tan buen jugador que llegó a ganar el Balón de Oro y fue elegido por la FIFA el Mejor Futbolista del Mundo en 1995.

En noviembre de 1996 el Southampton era dirigido por el entrenador Graeme Souness, quien había comentado a la prensa deportiva inglesa que necesitaba de urgencia un delantero eficaz para afrontar la exigente Premier League. Como de milagro recibió una oportuna llamada telefónica que le evitaría todo el engorroso y largo proceso de probar y evaluar al candidato.
Aquella llamada fue ni más ni menos que de George Weah. El astro africano le dijo al entrenador Souness que no se preocupara, que el delantero que tanto buscaba para su equipo bien podría ser un primo suyo llamado Ali Dia. Weah le comentó al técnico que su primo tenía 30 años de edad y que justamente había terminado su contrato con el Paris Saint Germain, el cual no sería renovado. Le puso al tanto de los detalles, le comentó además que su primo Ali tenía experiencia internacional, pues había jugado 13 veces como titular en la selección absoluta de Senegal.

Graeme Souness, en aquella época entrenador del Southampton

Con tan buenas referencias, el entrenador dio el visto bueno inmediato para el fichaje y pidió a los directivos su contratación. Ali Dia fue contactado al número que les dio George Weah y menos de una semana estaba firmando un contrato de prueba por un mes con los rojiblancos, renovable siempre y cuando el rendimiento del delantero convenciera.

Ali Dia

Se presentó al primer entrenamiento con el equipo y el africano sorprendió a todo el mundo. Daba la impresión de que nunca en su vida había jugado fútbol. Al respecto, uno de sus compañeros de equipo, el mediocampista Matt Le Tissier, recordó alguna vez cual fue su primera impresión después de ver al africano tras un balón: “Era como ver a Bambi correr sobre hielo”, dijo en tono jocoso.
El entrenador Graeme Souness lo justificó pensando que eran los típicos nervios del primer día, pero esperaba ansioso verlo en acción dentro de tres días en un partido amistoso que tenían programado contra el Arsenal, sin embargo un torrencial aguacero hizo que aquel partido se cancelara.

Tanta era la confianza que tenía el entrenador en su nuevo delantero o tanto lo logró convencer George Weah, que decidió convocarlo para el siguiente partido oficial que era contra el Leeds United.

Llegó el esperado día del partido y Ali Dia no fue titular pero se encontraba en la banca de suplentes con el número 33 en su espalda. Se jugaba el primer tiempo y al minuto 34' una lesión del volante Le Tissier hizo que el delantero africano debutara en el futbol profesional inglés. Luego de 59 minutos en los que Ali hizo el ridículo en el campo de juego, Souness decidió sustituirlo e, inmediatamente, lo despidió. Ese día el equipo perdió por 2 – 0.
Mucha gente aún recuerda la anécdota y consideran que aquella fue una de las peores actuaciones de un futbolista en la Premier League.



Luego del partido, el técnico del Southampton llamó a Weah para pedirle explicaciones por el rendimiento de su primo, que no era ni de lejos el brillante futbolista que semanas atrás le había ofrecido. Sin embargo, el famoso jugador negó haber realizado tal llamada y que tuviera relación alguna con Ali Dia.
Con el tiempo salió a la luz que quien realmente había llamado al entrenador Souness haciéndose pasar por Weah, había sido un amigo de Ali Dia, quien sólo había jugado en equipos de categoría regional en su país. Desde aquella vez no se volvió a saber más del jugador africano, y seguramente aquel entrenador fue más cuidadoso con los jugadores que contrataba.
En un país tan futbolizado como Inglaterra, el africano Ali Dia llegó a encabezar la lista de “Los 50 peores jugadores de todos los tiempos” realizada por The Times.

En este video se puede ver parte de los entrenamientos del senegalés y su debut y despedida.
Para quienes siguen el blog desde Facebook, lo pueden ver en este enlace.



Si de cumplir un sueño se trataba, pues Ali Dia cumplió el sueño que alguna vez hemos tenido millones de mortales en el mundo, de jugar unos pocos minutos en la Premier League y escuchar nuestro nombre por los altavoces.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5


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lunes, marzo 21, 2011

El día que desapareció el "Gran Torino"

Después de la Segunda Guerra Mundial, las ligas de fútbol de los campeonatos europeos se normalizaron y hubo algunas como la italiana que volvieron a mostrar aquel esplendor que siempre caracterizó al calcio en las competencias continentales.
Uno de estos equipos era el Torino A.C. que por esa década estaba viviendo uno de sus más grandes momentos de gloria, ya que durante el período de 1942 hasta 1949 (1944 y 1945 no se jugaron debido a la guerra) fue campeón de la liga italiana durante cinco años consecutivos, época en la que se lo consideró el equipo más poderoso del mundo y que se daba el lujo de tener a 10 de los 11 jugadores titulares de la selección italiana en sus filas. Fue desde esa época que el equipo se ganó el apodo de “Gran Torino”.

