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lunes, mayo 28, 2012

El sabio que vivía en una tinaja

Diógenes nació en la colonia griega de Sínope en el 412 a. C. Se sabe que era hijo de un banquero llamado Hicesias, y que ambos, padre e hijo, fueron desterrados por haber fabricado moneda falsa. Diógenes se vanagloriaba de haber sido cómplice de su padre, y este suceso, en cierto modo, lo hizo conocido como "Diógenes el Cínico". Otra versión dice que fue llamado cínico (perruno) porque empezó a vivir como los perros -y rodeado de ellos-. Kynikos, es el adjetivo de kyon, perro.

Diógenes y los perros

En fin, la cuestión es que fue exiliado de su ciudad natal y trasladado a Atenas, donde vivió como esclavo y luego como vagabundo en las calles, convirtiendo su extrema pobreza en virtud. Él mismo decidió no volver a dormir bajo techo ni sobre una cama; vivía dentro de una tinaja donde guardaba sus únicas pertenencias: una manta, un zurrón, una linterna, su bastón y un pequeño cuenco (hasta el día que vio a un niño beber agua con sus manos y se desprendió de él).

Solía recorrer las calles con la linterna encendida diciendo que “buscaba” hombres honestos. Se desplazaba constantemente entre Atenas y Corinto, predicando, a quienes tenían la paciencia de escucharlo, acerca de la frugalidad y autosuficiencia: sobre la libertad que otorgaba la austeridad y sin los lujos que proporcionaba el dinero. Diógenes pensaba que la ciencia, los honores y las riquezas eran bienes despreciables. El quid de su filosofía consistía en denunciar lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio -decía- debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades. Aún, con su conocida impertinencia, se convirtió en uno de los filósofos más famosos de su época.

Se cuenta que, cuando Alejandro Magno llegó a Corinto pidió conocer a Diógenes, "al filósofo que vivía con los perros". Alejandro sentía mucho respeto por los filósofos, pues él mismo tuvo como tutor a Aristóteles.

Alejandro Magno y Diógenes

Llevaron a Alejando al lugar y le mostraron la gran vasija donde dormía. Muy cerca se hallaba Diógenes absorto en sus pensamientos. Alejandro, al verlo se acercó interesado en entablar conversación con el anciano. Magnánimo como era, quería otorgarle todo lo que el sabio pidiera: Le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes lo regresó a ver y le respondió:
-"Si, quitaté, que me estás tapando el Sol".
Los cortesanos y acompañantes se burlaron del viejo, diciéndole que aprovechara la oportunidad, que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada y los cortesanos siguieron riendo y burlándose. Alejandro los hizo callar y dijo: -"De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes".

Pocos días después, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Le preguntó que hacía. Diógenes dijo: -"Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo". (Hay que aclarar que el padre de Alejandro Magno fue Filipo, Rey de Macedonia, el cual se atribuía orígen divino).

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viernes, mayo 25, 2012

La raza que arruinó a Europa

La realeza y la etiqueta no siempre fueron de la mano como generalmente se cree. En la historia hubo reyes bárbaros y emperadores tan sabios o prudentes como cualquier burro; que más bien, se iban refinando o adoptando mejores modales, a medida que tenían que recibir, atender y negociar con emisarios de reinos rivales. Aún en la edad media y comienzos del renacimiento, los mismos reyes franceses odiaban las formas protocolarias. El gran cambio sobrevino bajo el reinado de Luis XIV, el Rey Sol.

Luis XIV amaba la vida de la corte, se complacía del esplendor de Versalles y se veía gigante, imponente, omniscente entre tanto espejo. Él sin duda era el Sol y había nacido para reinar (al menos eso le enseñaron desde niño), y todo el universo debía girar alrededor de su persona. Así, con esta mentalidad, fue que reorganizó y desarrolló la etiqueta real de acuerdo con sus propios gustos; etiqueta que empezaba muy temprano, desde que el monarca se dignaba en abrir los ojos. Pero seamos testigos de un día normal del Rey Sol. Asistamos al momento en que Luis XIV despertaba y empezaba su ardua faena:

Era deber del jefe de mozos personales separar las cortinas de la cama real por la mañana. Su Muy Cristiana Majestad se dignaba abrir un ojo, y luego el otro. Los mozos sólo permitían el paso a los dignatarios autorizados a presenciar la solemne ceremonia. Entraban los príncipes de sangre seguidos por el Chambelán Principal, el Gran Maestre del Guardarropa y cuatro chambelanes comunes de la corte. Del mismo modo que el sol era el centro del sistema solar, el Rey Sol lo era de su corte.

Luis XIV (1638 - 1715)

Después de una breve plegaria, el jefe de mozos derramaba sobre las manos reales unas pocas gotas de eau de vie perfumada, a manera de ablución, de "purificación espiritual". Ya purificado, el Primer Chambelán ofrecía primero las zapatillas reales, luego entregaba la bata real al Gran Maestre del Guardarropa, y ayudaba a Su Majestad a ponérsela. Con la bata puesta, el rey se sentaba en su sillón. El barbero de la corte le quitaba el gorro de dormir real (no es broma) y peinaba los cabellos del monarca, mientras el primer Chambelán sostenía un espejo.

Todos los rituales de Versalles tenían su significado e importancia. Acomodar las zapatillas en el pie real o ayudar a Su Majestad a ponerse la bata, representaban señalados favores que el resto de cortesanos envidiaban amargamente. Esta ceremonia matinal era conocida como "Le lever du roi" (el despertar del rey), y el estricto orden que se seguía fue establecido por el propio Luis XIV, y debía ser acatado sin el más leve desvío. Hasta el día en que el rey murió, el primer chambelán siempre le puso siempre las zapatillas, y el Gran Maestre del Guardarropa se ocupó de pasarle la bata. Proponer un cambio en el ceremonial era inconcebible y habría sido visto como traición al Rey Sol, como una revolución.

Cámara real y lecho de Luis XVI (nótese el pasamano dorado)

Bueno, Le lever era la primera parte, el aspecto íntimo de la mañana (o de cualquier hora al despertar). Seguía luego el segundo acto, más solemne aún: Los uniformados que hacían guardia en la entrada de la habitación abrían las amplias puertas para que entrara la corte. Duques y nobles, embajadores, mariscales de Francia, Ministros de la Corona y de la iglesia, los presidentes de los parlamentos y dignatarios de todo tipo y pelaje. Todos ocupaban lugares cuidadosamente establecidos de antemano, del lado exterior de la barrera dorada que dividía el dormitorio en dos partes, y contemplaban el espectáculo con silenciosa ansiedad. Era ni más ni menos que una obra teatral de gran gala, en la cual, el primer papel, siempre era el del rey.

El protocolo continuaba: El rey se quitaba la bata, ayudado por el Gran Maestre del Guardarropa por la derecha, y el jefe de lacayos a la izquierda. La bata era una prenda menos trascendente que la camisa de dormir. Mucho más complejo era el acto en el que el rey se despojaba de la pijama y se ponía la camisa de día. Un caballero de la cámara real se la entregaba al primer chambelán, quien a su vez, se la pasaba al Duque de Orleáns (hermano del rey). El rey recibía la camisa de manos del duque, se la ponía sobre los hombros, y con la ayuda de dos chambelanes se quitaba la camisa de noche y se acomodaba la del día.

Los cortesanos ayudaban a Su Majestad a acicalarse, a ponerse los zapatos, a asegurar las hebillas de diamantes, a colgar la espada y la cinta de la orden elegida por el monarca. El Gran Maestre del Guardarropa (generalmente el duque francés de más edad) desempeñaba un papel importantísimo: sostenía en sus manos las ropas usadas el día anterior, mientras el rey sacaba de los bolsillos pequeños objetos de uso diario y los ponía en los que estaba vistiendo. También presentaba al monarca, en una bandeja de oro, tres pañuelos bordados, para que el rey eligiese uno; y por último le entregaba el sombrero real, los guantes y el bastón.