El último "Gran Torino", temporada 48-49

La fama de este equipazo trascendió las fronteras y sus jugadores eran reconocidos y admirados a nivel mundial. El Torino A.C. se había ganado ese prestigio a base de contundentes triunfos en el calcio italiano, que precisamente fue la vitrina para empezar a ser invitado a jugar partidos amistosos en varios países europeos, por los cuales obviamente le pagaban grandes sumas de dinero.

Uno de esos viajes patrocinados llevó al equipo italiano hasta Portugal, para jugar un partido contra el Benfica de Lisboa. El motivo del encuentro era la despedida del gran capitán lisboeta José Ferreira.
Terminado el partido iniciaron el viaje de regreso en un avión Fiat G212CP de las aerolíneas italianas, era el 4 de mayo de 1949. Este vuelo chárter llevaba a la plantilla de 18 jugadores de la escuadra del Torino, y a otras 15 personas entre cuerpo técnico, dirigentes y periodistas.

Las crónicas de la época relatan que una gran tormenta azotaba Turín, precisamente cuando la aeronave hacía su aproximación hacia la ciudad. Esa tormenta, la densa nubosidad y la escasa visibilidad fueron los ingredientes de la más grande tragedia que ha sufrido el fútbol italiano.


El avión ya había iniciado su descenso hacia el aeropuerto, pero el piloto no se dio cuenta que estaba sobrevolando demasiado bajo y terminó estrellándose contra una de las paredes de la Basílica de Superga ubicada en las afueras de la ciudad. Un total de 31 personas perecieron en el accidente, y el siniestro fue de tal magnitud, que para identificar los cadáveres de los jugadores de fútbol fue llamado entre otros el director técnico de la selección italiana Vittorio Pozzo, que conocía muy bien a los integrantes del Torino.


Restos de la aeronave en el lugar de la tragedia

El día del funeral, más de medio millón de personas se dieron cita en la plaza principal de Turín para ofrecer el último adiós al equipo de la ciudad. Fue una situación tan traumática en aquella época, que al año siguiente, el diezmado seleccionado italiano viajó al Mundial de Brasil en barco, se negaron a ir en avión.


Los turineses se tomaron las calles para despedir a sus ídolos

Al momento del accidente el Torino era líder de la Serie A, faltándole tan solo 4 partidos por disputarse para acabar la Liga. Así, el club siguió jugando con el equipo de la reserva y como señal de luto y respeto, sus contrincantes en estos partidos (Genova, Palermo, Sampdoria y Fiorentina), también jugaron con sus equipos de juveniles. Al final el Torino fue proclamado campeón del torneo.

Y como siempre sucede, aquí también tenemos esas anécdotas felíces, como la del jugador que logró salvarse providencialmente, Sauro Tomá, que se perdió al viaje a Lisboa debido a una lesión. Otro que se salvó de milagro fue el excepcional jugador húngaro Ladislao Kubala, quién había sido invitado como estrella mediática al evento, y se encontraró con su mujer e hijo en la capital portuguesa. Los tres deberían haber volado en el avión que les llevaría a Italia, ya que por aquel entonces, Kubala jugaba en el Pro Patria italiano. Afortunadamente el niño se puso mal y tanto Kubala como su esposa se quedaron en Lisboa para cuidar a su hijo, librándose así de la tragedia.

Actualmente hay un memorial recordatorio en el lugar mismo del siniestro

Desde aquel fatídico accidente, el Torino no volvió a saborear la gloria sino hasta la temporada 1975 – 76 en la que ganó su sexto escudetto. También accedió a su única final de una competición europea en 1992, pero perdió ante el Ajax de Van Gaal la final de la Copa de la UEFA, por la regla del gol de visitante.
El Torino nunca más pudo volver a emular sus glorias pasadas, más bien se convirtió en un modesto club de media tabla para abajo, sufriendo cuatro caídas a la segunda división y una grave crisis financiera que en 2005 lo obligó a una refundación, con un breve cambio de nombre incluido (desde entonces se llama Torino Football Club). El último descenso sucedió en mayo del 2010 y desde entonces disputa el torneo de la Serie B.


Fuentes y referencias:
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lunes, enero 17, 2011

El encuentro de los Beatles con Cassius Clay

Los Beatles llegaron por primera vez a los Estados Unidos en febrero de 1964 y lo hicieron precedidos por un abrumador éxito y expectativa mundiales. Igualmente por esa época despegaba la meteórica carrera de Muhammad Ali, quien aún utilizaba el nombre de Cassius Clay, y que fue para muchos el más grande boxeador de todos los tiempos. El día 18 de febrero tuvieron la oportunidad de coincidir en Miami.