El rey abandonaba su habitación y los cortesanos lo seguían, pero en su recamara seguía aún desarrollándose una breve “ceremonia secundaria”. Era preciso arreglar el lecho real, pero jamás apresuradamente, como solemos hacerlo la mayoría de mortales. Este procedimiento tenía también sus reglas escritas. Un lacayo se colocaba a la cabecera de la cama, otro a los pies, y era sólo "el tapicero" de palacio quien podía arreglar el augusto lecho. Además, debía hallarse presente uno de los chambelanes, vigilando que se cumplan las reglas de la operación y evitando cualquier anomalía. La cama, al igual que el resto de muebles y artículos de uso cotidiano, debía ser tratada con el debido respeto. Quien pasara la barrera dorada que dividía la cámara, estaba obligado a realizar una genuflexión ante el sagrado lecho.

Esta costumbre del "despertar" se convirtió en tradición real y fue adoptada por muchas cortes europeas. El alemán Johann Küchenbecker describe en 1732 una ceremonia semejante en el Palacio de Hofburg en Viena. La única diferencia aquí, era que el rey cumplía la ceremonia en una habitación cercana a la suya, a la que entraba cubierto con una bata. Allí, sus chambelanes lo vestían, lavaban y peinaban. El Lever de los Habsburgo llegó a ser más exclusivo que el de Versalles; no se admitía a nadie sin un examen estricto de sus antepasados y de la pureza de su sangre.

Luis XIV, el Rey Sol

A pesar de ser muy formal y estricto, Luis XIV muchas veces enternecía y mostraba destellos de su infinita bondad. Si el día estaba nublado (cosas del invierno), o simplemente si se necesitaba luz, se daba también la oportunidad a algún miembro del público de participar en el lever. El chambelán principal preguntaba en voz baja al rey quién debía sostener el candelabro. Su Majestad nombraba a éste o a aquél dignatario, el cual, con el pecho henchido de orgullo se encargaba de sostener el candelabro de dos brazos durante el tiempo que durase el asunto. Esto de los candelabros de dos velas tenía su importancia, porque Luis XIV había regulado también el empleo de velas y candelabros en el sistema de etiqueta de Versalles. Sólo el rey tenía derecho a un candelabro de dos velas, los demás debían contentarse con un candelabro de un brazo. Este principio fue aplicado en todos los aspectos de la vida. Por ejemplo, a este rey le gustaban las chaquetas con bordados gruesos de oro, por lo tanto, hubiese sido inconcebible que cualquier cortesano (o francés) usara algo parecido.

Chaqueta bordada con oro y plata de Luis XIV (conservada en Versalles)

Este tipo de chaqueta con recamados de oro y plata enloquecían al rey. Le gustaban mucho y tenía sus propios artesanos especializados en su laborioso bordado. Algunas veces, como raro favor, otorgó el honor de que ciertos meritorios individuos, recamaran de oro sus chaquetas. Se extendía un permiso escrito, firmado por Su Majestad y refrendado por el Primer Ministro. Esas chaquetas deberían ser azules y tenían un nombre especial: justaucorps á brevet, chaquetas certificadas. Es como si ahora fuese un honor (además de caro y prohibido) para los ecuatorianos, usar las camisas bordadas que suele ponerse el presidente Rafael Correa. Camisas muy bonitas, por cierto. Los aristócratas, dominados por la vanidad, consideraban como un favor del rey el permiso de usar estas prendas, eran lo máximo porque "significaba" que eras un gran pana del rey, que pertenecías a la créme de la créme, que eras la última coca cola del desierto, etc.


Las Joustacorp á brevet, las famosas chaquetas registradas

Las blue jacket llegaron a ser tan cotizadas como un Collar de la Orden de San Luis. Hay que destacar, ya que aquí se trata de conocer los pequeños detalles, que por aquel entonces se llevaban las chaquetas sobre el jubón, que era un camisón que te ceñía desde los hombros a la cadera. Luego te ponías la casaca azul, y sobre ella, te ajustabas una correa de cuero que cruzaba desde el hombro derecho hasta el lado izquierdo de la cintura, donde colgabas tu espada. Una elegancia total.


Complementando el atuendo, te ponías una especie de cinta de encaje alrededor del cuello, y terminabas el estilo fashion mimadodelrey con un sombrero que podía tener plumas o un bonito moño. Esta moda de vestir, que duró hasta 1684, prevaleció en toda Europa, con excepción de España y Portugal. El resto de Europa se enorgullecía de imitar a la corte de Luis XIV.

Aún más complicado era el ceremonial de la mesa. Cuando llegaba el momento de la comida de Luis XIV, el mozo principal (ujier) golpeaba con su bastón la puerta de los Guardias Reales, y reclamaba en voz alta: “¡Caballeros, cubierto para el Rey!” Cada uno de los oficiales de la Guardia Real recogía el plato o cubierto que le había sido encomendado, y la procesión se encaminaba hacia el gran salón comedor; a la cabeza marchaba el ujier principal, luego los oficiales, y a ambos lados los guardias. Depositaban la carga sobre la mesa de servicio, y "por el momento" sus funciones habían concluido, porque tender la mesa, era tarea de otros funcionarios de la corte. Una vez que habían cumplido su misión, el chambelán de servicio cortaba el pan e inspeccionaba la vajilla. Después de comprobar que todo estaba en orden, el mozo principal rugía nuevamente: “¡Caballeros, carne para el rey!” Los guardias se ponían en posición de firmes y cierto número de dignatarios de la corte marchaban a la habitación vecina donde examinaban atentamente los platos destinados a la mesa real. El chambelán de la corte los disponía en correcto orden; luego tomaba dos rebanadas de pan y las empapaba ligeramente en la salsa o jugo de las viandas. Probaba una y ofrecía la otra al mayordomo principal. Si estos dos altos dignatarios consideraban que los platos tenían buen sabor, la procesión se formaba nuevamente; a la cabeza se colocaba otra vez el ujier principal con su bastón, detrás el chambelán de la corte con su vara de oro, luego el chambelán con un plato, el mayordomo principal con el segundo, el inspector de la cocina real con el tercero, y detrás varios dignatarios de diferentes categorías. Los platos eran escoltados por guardias armados de carabinas...era el protocolo.


Una vez que los alimentos habían llegada al comedor, se anunciaba al rey -por medio de otras formalidades estrictamente prescritas- que el almuerzo o la cena estaban servidos. El servicio de la mesa era tarea de otros seis nobles chambelanes. Uno cortaba la carne, otro la servía, el tercero la ofrecía, y así sucesivamente. Cuando el rey deseaba beber, el copero de la corte exclamaba: “¡Bebida para el Rey!” El asignado doblaba la rodilla frente a Su Majestad, se dirigía a la alacena y recibía del bodeguero de la corte una bandeja con dos jarros de cristal. Uno contenía vino, el otro agua. Otra genuflexión, y entregaba la bandeja al chambelán encargado del servicio; este último mezclaba un poco de vino y agua en su propio vaso, probaba el líquido, y luego devolvía la bandeja al copero. Después de este procedimiento solemne y ceremonioso el rey podía beber. Y así, con cada plato se repetía la misma ceremonia.