Este famoso encuentro fue arreglado por la prensa del espectáculo. Los Beatles venían de tocar en el show televisivo de Ed Sullivan, registrando una cifra record de televidentes hasta ese momento: 75 millones en todo Estados Unidos. Cassius Clay estaba en Miami entrenando para su primer combate por el título de los pesados, título que terminó ganando días más tarde a Sonny Liston.


Todos eran muy jóvenes en aquel entonces, John Lennon tenía 23 años, George Harrison 17 y Cassius Clay 22. El boxeador siempre tuvo una personalidad extrovertida, arrolladora, y le gustaba hablar más de la cuenta, de hecho, en cada entrevista que le realizaban aprovechaba para decir que "él era el más grande boxeador de todos los tiempos". Igualmente los ingleses eran impulsivos en sus declaraciones, recordemos aquella ocasión que John dijo que su grupo "era más conocido que Jesucristo". Razones no les faltaban, eran grandes en lo que hacían y a la prensa le pareció atractivo un encuentro entre esos egos gigantes.

La cita tuvo lugar en el gimnasio donde entrenaba Cassius Clay. Después de algunos flashes y bromas, quedó como evidencia y testigo una histórica foto donde los cuatro de Liverpool simulan recibir un golpe del boxeador.


Luego de atender a los medios -ya sin fotos ni grabadoras- se pusieron a conversar más distendidamente. El boxeador se mostró extrañamente sincero con los músicos y les dijo: “Ustedes no son tan tontos como yo pensaba”; a lo que Lennon respondió bromeando: “En cambio tu si eres tan bobo como nosotros pensábamos”.

Antes de irse, Cassius Clay levantó a Ringo y lo sujetó a medio metro del suelo, lo arrojó hacia arriba y le deseó buena suerte. Los otros tres Beatles, George, John y Paul, observaron la escena entre carcajadas.

Fuentes y referencias:
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domingo, enero 09, 2011

El futbolista que desairó a Hitler

A pesar de que Hitler odiaba el fútbol, su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels lo persuadió de interesarse en él, debido a la atracción de masas que este deporte ejercía: “Ganar un partido de fútbol mein führer, es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este”, le decía constantemente Goebbels.
En marzo de 1938, poco antes del Mundial de Fútbol de Francia, Austria fue anexada a Alemania. Para esa época, la selección austriaca de fútbol era considerada la mejor de Europa, tanto así que la llamaban el“Wonderteam”, el equipo maravilla. Aquel combinado contaba con leyendas como Platzer, Schall o Vierti, pero por encima de todos estaba Matthias Sindelar, un centro delantero genial.

Matthias Sindelar nació el 10 de febrero de 1903 en el seno de una humilde familia judía y pasó su infancia pegado a un balón de fútbol. Su pasión por este deporte pronto le hizo destacar como una de las mejores promesas uveniles, lo que le llevó a debutar con catorce años en el FK Austria de Viena. Poco a poco, Sindelar se convirtió en un gran jugador, lo que le permitió formar parte de la selección austriaca con tan solo dieciséis años. Su instinto goleador y su gran calidad lo convirtieron en uno de los mejores futbolistas de aquella época.

Matthias Sindelar

También desde joven Matthias mostró un carácter licencioso, muy apegado a los vicios y placeres mundanos y varoniles. Mientras en las canchas era un prodigio con el balón, fuera de ellas era un empedernido enamorado de las juergas, prostitutas y borracheras, muy aficionado a dilapidar su dinero en las ruletas de los casinos. Eso sí, nunca faltaba a los entrenamientos y lo demostraba con su gambetas, siempre finas y escurridizas. Era el terror de las defensas rivales, su juego sutil y letal le valió sobrenombres como “El Mozart del fútbol” o “ El futbolista de papel”. Durante su carrera en el FK Austria de Viena logró marcar más de 600 goles.

"El Mozart del fútbol"

Para el mundial de 1938, Austria, que ya había clasificado, era considerada favorita para llevarse el título, pero ahora con la anexión, sus mejores jugadores debían pasar a formar parte del equipo alemán. Nunca lo dijo públicamente por temor a las represalias, pero Matthias Sindelar se negó a formar parte de esa nueva y poderosa Alemania. Simuló lesiones para eludir las convocatorias porque sabía que antes de los partidos tendría que ejecutar el saludo nazi. No quería doblegarse ante los culpables de la muerte de miles de judíos.

Al poco tiempo, Hitler quiso hacer una especie de despedida de la selección austriaca como combinado independiente y organizó un último partido amistoso entre este país y Alemania. Sindelar decidió participar con Austria, siendo el capitán en el que sería el último encuentro con su selección. Sin embargo, sólo él sabía que éste sería el último partido de su vida.


El domingo 3 de abril, Sindelar, formado en el estadio junto a sus nuevos compañeros, se negó a levantar el brazo al estilo III Reich para saludar al Führer.


Se dice que los austriacos recibieron la orden de la Gestapo de no marcar goles, y eso quedó en evidencia, porque a pesar de que su superioridad fue aplastante, Matthias erró goles a propósito frente al arco, que en otras circunstancias hubiese anotado con facilidad. Regateó una y mil veces a los defensores alemanes, pero, cada vez que llegaba ante el portero, echaba el balón fuera y volvía a su campo con gestos de resignación. Los cronistas de la época recuerdan que Matthias Sindelar movía la cabeza a modo de desaprobación en cada ocasión desperdiciada. Así llegó el descanso con cero a cero.

Parece que algo sucedió en los camerinos, algo que los hirió en el amor propio o recibieron alguna motivación especial, porque para el segundo tiempo el panorama cambió, empezaron los caños, sombreros, regates imposibles y en la primera ocasión que tuvo, Sindelar llegó hasta la portería alemana y batió al portero con un certero disparo.

Pero el problema no fue el gol, sino la celebración. En lugar de alzar el brazo frente a Hitler, como todo el mundo esperaba, el delantero austriaco se situó frente al palco de autoridades y se puso a bailar.


Desde ese momento fue considerado como un enemigo del régimen y fue perseguido por los nazis. Debió mantenerse oculto durante meses y tuvo que abandonar la profesión que tanto quería, ya que por más que lo intentó, no pudo escapar del país como lo hicieron otros compañeros de profesión.

La persecución de judíos ya había empezado en Austria y afectaba también al fútbol. Fue vetada la entrada de esta raza a los estadios como simples aficionados. Los bienes del club vienés Hakoah -propiedad de judíos- fueron incautados, todos los columnistas judíos de los periódicos expulsados. Dirigentes y jugadores se exiliaron, muchos se unieron al Club Maccabi de Tel Aviv para jugar de manera informal. Al poco tiempo empezó el exterminio y los campos de concentración.

Matthias Sindelar continuaba escondido con el miedo de ser capturado en cualquier momento y enviado a uno de esos ghettos. El 22 de enero de 1939, fue encontrado muerto en en la cama de su apartamento junto a su novia Camilla Castagnola, una ex prostituta. Castagonola murió en el hospital al día siguiente y se dijo que la muerte de los amantes había sido causada por envenenamiento con monóxido de carbono debido a una fuga en la estufa de gas de su apartamento. Sin embargo, otros dicen que fueron asesinados cuando un compañero de selección los denunció.
Sea como fuere, aquel triste suceso causó tanto impacto que durante 15 días las oficinas del club en el que jugaba se inundaron de cartas de pésame. Tantas que el correo de la ciudad se colapsó. Tantas, que a su entierro y a pesar de la persecución nazi, asistieron más de 40.000 personas, mientras las tropas de Hitler las rodeaban en previsión de posibles altercados.


Los restos del único futbolista que fue capaz de desafiar a Hitler descansan en el cementerio central de Viena.

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viernes, noviembre 26, 2010

La "Mascota de Hitler"

Corría el año de 1930, y el alemán Max Schmeling se convertía en el primer europeo en ganar el título mundial de los pesos pesados, algo que lo convirtió en toda una celebridad en su país, y como no podía ser de otra manera, fue algo que terminó por cambiarle la vida.


Max provenía de una humilde familia de Brandemburgo, y saltó súbitamente a la fama a raíz de su victoria sobre el campeón norteamericano Jack Sharkey, a quien venció en una memorable noche de boxeo en Nueva York, llevándose el título para su país.

A su regreso a Alemania fue recibido como un ídolo y ovacionado por multitudes. La fama y la suerte le sonreían a este joven, ya que al margen de su carrera deportiva, empezó a ganar mucho dinero cuando se arriesgó a invertir en plantaciones de tabaco. Para completar el feliz panorama, al poco tiempo se casó con Anny Ondra, una de las actrices más famosas de la Alemania de aquella época.


Max defendió el título en varias peleas durante dos años, y lo llegó a perder por puntos en Long Island ante el mismo Jack Sharkey, a quien se lo había despojado en Nueva York. De todas formas siguió compitiendo y entrenando duro para volver a recuperarlo.