Cuando el día tan minuciosamente regulado terminaba y el rey se retiraba a sus aposentos, se repetía la ceremonia del lever, pero a la inversa, como rebobinando un rollo de película. Se diferenciaba en que su lavatorio eran un poco más abundante que en la mañana. Se disponía una toalla sobre dos bandejas de oro, cuyo extremo estaba húmedo y el otro seco. El rey utilizaba la parte húmeda para frotarse la cara y las manos, y se quitaba la humedad con la parte seca de la toalla. Puedo parecer cansino, pero hay que subrayar que la presentación de la toalla, como era función muy honrosa, esta estaba reservada a los príncipes por consanguinidad, es decir, hermanos o cuñados. La etiqueta de la corte distinguía los diferentes aspectos de este sencillo acto con minuciosa delicadeza. Si también estaban presentes los hijos o nietos del monarca, la toalla pasaba de manos del chambelán principal al príncipe de más elevada jerarquía.

Esta cotidiana idolatría necesitaba de un enjambre de dignatarios y funcionarios de la corte, de complicados y extensos títulos. Por ejemplo, sólo la cocina real ocupaba 96 supervisores nobles, entre ellos 36 mayordomos, 16 inspectores, 12 chambelanes y un chambelán principal. El personal total de la cocina sumaba 448 individuos, sin contar los servidores empleados en ella y los servidores que atendían a los servidores.

Luis XIV introdujo en Versalles un sistema que regulaba las jerarquías y funciones y que perduró hasta que les cortaron las cabezas la Revolución Francesa. Creó nuevos puestos para su propio servicio y aseo personal, entre ellos el de Gran Maestre del Guardarropa. Restableció las normas establecidas por Francisco I para los grandes banquetes (lavarse las manos, usar tenedor) y aumentó su número de comensales. Doce de aquellos mesones estaban reservados para los oficiales que cenaban en la presencia del rey, y a los que se atendía con el mismo cuidado y derroche que al soberano. Pero, estos nuevos puestos, esta nueva burocracia de palacio no eran gratuitos, como veremos más adelante. El honor de cenar o vivir cerca del rey, tenía su costo.

Tal incremento de servidores y jerarquías cortesanas, también tenía lo suyo, y aunque no lo parezca, se hacía por el bien de las finanzas del reino. Me explico: En la deslumbrante corte de este vanidoso rey, vivía uno de los pocos hombres equilibrados de la época: Jean Baptiste Colbert, su Ministro de Finanzas. Se le ocurrió a Colbert que, si a los nobles les gustaba estar en la corte, bien podía establecerse un impuesto sobre ese derecho, un impuesto a la vanidad. Y dio resultado. Colbert vendía los títulos y las jerarquías de la corte. Un título barato era el de maestro de cocina que costaba sólo 8.000 francos. Obviamente estos los precios aumentaban, en proporción al grado de importancia. Así tenemos que, si querías ser el mayordomo principal, por ejemplo, debías pagar 1'500.000 francos, ahí cash, uno sobre otro; luego podrías ya pavonearte con tu deslumbrante puesto, y tu supuesta cercanía al rey.


Colbert confirió a estas inversiones, cierto aire de respetabilidad prometiendo pagar a los compradores de títulos un pequeño interés anual sobre el capital que entregaban. Sin duda, recibían el interés, pero los compradores sabían muy bien que jamás volverían a ver su capital, era claro, pues nunca querrían salir de la corte por decisión propia. Algunos nobles y no tan nobles que invirtieron, necesitaban también mantener sus otras propiedades, amantes e hijos, así que trataron de compensarse por otros medios. A la final, si estabas en Versalles, te codearías siempre con los mejores contactos. De acuerdo con los cálculos de los historiadores, estos inversores robaron cinco veces más que el interés de la inversión realizada.

Jean Baptiste Colbert

Un detalle paradójico a tomar en cuenta, es que en un palacio tan erguido y solemne se podía circular libremente por los parques, jardines y bosquecillos, por las galerías y salones, incluso por los espaciosos apartamentos del rey. Este privilegio lo había impuesto Luis XIV para que sus súbditos pudieran admirar, embobados, su grandeza sin par, solar y magnificente. Así, en 1774, se publicó para uso de los visitantes una minuciosa y extasiada descripción del palacio y de sus ya famosos jardines, lo que constituía una de las primeras guías turísticas que se hayan conocido. Es decir que, con aquel libro en la mano, se podía entrar libremente –y también sin él aunque con menor conocimiento-, pese a la gran cantidad de guardias que había en palacio (Mosqueteros Negros y Grises, Guardias Suizos, Guardias de Corps, Guardias Franceses). Quizá debido a esa misma abundancia de tropas, tan abigarradas y coloridas, fue que a la hora de la verdad resultaron ineficaces.

Los Jardines de Versalles

Por otro lado, a los visitantes no se les exigía documentos –que tampoco existían- y cualquiera podía alquilar o pedir prestado un sombrero y un corbatín, o una inútil espada doncella para ceremonias. Y una dama que fuera bien vestida, aunque fuera de aldeana acomodada, circulaba sin el menor impedimento. Así pues, cualquiera podía contemplar el petit couvert del rey, o verle jugar a la pelota, o asistir a las presentaciones de la corte. Todo ello, desde luego, mientras fueron tiempos sosegados, antes de la insólita revolución de aquellos incómodos pensadores.

Todo esto podría haber sido un fenómeno sin importancia, un capítulo ridículo pero secundario de la historia de la estupidez humana, sin embargo, su costo fue enorme, no sólo para Francia sino para Europa en general. Por doquier aparecieron pequeñas (y a veces no tan pequeñas) reproducciones de la corte de Versalles. Los pequeños príncipes alemanes, así como los grandes duques y los nobles italianos quisieron imitar al Rey Sol. Innumerables dominios y principados se arruinaron debido al estúpido deseo de emular a un enfermo vanidoso.

Para perpetuar y mantener sus fatuos rituales, esta gente mató de hambre a su pueblo y hasta llegaron hasta a vender sus propios soldados, quienes terminaron sus días en tierra extranjeras, defendiendo a otros reyes. Las innumerables guerras de los monarcas europeos se originaron principalmente por este sentimiento de vanidad. El Rey Sol podría sentirse orgulloso; fue el centro no sólo de su corte y de Francia, sino que dejó infectado de fanfarronería al continente que se decía "el mundo civilizado".

Fuentes y referencias:
La información proviene de estos dos libros:
-La sociedad cortesana de Norbert Elias (descargar)
-El siglo de Luis XIV de Voltaire (descargar)
Las imágenes son encontradas en Google

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martes, abril 10, 2012

El rey que mató a su hijo de un bastonazo

"Un guardia salió en busca de auxilio. Acudieron sirvientes con recipientes de agua y lienzos para ayudar. Llegó un médico, se inclinó sobre el herido, examinó la lesión y movió lentamente la cabeza: hay pocas esperanzas, dijo."

Creo que no hay mucho que ahondar en quien fue Iván IV de Rusia apodado “El Terrible”, dado que su fama lo precede hasta nuestros días. De todas formas haré un pequeño resumen de sus barbaridades antes de enfocarnos en la historia del bastonazo.

Iván IV Vasilievich, nació en 1530 y murió en Moscú en 1584. Fue Zar de Rusia desde 1547 hasta su muerte. A pesar de ser coronado a los tres años tras la muerte de su padre, su madre ejerció la regencia durante cinco años más, hasta que fue envenenada por nobles de la corte rusa. Allá en la Rusia Imperial, los nobles recibían el nombre de boyardos. Desde niño fue humillado y manipulado por familias boyardas cercanas a palacio, pero lo que definitivamente marcó su carácter, fue el ser testigo, a la edad de ocho años, de cómo su madre se retorcía víctima del veneno. Luego fue recluido en el palacio real donde lo obligaron a vivir casi como un mendigo. Juró desde ese momento, que algún día se vengaría de aquellos boyardos y cortesanos, que tanto daño le había infringido.