Por aquellos años también empezaba a despuntar un joven boxeador de color en los Estados Unidos, que ya los 22 años había recibido el sobrenombre de El bombardero de Detroit. Se trataba del gran Joe Louis, quien más tarde se convertiría en leyenda del boxeo mundial. La carrera de Joe Louis fue meteórica, y en poco tiempo llegó a ser campeón mundial de los pesos pesados, un ídolo de masas norteamericano, el ícono del pueblo, especialmente porque mucha gente se identificaba con los orígenes del nuevo campeón negro, ya que los púgiles de color no habían tenido oportunidad de disputar el título desde la última vez en que fuera campeón Jack Johnson en 1915. Max Schmeling decidió probar suerte retándolo.

Pesaje previo al combate

Para esto ya se habían instalado los nazis en el poder, y Adolfo Hitler lo adoptó como el modelo del hombre ario que debía representar al nazismo.

La pelea se pactó para el 19 de junio de 1936 en el estadio de los Yankees, y fueron 12 intensos asaltos donde ambos púgiles entregaron lo mejor de sí. Joe Louis dominaba el cuadrilátero, mientras el alemán Schmeling resistía estoicamente y respondía de la misma manera. De todas formas parecía que el combate se decidiría por puntos a favor del americano, cuando en el momento menos pensado del último asalto, el alemán sacó un furibundo golpe de derecha directo al hígado de Joe Louis, quien cayó a la lona ante la incredulidad y la mirada atónita de su público que se resistía a creer que su gran ídolo era derrotado por aquel mismo alemán que les había despojado del título seis años antes.

Max Schmeling derrotando al campeón Joe Louis

Enseguida Hitler se adueñó de la victoria de Max Schmeling, y con su aplastante maquinaria propagandística proclamó que "la fuerza de este boxeador alemán demostraba la superioridad de la raza aria". Fue elevado a la categoría de “Héroe de la raza superior”.

Max Schmeling y su esposa junto a Hitler

La prensa mundial no tardó en hacerse eco de la excesiva idolatría que le prodigaba el tercer Reich a su joven boxeador y pronto empezó a llamarle “Perro de los nazis” o “La mascota de Hitler”, algo que obviamente molestaba al deportista sobremanera. Lo que el mundo no sabía es que no podían estar más equivocados, ya que Max Schmeling no compartía para nada aquel enfermo sentimiento nacionalsocialista nazi, y de hecho, su entrenador era un judío, al que Max se negó a despedir cuando empezaron las persecuciones. Es más, se convirtió en su protector ya que con su estatus de deportista de élite –y mimado del régimen- se podía permitir ciertos privilegios.


Mientras Hitler gritaba al mundo: "Podéis mostrarme algo mejor que Schmeling", el boxeador ayudaba a esconder judíos en su casa y después de un tiempo salvó a algunos de los campos de concentración. Incluso pidió al Fürher que protegiese a los americanos en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

El púgil alemán siempre trató de alejarse de aquella imagen que quería mostrar el régimen, y lo hizo con hechos concretos. En la famosa noche de los cristales rotos escondió en su casa a dos amigos judíos, los hermanos Lewin, hasta que pudo sacarlos a escondidas de su país con rumbo a los Estados Unidos. Aún así, para la prensa deportiva internacional Max Schmeling era un símbolo de la Alemania nazi y lo retrataba de esa forma, por lo que llegó a ser el deportista más despreciado del mundo.

Para 1938, Hitler ya había anexado a Austria y pensaba en una invasión a Polonia, cuando se produjo la esperada revancha entre Joe Louis y el alemán. Este fue el combate de box más mediático y políticamente manipulado de la historia, ya que mientras en Estados Unidos se lo anunciaba como “el combate entre el bien y el mal”, para los alemanes se trataba del enfrentamiento entre una raza superior y otra inferior.

Portada de la influyente Revista Liberty previa al combate

La expectativa llegó a ser tan grande, que hasta el propio presidente Roosevelt envió un conmovedor telegrama a Joe Louis en el que le exponía que:

“Ahora más que nunca América necesita de sus músculos para enfrentar y vencer a la Alemania nazi. Recuerde usted que cuando una causa es justa, los americanos nunca pierden.”

La "Batalla del siglo" como fue denominada por la prensa, fue pactada a 12 rounds y se llevó a cabo el 22 de junio de 1938 en el Estadio de los Yankees. Aquella noche el ambiente no podía estar más caldeado. Más de 70.000 ansiosos norteamericanos esperaban la hora del combate para que su boxeador de ébano recuperase la corona y el honor perdido de hace tres años.

Primer asalto

Joe Louis fue una tromba desde el primer asalto y se dedicó a perseguir a golpes al asustado alemán, que se notaba, había sido intimidado por el ambiente adverso. Los jabs y derechazos del “Bombardero de Detroit” pronto surtieron efecto, y en una rápida combinación de golpes, el alemán no tuvo más remedio que refugiarse en las cuerdas sin aire. Cuando volvió al centro del ring recibió otra andanada de golpes sobre el rostro y el abdomen. El árbitro intentó parar la pelea dos veces, pero la velocidad del afroamericano pudo más, ya que cuando el alemán cayó a la lona, no pudo volver a levantarse. El castigo había sido tan intenso, que Max Schmeling tenía dos costillas rotas en apenas dos minutos de combate.

Max Schmeling derrotado en el primer round

Tan importante fue este triunfo para los norteamericanos, que mientras Joe Louis volvía a ceñirse el cinturón de campeón, el país estallaba en festejos porque "la democracia americana, había vencido al fascismo nazi". En el Harlem, 500.000 negros salieron a las calles y se saludaban unos a otros simulando el saludo de los nazis y gritando "Heil Louis!". Se calcula que el 67% de estadounidenses que tenían radio siguieron las incidencias del combate.


En el otro lado de la medalla se encontraba Max, a quien este lamentable traspié deportivo le marcó su futuro, ya que ahora lo despreciaban hasta en su propio país. Fue blanco de escarnio y burlas cuando regresó a Alemania, y Hitler le quitó todo el apoyo. De hecho enseguida lo obligaron a enrolarse sin privilegios en el ejército, y lo enviaron a combatir como un soldado más en Crimea.

Obligado a servir en el ejército alemán

Max fue reclutado en el cuerpo de paracaidistas y durante un salto se destrozó las rodillas, lo que le impidió volver a participar en la alta competencia, y en consecuencia su situación económica empeoró.

Aún viviendo toda esta mala racha, Max Schmeling se sentía mucho más cómodo y a gusto como un anónimo ciudadano alemán, que siendo parte de la maquinaria publicitaria de Hitler y representando al nazismo.

De todas formas el boxeador alemán había hecho muchas amistades durante su carrera como deportista, a quienes se había mostrado como el tipo sincero y alejado de la política que era, y esa fue su tabla de salvación, ya que gracias a algunos buenos contactos que mantenía en los Estados Unidos, logró adjudicarse la licencia de la Coca-Cola para Alemania, lo que en poco tiempo le ayudó a arreglar su situación económica nuevamente y vivir sin apremios durante el resto de su vida.


Y la vida también le permitió devolver el favor, ya que estuvo presto para ayudar económicamente a Joe Louis años más tarde, con quien había llegado a forjar una entrañable amistad poco después de que fueran rivales. De hecho fue uno de los pocos amigos que ayudó a pagar el entierro del mítico boxeador afroamericano, cuando éste murió en la pobreza en 1981.

Joe Louis y Max Schmeling se convirtieron en íntimos amigos poco después del último combate

Max siempre dio gracias de su derrota de 1938, la que le permitió caer en desgracia y alejarse para siempre del sobrenombre que más odiaba: “La mascota de Hitler”.

En 1987 la prensa especializada lo eligió como el deportista alemán más importante de todos los tiempos. Murió a la edad de 99 años en Hamburgo, el 2 de febrero del 2005.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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viernes, octubre 29, 2010

Abebe Bikila, el etíope de oro

Abebe Bikila nació en 1932 en un pueblo llamado Jato, a unos 130 km de la capital de Etiopía. De acuerdo con la tradición de su etnia, pasó la mayor parte de su infancia pastoreando ganado, actividad que alternaba con la escuela. Para la edad de 12 años, ya había completado la instrucción primaria.

En 1952, a la edad de 20 años, Abebe pudo ingresar como recluta en el Cuerpo de la Guardia Imperial, quienes eran los encargados de brindar seguridad al Emperador.

Un día común y corriente, mientras montaba guardia en palacio, presenció un desfile de los atletas etíopes que acababan de participar en los Juegos Olímpicos de Melbourne. Estos atletas llevaban el nombre de "Etiopía" escrito en la espalda de su uniforme deportivo, y cuando supo que habían representado a su país en la más grande cita atlética mundial, no lo pensó dos veces. Sabía que ese era su destino.

A la edad de 24 años, Abebe participó en el campeonato de las fuerzas armadas nacionales. El héroe deportivo de aquella época en su país, era Wami Biratu, que tenía los récords nacionales en los 5000 y 10000 m. Junto a ese gran atleta corrió su primera maratón, y la multitud congregada en el estadio, esperaba ver a Biratu llegando a la meta como vencedor. De hecho, en los primeros kilómetros, Wami Biratu iba a la cabeza, pero poco tiempo después, las emisoras de radio informaban a la multitud que un joven atleta desconocido, con el nombre de Abebe Bikila, era el nuevo líder.
Fue así como Abebe ganó su primera carrera importante, y más tarde se propuso romper el récord en los 5000 y 10000 metros, que hasta ese momento se hallaba en poder de Biratu. Con estos impresionantes resultados, Abebe calificó automáticamente para los Juegos Olímpicos de Roma de 1964. Se había hecho realidad su sueño más anhelado, el de lucir un traje deportivo con el nombre de su país en la espalda.