A los 13 años empezó a ganarse el respeto, cuando ordenó a un grupo de leales suyos que capturaran a un príncipe de la familia Shúiski y lo arrojaran a una jauría de perros para que lo destrocen. Con 16 años físicamente estaba hecho un hombronazo, era muy corpulento, y aunque destacaba en escritura y era un devorador de libros, siempre mantuvo esa mirada de odio, la que se le impregnó a temprana edad.

Iván IV de Rusia

A los 17 años, después de casarse con Anastasia Romanova Zajarina, fue coronado como Zar de todas las Rusias. Este fue el primero y más importante de sus matrimonios. A esta edad Iván ya solía tener ataques de furia aterradores; no podía controlarse, era como si de pronto se convirtiese en un animal salvaje. Sus más cercanos colaboradores aseguraban que en esos ataques "al zar le salía espuma por la boca como a los caballos" y que cuando se calmaba, se quedaba horas en silencio mirando a un punto fijo. Cuentan también que en medio de esos ataques coléricos, era común que se arrancase mechones de su larga cabellera o se diera de cabezazos contra las paredes.

En 1560 murió su esposa Anastasía y el zar se transformó en un gobernante psicópata, fanático religioso y autoritario. Este dramático cambio en la personalidad se desencadenó no sólo por la muerte de su esposa, sino también por el tratamiento con mercurio (para la sífilis) que estuvo a punto de causarle la muerte en 1553. Durante esta época Iván pidió a los boyardos que hicieran una alianza con su hijo mayor para que éste gobernara tras su muerte, a la cual los boyardos se negaron. Esto agravó aún más su desconfianza y llegó a pensar que su esposa también había sido envenenada por ellos. El resultado de estas conspiraciones, reales o supuestas, fueron brutales represalias, con asesinatos de príncipes, boyardos y partidarios. Iván tenía 33 años cuando empezó en Rusia un período de terror y sangre.

Iván El Terrible pintado por Alexander Litovchenko (1875)

En 1564 el zar descendió un escalón más en el proceso de su desequilibrio mental, cuando abandonó Moscú debido a la desconfianza que le despertaban los miembros de la corte. Se retiró a un monasterio, un sitio escondido en el bosque, unos cien kilómetros al noreste de la ciudad. Desde allí le escribía largas cartas al arzobispo, en las que denunciaba a los laicos y eclesiásticos de la clase gobernante y apelaba al apoyo del pueblo, de quien se proclamaba defensor. Como le pidieron que regresara, volvió a Moscú a principios de 1565. En apenas un año había envejecido como veinte. Aunque apenas tenía treinta y cinco años, parecía mayor: estaba muy arrugado, con una calvicie pronunciada y una barba mal cuidada.

Siguió matando a príncipes acusándolos de homosexuales, reprimió con su ejército ciudades sublevadas como Nóvgorod, donde torturó, decapitó y empaló a 50.000 rebeldes según datos de la época. Algunos historiadores modernos estiman que fueron sólo 3.000 los decapitados y empalados. También mandó a hacer algo parecido contra la ciudad de Pskov.

Se casó un total de ocho veces, pero los más curiosos fueron el sexto y séptimo matrimonio. Su sexta esposa fue la insensata Vasilisa Melentieva, quien, conociendo el carácter de "su terrible", cayó en desgracia al ponerle los cuernos con el príncipe boyardo Iván Devtelev. El zar lo hizo empalar en su presencia y luego se deshizo de ella enclaustrándola en un convento. Mujer afortunada, porque de todas formas la sacó barata. Poco después Iván volvió a casarse y cuando descubrió que su séptima esposa, María Dolgurukaya, no era virgen, babeando de cólera, la hizo ahogar al día siguiente.

Vasilisa Melentieva, su sexta esposa. La que le puso los cuernos.

En sus últimos años dio rienda suelta a sus perversiones sexuales. Según algunos escritores, se jactaba de haber desflorado a más de mil vírgenes y posteriormente haber asesinado a los hijos engendrados, eso lo cuentan especialmente sus biografos polacos. Aunque esto pueda parecer una leyenda negra, existe una base real en las elecciones de la novia del zar, a las que asistían muchas chicas boyardas cuando eran convocadas a la capital.

A pesar de haber visto y cometido tantas atrocidades, el hecho que lo afectó más profundamente en vida, fue la muerte de su hijo y sucesor, de la que en un momento de rabia, él mismo fue responsable. En 1581 el zar golpeó con su bastón de mando a Elena Sheremeteva, la tercera esposa de su hijo, que estaba embarazada, porque, según el viejo monarca, vestía de manera indecorosa. La mujer cayó al suelo y perdió el bebé. Cuando el zarevich llegó a quejarse, a éste también lo recibió con un bastonazo en la cabeza, hiriéndolo de muerte.

Iván el Terrible y su hijo, 16 de noviembre 1581, pintado por Ilya Repin (1885)

Acercamiento a los rostros del lienzo de Ilya Repin

Un guardia salió en busca de auxilio. Acudieron sirvientes con recipientes de agua y lienzos para ayudar. Llegó un médico, se inclinó sobre el herido, examinó la lesión y movió lentamente la cabeza: hay pocas esperanzas, dijo. Durante tres días todos rezan y el Zar aguarda, angustiado, que se cumpla el milagro y su hijo despierte. Deshecho de remordimientos, Iván “El Terrible” camina y llora por el palacio suplicando por su hijo. Vuelve a su habitación y se postra ante los íconos. De rodillas, promete a Dios dejar de infligir torturas, liberar a los prisioneros, construir iglesias, repartir el resto de su fortuna entre los pobres. Nada. El 19 de noviembre de 1581, el zarevich muere. El zar se niega a dormir y a alimentarse. Se siente doblemente culpable: porque ha matado a su hijo y porque ese hijo era el heredero del trono. Al eliminarlo en un acceso de ira, ha ofendido a Dios y a Rusia al mismo tiempo. El dolor es insoportable.

Iván el Terrible en el lecho de muerte de su hijo. Pintura de Vyacheslav Schwarz (1861)

Tres años después la salud del zar ya estaba muy deteriorada. Según los informes de la época, padecía una "descomposición de la sangre" y tenía una "corrupción en las entrañas". Se le hinchaba el cuerpo, se le descamaba la piel y desprendía un olor muy fuerte. Lo único que lo calmaba era bañarse en agua caliente. Muere el 19 de marzo de 1584 mientras jugaba ajedrez con su guardaespaldas.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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miércoles, febrero 08, 2012

La página más triste de Pushkin

"La belleza de Natalia enseguida causó furor en la alta sociedad, y hasta el emperador Nicolás I fue uno de sus admiradores. Mientras tanto, y debido a su popularidad como escritor, Pushkin se veía obligado a pasar en Moscú más tiempo de lo que deseaba..."

Las confrontaciones físicas relacionadas con insultos o posicionamiento social se remontan a la prehistoria, pero el concepto de duelo formal en la sociedad occidental se originó en el duelo judicial de la Edad Media.

La iglesia lo condenaba, pero la sociedad no. De hecho, vencer en uno de ellos era reconocido como un acto de heroísmo y no como asesinato, y el estatus social del vencedor se veía incrementado. Hasta hace un par de siglos, el duelo establecía la respetabilidad de un caballero y era el medio aceptado para resolver disputas. En aquellas sociedades era sin duda una mejor (y más rápida) alternativa que otras formas de conflicto menos reguladas.

Con esos antecedentes, vamos a nuestra historia: Aleksandr Pushkin es considerado el poeta más grande de Rusia y el fundador de la literatura rusa moderna. Fue el primero que fusionó el lenguaje eslavo cotidiano con la vieja escuela rusa, con lo que su poesía cobró más fuerza y colorido.