Corriendo descalzo en la Maratón de Roma, 1964

La participación de Abebe en los Juegos Olímpicos de Roma lo convirtieron en una leyenda viviente de su país y su nombre se dio a conocer en todo el mundo. No sólo ganó la maratón, sino que lo hizo corriendo “sin zapatos”, y también estableció un nuevo récord mundial en 2:15:16, hasta ese momento, la mejor marca de todos los tiempos.

Maratón de Roma

El patrocinador de aquellas Olimpiadas era la marca Adidas, y cuando Abebe fue para escoger su calzado, se dio cuenta de que ninguno le quedaba cómodo, así que decidió correr descalzo. Fue el primer africano en ganar una medalla de oro en las Olimpiadas, y al responder sobre por qué había corrido descalzo, Abebe, dijo: "Yo quería que el mundo sepa que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo".

La victoria romana significó para Abebe Bikila el ascenso a sargento y un anillo de diamantes, a cambio, el Emperador de Etiopía, se quedó con la histórica medalla. Pero Etiopía siempre ha sido un país convulsionado, y Bikila, como parte de la Guardia Imperial, fue involucrado en un fallido intento de golpe de Estado, en el que no tuvo parte activa. Junto con los otros acusados, fue condenado a morir en la horca, pero el Emperador amnistió al héroe nacional y lo reincorporó a filas. Los demás no corrieron la misma suerte.

Volvió a su país como un héroe, y fue condecorado con La Estrella de Etiopía por el Emperador Haile Selassie

Cuatro años más tarde, cuando se alistaba para los Juegos Olímpicos de Tokio, la fama de Abebe ya había llegado a todos los rincones del mundo. Seis semanas antes de la competencia, sintió un fuerte dolor abdominal que le hizo abandonar súbitamente los entrenamientos. Le fue diagnosticada apendicitis y tuvo que ser operado a pesar de la disconformidad de la prensa deportiva y el disgusto de los aficionados. El día que llegó a Tokio, Abebe aún no se había recuperado totalmente de la cirugía y de hecho, hasta bajó cojeando la escalerilla del avión, sin embargo, la cálida recepción de bienvenida por parte de los japoneses, fue algo que le ayudó a recuperarse de forma inesperada.

Junto a sus compañeros de equipo, Mamo Wolde y Demssie Wolde, Abebe reanudó los entrenamientos dos días después de su llegada a Tokio, y volvió a ganar para su país la medalla de oro en maratón, a pesar de estar semi convaleciente, debido a la extirpación del apéndice. Fue también la primera vez en la historia de las Olimpiadas, que la maratón era ganada en forma consecutiva por un mismo atleta. El nuevo registro de 2:12:11 que Abebe impuso en esta ocasión, fue el broche de oro con el que cerró esta carrera inolvidable, había vuelto a imponer un nuevo récord mundial.

Cruzando la meta en Tokio e imponiendo un nuevo récord, 1968

Cuando volvió a Etiopía, nuevamente fue recibido como un héroe. Su país lo galardonó con un automóvil Volkswagen Beetle, todo un símbolo de status ya que no había demasiados autos en Etiopía por aquellos años.

Abebe continuó entrenado para los siguientes Juegos Olímpicos, los de México de 1968, a los que también asistió. Lamentablemente, tuvo que retirarse en plena competencia después de recorrer 17 kilómetros, según la versión oficial, debido a una lesión en su rodilla derecha. De todas formas, su compatriota Mamo Wolde, terminó ganando la carrera. Poco después se supo que Abebe había sufrido una grave lesión -la fractura de un hueso del pie-, pocos días antes de la competencia, y que aún con esa molestia, decidió correr por su país. Solamente cuando el dolor ya se hizo insoportable, fue cuando decidió abandonar la competencia.

En toda su carrera deportiva, Abebe participó en más de 26 maratones, de las más importantes del mundo. Participó en tres Olimpiadas, en dos de las cuales logró la medalla de oro. Quién sabe que de no haber mediado la última lesión, hubiese sido el único atleta en ganar la maratón en tres Olimpiadas consecutivas.

A la edad de 36 años, en 1969, Abebe Bikila se encontraba al volante de su auto Volkswagen durante unos disturbios civiles en la capital de su país, y repentinamente tuvo que desviarse para evitar un piquete de manifestantes, pero perdió el control de su auto y cayó dentro de una zanja, quedando atrapado entre la carrocería. Cuando fue liberado del coche, se dieron cuenta de que había quedado tetrapléjico. Durante los siguientes 9 meses, fue tratado en Etiopía y operado en Inglaterra con ayuda del gobierno. Gracias a esa operación, logró mejorar su condición a paraplejía, recuperando en algo su movilidad.