Aleksandr Pushkin

Pushkin pertenecía a una familia aristocrática culta, distinguida y con un largo linaje, pero era pobre. Después de valerse de muchas amistades pudo ser aceptado en el Liceo Imperial, que era la escuela exclusiva para la nobleza. Se graduó en 1817 con excelentes notas, lo que lo hizo acreedor a una beca del Consejo de Relaciones Exteriores en San Petersburgo.

Los siguientes tres años que la pasó viajando y escribiendo sus experiencias. Se hizo conocido en las altas esferas y era bien recibido en los más altos círculos sociales y literarios. A pesar de este estilo de vida frívolo, Pushkin creía que su país necesitaba una reforma social. Llegó a ser asociado con otros aristócratas miembros de un movimiento radical, responsable de una sublevación en 1825, pero se dice que Pushkin nunca fue parte de ella. Sus escritos no se salvaron y fueron considerados revolucionarios, en especial "Oda a la Libertad", que enfureció particularmente al emperador Nicolás I, por lo que fue desterrado de San Petersburgo, que era entonces la más cosmopolita y aristócrata ciudad del Imperio Ruso.

Durante el exilio recorrió Ucrania dedicándose a las letras y al teatro, y fue allí en 1929, donde conoció a Natalia Goncharova, de quien se dice que fue la mujer más bella de Rusia. Fueron novios durante dos años, hasta que en 1831 recibió el perdón del emperador y decidieron casarse.

Natalia Goncharova

En octubre de 1831 Pushkin se trasladó a vivir nuevamente en San Petersburgo, donde fue muy bien recibido por sus amigos aristócratas. La belleza de Natalia enseguida causó furor en la alta sociedad, y hasta el zar Nicolás I llegó a ser uno de sus admiradores. Mientras tanto, y debido a su popularidad como escritor, Pushkin se veía obligado a pasar más tiempo en Moscú de lo que deseaba.

Tal era la belleza de Natalia, que el 30 de diciembre de 1833, Nicolás I invistió a la joven pareja como kammerjunker (cortesanos). Pushkin, que no era ningún tonto, se sintió profundamente ofendido porque además de serle inútil en términos literarios, sabía que el nombramiento era sólo una excusa para ver a su mujer en los frecuentes bailes de la corte. Por otro lado, tampoco podía darse el lujo para gastar lo poco que ganaba en vestidos para que Natalia los use en cada baile, ya que como todo escritor honesto, vivía al día.

Sus problemas aumentaron cuando Natalia llevó a sus dos hermanas solteras a vivir con ellos (buscar marido) en el otoño de 1834. Meses antes, Pushkin también se había hecho cargo de las deudas de su hermano sin comentárselo a su esposa. Su situación financiera se vio agravada por lo que solicitó un considerable préstamo para cubrir sus deudas más apremiantes, y tramitar el permiso para publicar una revista. En 1836 se le permitió publicar una revista literaria trimestral que no tuvo mayor éxito.

Tras cuernos, palos. Muchos críticos empezaron a referirse a las obras de Pushkin como anticuadas y en desuso, situación que lo sumió en una profunda depresión.

Para esto, su vida conyugal se había vuelto un tormento. En 1834 Natalia Pushkina conoció a un apuesto militar francés al servicio de su embajada. Su nombre era George d’Anthes.

George D'Anthes

D'Anthes conoció a Pushkin y a su esposa en uno de los tantos bailes de la Corte, y se volvió loco por la hermosa y coqueta "Natasha". El francés la cortejó con descaro, de tal manera que se hizo evidente y Pushkin llegó hasta a amenazarlo verbalmente.

D'Anthes no cesó es su empeño durante dos años, pero luego cambió de estrategia: se casó con una de las hermanas de Natalia (Ekaterina), el 10 de enero de 1837. Mucho se ha hablado sobre este matrimonio, se dice que fue arreglado para contrarrestar los chismes de la sociedad y para acercarse a Natalia. De todas formas no fue suficiente para terminar con las habladurías ni para reconciliar a los dos nuevos concuñados. De hecho, los Pushkin no asistieron al matrimonio.

Después de la boda, D'Anthes reanudó su persecución a Natalia aún con mayor intensidad y tanto fue el cántaro a la fuente que se rompió. Pushkin lo retó a duelo.


El duelo tuvo lugar el 27 de enero (dos semanas después de la boda). D'Anthes disparó primero, y Pushkin fue herido de muerte. Agonizante, Aleksandr fue llevado a su casa en trineo, perdiendo mucha sangre durante el trayecto. El doctor Arendt, cirujano personal de Nicolás I, tardó mucho en llegar y se limitó a darle calmantes en vez de extraerle la bala. El joven escritor ruso murió a los dos días.


Miles de personas de todos los niveles sociales asistieron a la casa de Pushkin para expresarle su simpatía y llorarlo. Ante el temor de una protesta pública por lo sucedido, las autoridades mintieron declarando que el funeral se celebraría en la Catedral de San Isaac en San Petersburgo, donde sólo se permitía entrar a la nobleza, sin embargo, el funeral se llevó a cabo en secreto un día antes de ser anunciado, y el cuerpo de Pushkin fue sacado de contrabando fuera de la capital en la oscuridad de la noche.

D'Anthes fue encarcelado en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo porque el duelo era ilegal. Fue llamado a declarar en la corte, pero fue indultado por el emperador , temiendo empañar las relaciones con Francia. Eso sí, fue despojado de su rango y lo enviaron escoltado a la frontera. En Berlín se le unió su esposa y la pareja regresó a Francia, donde comenzó una exitosa carrera política: fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y senador inamovible desde 1852 hasta 1870.

Monumento en Moscú a Aleksandr Pushkin y Natalia Goncharova

Después de la muerte del poeta se habló mucho de la relación de "Natasha" con Nicolás I, incluso se rumoreó que se convirtió en su amante. En 1844, y después de haber sido bendecida por el zar, la bella viuda se casó con un oficial allegado a la familia.

Fuentes y referencias:
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viernes, noviembre 11, 2011

El muchacho que le robó los calzones a la Reina Victoria

Retrato de la Reina Victoria el día de su coronación, 1837

Ubiquémonos una fría mañana de 1838 en Inglaterra. La joven Reina Victoria de 19 años, desde hacía unos pocos meses era la monarca del Imperio Británico, y como soberana, casi nunca salía del Palacio de Buckingham en Londres. Bueno, ahora ubiquémonos en las afueras del palacio. A que no saben la que se ha armado adentro. Pues casi nada, hasta ahora.

El Palacio de Buckingham en 1837

Uno de los guardias de la reina se encuentra cumpliendo con sus habituales rutinas de vigilancia, y al entrar a la Salón del Trono, logra divisar una extraña figura de alguien que no debería estar allí a esas horas. El guardia da la orden de: ¡Alto! para que el intruso detenga, pero éste al escucharlo, sale en precipitada carrera. Empieza la persecución, y aunque el intruso se las ingenia para evadir al guardia, saltar por una ventana y escapar del palacio, finalmente es acorralado y capturado por la Policía en la vecina calle de St. James. En ese momento descubren que el bandido es un chico de catorce años de edad, y durante el repentino cacheo, la policía encuentra escondido bajo sus pantalones un par de calzones de la reina Victoria, que recordemos, no debían ser muy pequeños en aquella época.

Edward Jones era el hijo de un sastre de la zona de Westminster de Londres. Por sus primeras declaraciones se supo que esta no había sido su primera entrada al Palacio de Buckingham, sino que ya lo había hecho antes disfrazado de deshollinador (limpiador de chimeneas). Aquí vale aclarar que hasta inicios del siglo pasado, quienes limpiaban las chimeneas debido a su contextura y tamaño sólo podían ser niños, mientras más pequeños mejor, lo que obviamente creó un gran negocio basado en la explotación infantil, pero eso toparemos en otro tema.