Aún así, con su difícil condición física, quiso seguir represntando a su país, y lo hizo en la modalidad de Tiro con arco, en Inglaterra, el 20 de julio de 1970.


La vida del legendario Abebe Bikila tuvo un trágico final en octubre de 1973, cuando murió a causa de una hemorragia cerebral secuela del accidente automovilístico. Fue enterrado en una ceremonia oficial, donde se dieron cita 75.000 personas para llorar a su héroe. El Emperador Haile Selassie I proclamó un día de luto nacional en memoria del ídolo del pueblo.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5

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miércoles, octubre 13, 2010

La tragedia del Manchester United

El 6 de febrero de 1958, el Manchester United volvía a Inglaterra después de disputar los cuartos de final de la Copa de Europa ante el Estrella Roja de Belgrado de la ex Yugoslavia, ahora Serbia. El United había empatado 3-3 , y se clasificaba para las semifinales donde lo esperaba el AC Milan de Italia.

Manchester United de 1958

El vuelo 609 de la British European Airways partió desde Belgrado, e hizo escala en Munich. Luego de abastecerse de combustible, el capitán James Thain intentó despegar dos veces, pero no consiguió levantar el vuelo. La pista estaba congelada debido al mal tiempo y soplaba mucho viento, aún así, el piloto lo intentó una tercera ocasión, y el avión no pudo alcanzar la altura adecuada y acabó estrellándose contra una vivienda cercana, en unos terrenos circundantes al aeropuerto.


Siete futbolistas del Manchester United murieron en el acto, mientras Duncan Edwards, una de las mayores promesas del fútbol inglés, falleció en un hospital 15 días después debido a sus múltiples lesiones, a la edad de 21 años. Este jugador fue el internacional más joven de la historia de Inglaterra hasta la aparición de Michael Owen en 1998. Aún se lo recuerda como el "James Dean del fútbol", y todos quienes lo vieron jugar afirman que hasta ahora nadie ha alcanzado su nivel. Nunca se sabrá hasta donde pudo haber llegado en el fútbol, ya que apenas pudo mostrar su talento cuatro años en Primera División.


También fallecieron ocho periodistas que acompañaban al equipo, un aficionado, un directivo, dos miembros del cuerpo técnico y tres miembros de la tripulación. El entrenador, Matt Busby tuvo que ser hospitalizado de gravedad tras el impacto, pero se recuperó. El trágico saldo fue de 23 víctimas mortales y 21 sobrevivientes.

Las primeras investigaciones determinaron que había sido una falla humana, y señalaron como responsable del accidente el piloto inglés; sin embargo, luego se comprobó que el siniestro había sido causado por la acumulación de aguanieve al final de la pista, lo que causó la desaceleración de la nave, impidiendo que alcanzara la velocidad adecuada para elevarse.


Las autoridades de Alemania Occidental no quisieron aceptar su responsabilidad, y emprendieron acciones legales contra el capitán Thain, convirtiéndolo en el responsable principal y directo del siniestro, a pesar de hallarse pruebas contundentes y testigos del accidente que exculpaban al piloto.

Futbolistas que fallecieron

Por alguna extraña razón, los testigos del caso nunca fueron llamados a declarar por las autoridades germanas y solo se tomaron acciones judiciales en contra del piloto, las cuales finalizarían en 1968, siendo declarado como inocente de cualquier responsabilidad del accidente. De todas formas, poco después del suceso, Thain fue despedido de la aerolínea.

Como todos sabemos, después de cualquier tragedia la vida continúa, y el Manchester United debía hacerlo también. Reapareció dos semanas después con un equipo de reservas y juveniles, de la mano de Bobby Charlton, superviviente de la tragedia y uno de los futbolistas con más proyección de aquel entonces. Fue dirigido interinamente por Jimmy Murphy y goleó en la Copa al Sheffield a domicilio, ante una hinchada que ovacionó a los diablos rojos. Ese mismo año logró llegar a la final que la perdió ante el Bolton (2-0) en Wembley, y así poco a poco fue curando, aunque nunca olvidando sus heridas.

Placa recordatoria en el estadio

Los seguidores del Manchester United buscaron la forma de conmemorar a sus héroes caídos. En el estadio de Old Trafford existen dos placas conmemorativas del suceso, ademas del ya famoso Reloj de Munich que se encuentra en uno de los graderios marcando la hora exacta y la fecha del fatídico accidente. Las tumbas de aquellos jugadores son casi como santuarios para los miles de fanaticos del equipo, no solo ingleses, sino de todo el mundo.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4

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