Interrogatorio a Edward Jones

Luego de su captura y declaraciones, el muchacho fue llevado ante una Corte de menores el 14 de diciembre de 1838. El tribunal llamó a declarar a su empleador, quien dijo que muchas veces el muchacho le había comentado sus ganas de entrar a palacio. A pesar de que esta ocasión el chico había robado no sólo las bragas de la reina Victoria bragas, sino también un arma del palacio en una anterior oportunidad, el jurado lo absolvió debido a su edad.

Reina Victoria y su esposo el príncipe Alberto en 1840, justo en la época del acosador

Dos años más tarde, el 30 de noviembre de 1840, sólo nueve días después del nacimiento del primer hijo de la reina Victoria (la princesa Victoria), fue reportado por los guardias que lo vieron "escalando el muro del Palacio de Buckingham por el extremo occidental, en la calle Constitution Hill". En esta ocasión, logró trepar el muro pero al poco tiempo se retiró.
Pocas horas después, el 1 de diciembre volvió a entrar en el palacio pero esta vez fue sacado y capturado de debajo del sofá del vestidor de la reina Victoria, un poco más tarde de la medianoche. Esta vez en la comisaría declaró que entró por lo menos dos ocasiones anteriores donde también aprovechó para sentarse en el trono real.

Edward Jones entrando furtivamente al palacio

Este último incidente de 1840, ya tuvo mayor repercusión en la prensa e inmediatamente el ahora joven Jones alcanzó el estatus de celebridad y la gente lo empezó a llamar "El Joven Jones", que era el apodo que los periódicos le había dado. Esconderse en el vestidor de la reina ahora le costó al muchacho una sentencia de tres meses en una correccional. Fue recién ahí cuando intervino su padre y trató de apelar la sentencia alegando demencia de su hijo, pero el alegato fue rechazado por el tribunal.

Su condena la cumplió en la prisión de Tothill Fields, pero parece ser que ya entre rejas desarrolló una verdadera obsesión enfermiza por entrar al palacio. Al poco tiempo de cumplir su condena, el 15 de marzo de 1841, y luego de despistar a uno de los guardias armados, se las arregló para entrar en el palacio hasta la cocina y degustar algunos de los manjares disponibles antes de ser capturado nuevamente. Esta vez fue condenado a tres meses de trabajos forzados en otra correccional.

Correccional de Tothill Fields

La prensa ahora se lanzó sobre la seguridad de Palacio de Buckingham, pues prácticamente esto ya parecía hasta broma de mal gusto y veían con preocupación la seguridad de la reina Victoria. Al final dos centinelas fueron cambiados, y se aumentó a la nómina del palacio tres personas más para el equipo de seguridad.

Tal fue la fama y popularidad que alcanzó "El Joven Jones", que en cuanto salió de prisión, le ofrecían hasta cuatro libras por semana (alrededor de 300 libras actuales) para formar parte de un show en el Music Hall, pero él declinó la oferta.
Las autoridades de Palacio ya empezaron a tomarse en serio el asunto de "El Joven Jones" y del riesgo que representaba. Creyeron que sería una buena idea enviarlo lejos, a alguna lejana colonia de ultramar o reclutarlo como marino, y fue así que cuando fue descubierto merodeando nuevamente alrededor del Palacio de Buckingham, lo enviaron, sin juicio previo, al servicio de la Marina Real, donde al final le encontraron sitio en una de esas antiguas galeras donde tenía que pasar día y noche remando. Sin embargo "El Joven Jones" no era de los que se rendían fácilmente y un año más tarde logró saltar y escapar del barco en los muelles de Portsmouth, desde donde llegó caminando hasta Londres (120 km). Esta vez fue detenido antes de llegar al palacio y enviado de regreso a su galera.

Antiguas galeras de remos inglesas

Lo último que informó de él la prensa británica, fue sobre su rescate luego de haber saltado por la borda durante el estrecho entre Túnez y Argelia. Finalmente no quedó más remedio que enviarlo hacia la lejana e inhóspita Australia, donde de pronto y para beneplácito de todos parecía haber encontrado su lugar. Debido a su buena conducta hasta fue designado pregonero de la colonia Swan River, actualmente la ciudad australiana de Perth. Los pregoneros eran en esa época los principales medios de comunicación y noticias del pueblo, ya que la mayor parte de la gran mayoría era analfabeta. Comunicaban proclamas reales, reglamentos locales, los días de feria y hasta eran contratados para hacer publicidad (quizás los inicios del marketing pagado).

Un pregonero del siglo XIX

Lastimosamente su brillante comienzo quedó solamente en eso y prefirió dedicarse a la mala vida, situación que lo enganchó al hampa australiana, en la que llegó a ser un reconocido ladrón. Para rematar, su afición a la bebida degeneró en un alcoholismo crónico que fue lo que lo llevó a la muerte, cuando cierto día ebrio cayó de cabeza de un puente y se rompió el cuello.
Así terminó la vida de quien fuera posiblemente el primer acosador, merodeador, el primer stalker de las celebridades, aunque me imagino que si Jones hubiese podido ver a su extraño objeto del deseo en su edad adulta, con toda seguridad se le quitaban las ganas de robarle los calzones.

Reina Victoria a finales del siglo XIX

Algunos biógrafos de Edward Jones aducen que su obsesión no era tanto con la reina Victoria, sino que veía al Palacio de Buckingham, como un agradable lugar de residencia.
Como última curiosidad, aquí vemos a dos encargadas de la colección Real del Palacio de Kengsinton, mostrando un par de calzones y una blusa de dormir de la Reina Victoria


Supongo que a sus 19 años, las bragas de la Reina Victoria eran más pequeñas, porque debe ser un poco complicado robar y esconder dos de estas.

Fuentes y referencias:
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domingo, noviembre 06, 2011

Cómo echar un polvo durante una ejecución

Día: 28 de marzo de 1757
Lugar: Plaza de Grève, París

Un fanático religioso llamado Robert Damiens iba a ser torturado y ejecutado por su intento de asesinar a Luis XV. En ese tiempo las ejecuciones tenían la intención de sacar al pueblo a las calles, era un espectáculo, todo un acontecimiento. Esta vez había mucha más razón pues el condenado había atentado contra el rey, por lo que se consideraba un deber patriótico presenciar su tortura.

Mientras el pueblo y la clase baja abarrotaban la plaza para disfrutar de la ejecución, los aristócratas alquilaban con tiempo las habitaciones y balcones circundantes debido a su vista privilegiada. Estos balcones sin duda son el ancestro de las modernas suites de los estadios. En ellos los nobles podían disfrutar del "espectáculo" mientras se tomaban unas copas y charlaban.

Aspecto de la Plaza de Gréve (y sus balcones) a mediados del siglo XVIII

Ese mismo día y hora, en uno de esos balcones se encontraba el aspirante a aristócrata Giacomo Casanova, que había decidido dar una pequeña fiesta durante el espectáculo (ejecución) para impresionar a su adinerada novia y a su familia. Era la época de esplendor y derroche de la aristocracia francesa, la de Casanova y sus amistades peligrosas, toda una generación previa a la Revolución Francesa.

Giacomo Casanova

Giacomo Casanova de 42 años de edad, invitó a su novia de 17 años y a su tutora, una de aquellas respetables damas solteronas y ricachonas. Esta era una señora gorda de rostro agrio, de unos bien entrados 60 años y para colmo una ferviente devota católica. También estaban como invitados una prostituta amiga suya a quien hizo pasar como la "sobrina del papa" y un joven italiano de apellido Tiretta que sólo vivía de sus encantos y no hablaba ni un ápice de francés. Imaginen al grupo; imagínenlos con sus ropas elegantes, con los encajes de seda, los trajes de lino y sus joyas.


Las tres mujeres estaban en la primera fila, asomadas en el único balcón, inclinadas hacia delante, apoyando los codos sobre la baranda para que los dos hombres que estaban detrás, pudieran ver el espectáculo por encima de sus hombros.

Imagen tomada de Google (como todas) para graficar la posición de las damas en el balcón

Según las memorias de Casanova, el evento duró alrededor de cuatro horas durante el cual muy poco se podía charlar debido a los estridentes gritos de la multitud.

Empezó la tortura. Damiens fue encadenado sobre una mesa de madera y su mano derecha fue poco a poco quemada hasta los huesos con azufre y fuego. Los verdugos le iban arrancando trozos de piel con tenazas al rojo vivo. Sus cuatro extremidades estaban fuertemente amarradas a largas correas que fueron atadas a briosos caballos. Los caballos fueron azotados durante una hora, pero Damiens era un hombre tan musculoso y fuerte que los animales no podían avanzar tirando de sus miembros. El pobre condenado sólo gritaba agonizante.

Damiens siendo cruelmente torturado

Casanova continúa contando que las mujeres estaban tan embelesadas con el espectáculo, que ni una sola vez volvieron la cabeza, pero dice que luego de un tiempo él mismo no soportó ver tanto castigo y cuando regresó su mirada, notó que su amigo el italiano, tenía levantado el vestido de la devota tutora delante de él. Casanova estaba maravillado por la audacia y apetito de su amigo, y más tarde lo estuvo por su resistencia.

Dado que las mujeres en esa época no llevaban ropa interior entre las piernas sino sólo un puñado de enaguas, un avance íntimo era bastante factible. Durante las siguientes dos horas, Casanova percibió el leve movimiento sexual de su amigo mientras analizaba el rostro de la respetable señora devota, su rictus parecía congelado con los labios fruncidos y los dientes apretados. Aún con su vasta experiencia le era difícil distinguir si era rabia, placer, miedo o dolor. Casanova estaba confundido pero enseguida lo dedujo: esta respetable dama no quería que la "sobrina del papa" o que la joven a quien cuidaba se enteraran de lo que estaba sucediendo en ese instante, es decir, que estaba siendo violada muy cortésmente.

Desde alguno de esos balcones, Casanova y sus amigos fueron testigos de la ejecución

Los verdugos aumentaron al suplicio dos caballos más de carruaje, pero las extremidades de Damiens todavía no se arrancaban. Mientras aquel pobre diablo era descuartizado, el italiano Tiretta seguía balanceándose discretamente atrás de la respetable dama.

Luego de la ejecución y durante un pequeño brindis, a Tiretta se lo veía increíblemente alegre y sereno, mientras que la tutora lucía furiosa. Luego ésta tomó a su protegida y se despidió de todos menos del italiano (a quien hizo un evidente desplante). Esa misma noche durante la cena, Casanova le preguntó a Tiretta que había sucedido, a lo que el italiano contestó que "el acto sexual se había consumado cuatro veces". (Durante su breve estancia en París, Tiretta ya se había ganado el apodo de "Monsieur seis veces" por una parisina que había tenido el gusto de conocerlo íntimamente).

Al día siguiente, Casanova fue convocado a la casa de la tutora, quien pidiendo disculpas por su enfado nada cristiano, le dijo que aquel repudiable acto, sumamente bajo y traicionero de su amigo, ameritaba un severo castigo. Casanova estaba en una situación incómoda porque de aquella dama mayor dependía la relación con su joven amada, pero por otro lado, el italiano Tiretta esa su buen amigo. Rápidamente Casanova ofreció a la dama hacer que su amigo (vividor sin dinero) se case con ella para que pueda así resarcir su agravio. Ella se negó rotundamente. Entonces el astuto Casanova señaló a la ofendida señora que "su belleza tenía gran parte de la culpa", y ofreció enviarle al italiano para que se disculpe con ella. Fue entonces cuando la atribulada mujer rompió en llanto y le dijo a Casanova que “ese” no era el punto.

"Usted está pensando que fue un pequeño delito, que con esfuerzo, uno podría razonablemente encontrar una enmienda adecuada, pero lo que el animal de su amigo hizo conmigo es una infamia, la cual no deja de martillar mi mente y ya me está volviendo loca!"

Casanova empezó a darse cuenta de lo que había sucedido, es decir, que su amigo la había poseído sin su consentimiento pero, lo que es peor, por una entrada trasera no convencional y más dolorosa. Al final pudo llegar a un acuerdo con la señora. Llevaría al joven italiano a la casa de la dama y se lo entregaría a ella para que cobre su venganza como estime conveniente. Sólo impuso una condición:

“Mi señora, usted podrá castigarlo de cualquier manera, pero sin llegar al cruel asesinato, y yo permaneceré escondido en otra habitación de su casa para garantizar el pacto y actuar como mediador en caso de necesidad.”

Ese día más tarde, Casanova se reunió Tiretta y después de las bromas de rigor, le explicó en qué consistiría su castigo. Tiretta trató de defenderse: "Yo no digo que ella esté mintiendo, pero en la posición en que me hallaba, era imposible para mí saber por dónde me estaba moviendo", replicó.

Bueno, para no alargarles más el asunto, Tiretta fue llevado donde aquella mujer y pasó una noche de "penitencias" con ella en su habitación. Al día siguiente la tutora anunció que estaba poniendo bajo su custodia al italiano en su casa de campo, con un generoso salario anual y un subsidio para que renueve su vestuario. "Si usted supiera lo mucho que me ama" le comentó la entusiasmada mujer a Casanova, quien por cierto había pasado atareado la noche anterior, ocupándose de la virginidad de la hermosa joven que estaba bajo el cuidado de la señora.

La Plaza de Gréve 40 años más tarde durante la Revolución Francesa

La Plaza de Gréve, donde Robert Damiens fue torturado y ejecutado, se convirtió cuatro décadas más tarde en el principal sitio de ejecuciones de la Revolución Francesa. Allí, en una especie de justicia poética fue decapitado en la guillotina Luis XVI (nieto de Luis XV), pero esta vez, en las ventanas y balcones que tenían vista a la plaza, ya no se encontraban los aristócratas sino los comuneros y miembros de la asamblea parisína. ¿Habrá tenido alguno de ellos la misma audacia de Tiretta con alguna patriótica francesa?

P.D. Por si les gustó el tema y el personaje, aquí les dejo la colección "Las Memorias Completas" de Giacomo Casanova en sus seis tomos. Para quienes deseen leer esta anécdota escrita directamente por su protagonista, pueden encontrarla en el 1er capítulo del tercer libro (aquí el enlace directo). Son muchas historias interesantísimas, disfrútenlas.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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lunes, octubre 24, 2011

Los primeros Wikileaks de la historia y el espía transexual

En 1774 se desató un escándalo diplomático entre Francia e Inglaterra porque un importante funcionario francés hizo públicos algunos documentos secretos muy comprometedores que amenazaban la seguridad de ambos países; pero lo más curioso de todo era el extravagante comportamiento de este funcionario que algunas veces se vestía de hombre y otras de mujer. Charles D'Eon será siempre recordado por dos hechos muy singulares: por haber destapado el escándalo diplomático más famoso de su época, y por haber pasado sus primeros 49 años como un hombre y los últimos 33 años como una mujer. Aquí su historia.

Charles Geneviève D’Eon nació en octubre de 1728 en una famosa bodega de vinos de Tonnerre, pequeño pueblo borgoñés famoso por sus viñedos. Hijo de noble cuna, su padre era un famoso abogado y su madre provenía de la más rancia aristocracia de la época, los Chavanson. D'Eon creció como un niño normal de la época, con la única diferencia que su madre solía divertirse poniéndole las ropas de su hermana para matar el aburrimiento en la gran casona. Luego, durante la adolescencia, su contextura no se desarrolló tanto como el promedio masculino de la época, sino que más bien era delicado y pequeño. Su cintura era delgada y sus manos y sus pies los llevaba aristocráticamente cuidados y delicados. Tenía unos enormes ojos azules que a todo el mundo llamaban la atención.

Completó su educación en París y por medio de recomendaciones de sus aristócratas y poderosos amigos, se convirtió en el secretario del Departamento Fiscal de París. Debido a su linaje social heredó el título de Chevalier (Caballero), con el cual fue más conocido en el ámbito burocrático y en la burguesía francesa. Lo llamaban el Caballero D'Eon.

Chevaliere Charles Genevieve D'Eon

En sus momentos de ocio y esparcimiento, el Caballero D'Eon y su grupo de amigos solían entretenerse con juegos de azar, en los que quien perdía, debía inevitablemente vestirse de mujer. Se dice que cuando el Caballero perdía y debía vestirse como una dama quedaba tan bien e irreconocible, que en cierta ocasión hasta la misma Madame de Pompadour lo elogió por su delicada belleza.

Debido a sus nexos con la aristocracia D'Eon fue llamado en 1756 a trabajar en una exclusiva red de espionaje que había montado Luis XV, con el fin de saber quien conspiraba contra el trono. Eran 32 espías de élite que se denominaban a sí mismos como los "Secret du Roi", porque ni siquiera los familiares ni los más cercanos funcionarios al rey tenían conocimiento de ellos. Esta secreta red de espionaje muchas veces trabajó en contra de las mismas políticas y tratados oficiales franceses, a pedido del propio Rey.

Rey Luis XV de Francia

Por aquel entonces Francia y Rusia estaban al borde de la guerra, y Luis XV quería lograr una reconciliación con Rusia. Siendo de su total confianza, el rey francés envió al Caballero D'Eon a una muy secreta misión a Rusia con el fin de dialogar con la Zarina Elizabeth y tratar de aflojar las tensiones enviándole una lista de traidores que complotaban contra la Casa de los Habsburgo. Muchas crónicas de la época afirman que D’Eon fue escogido debido al secretismo de la misión y para despistar a la contrainteligencia, ya que tuvo que viajar a Rusia disfrazado. El Secret du Roi le proporcionó permisos, identidades y un pasado falso con el que llevaría a cabo su misión haciéndose pasar por una mujer, convertido en la señora Lia de Beaumont.

Zarina Elizabeta Petrovna de Rusia

D'Eon finalmente logró una exitosa entrevista con la Zarina Elizabeth, la cual terminó con la firma de un tratado entre Francia y Rusia, que por cierto beneficiaba más a Francia. Mientras en la red de espionaje corrían rumores de que D’Eon había seducido a la zarina, en Versalles se empezó a especular que D'Eon en realidad era una mujer. Así empezó a acrecentarse su fama en la aristocracia y a convertirse en mito el género sexual del caballero.

La carrera del caballero D'Eon prosigue con éxito: vuelve a Rusia como secretario de la Embajada francesa y lleva a cabo varias misiones en Europa para Luis XV, vestido tanto de hombre como de mujer. En 1762 regresa a luchar por su patria en la Guerra de los Siete Años, y a pesar de recibir una herida en combate, demostró ser un portento con el sable y el mosquete. Debido a su gran desempeño en el campo de batalla, fue nombrado Capitán de la Legión de Honor de los Dragones (lo que ahora sería Infantería). Los rumores cesaron de inmediato porque sólo un hombre podría dirigir las tropas en combate como lo hacía él. Su exitosa carrera militar hasta le permitió recibir la Cruz de Saint-Louis por su exitosa dirección de las tropas en combate.

Óleo de la Batalla de Zorndorf en la Guerra de los Siete Años

Luis XV en agradecimiento lo envia en 1762 a Inglaterra como Agregado de la Embajada francesa, con el rango de Capitán de Dragones. Con el prestigio de su cargo, su título nobiliario y sus exquisitos modales, el Caballero D'Eon inmediatamente escaló en la sociedad londinense y se hizo amigo íntimo de Sofía Charlotte, la Reina de Inglaterra. (En sus memorias D'Eon escribió que alguna vez creyó ser el padre del hijo de la Reina inglesa, y que honrando esta relación de amor, trabajó en la conciliación entre los dos países).

Hubo en esa época una historia muy difundida en Inglaterra que no se sabe si es mito o verdad, pero se decía que cierta noche la Reina Sofía mandó a llamar a D'Eon porque su hijo estaba enfermo. Ella había soñado que el único que podía curarlo era D'Eon, y al ser la reina una mujer muy supersticiosa, ordenó su presencia inmediatamente. D'Eon acudió al llamado de la Reina y mientras se encontraba en su alcoba, el Rey Jorge III apareció. Obviamente perdió los estribos al encontrar un hombre en el cuarto de su esposa y lo tomó como una afrenta, pero para salvar a la reina y a su hijo, una asistente de Sofía (de apellido Cockrell) le dijo al Rey Jorge que el Caballero D'Eon realmente era una mujer. Que si quería podía preguntárselo al Rey Luis XV de Francia, y Jorge III de Inglaterra por supuesto que así lo hizo.

El Rey Jorge III de Inglaterra y su esposa la Reina Charlotte, amiga íntima del Caballero D'Eon

La amante de Luis XV, Madame du Barry (cortesana amiga de D’Eon) sugirió al rey que ayudara al Caballero, que tomara en cuenta que una relación amorosa –si es que la había- entre D'Eon y la Reina Charlotte, sería muy conveniente para mantener las buenas relaciones entre Francia e Inglaterra, hasta que finalmente logró convencerlo. Poco después el mismo Luis XV redactaba una carta tranquilizando a Jorge III, en la cual le decía que no se preocupara, que a pesar de su ambigua imagen D'Eon era una mujer, y por sobretodo, digna de toda confianza.
Parece ser que la carta se filtró y no sólo la leyó su destinatario Jorge III, porque al poco tiempo el asunto del verdadero sexo de D’Eon se convirtió en la comidilla del día en la alta sociedad londinense y hasta en sus legendarios pubs.

Todo este asunto alrededor de su sexualidad, y más que nada estar en la boca de todo Londres, que toda la vida ha sido una sociedad muy afecta al sensacionalismo, acabó afectando de cierta forma al Caballero. Parece que no fue capaz de soportar tanta presión o que algo en su cerebro se circuitó, pero de un día para otro empezó a salir a la calle unos días vestido de mujer y otros de hombre, indistintamente y sin darle explicaciones a nadie; ni siquiera al rey que lo había enviado a la embajada expresamente como Capitán de Dragones.

El Caballero D'Eon se vestía de mujer pero nunca le faltaba su espada ni su famosa Cruz de Saint Louis

Observando que su comportamiento no estaba a la altura de tan alta dignidad diplomática, y a pesar de ser el mejor espía que tenían los franceses en Inglaterra, el Rey francés sumamente molesto da por terminada su labor en 1774 y le ordena regresar inmediatamente a París.
D’Eon, que no era ningún tonto, sabía que ese sería el fin de su carrera diplomática y militar, así que decidió desobedecer al rey. Razones no le faltaban, pues como todo buen sibarita ya estaba acostumbrado a la buena vida, a la buena mesa y se sentía a gusto en medio de la aristocracia inglesa, entonces, ¿para qué iba a regresar a Francia? En un acto de total irrespeto, rebeldía y astucia, el famoso ahora ex espía se quedó en Londres.

Como ya no podría solventar su caprichoso y oneroso estilo de vida, decidió arriesgar todo lo que tenía: su valiosa información confidencial como uno de los mayores espías franceses. Publicó la mayor parte de la correspondencia diplomática secreta bajo el título de Lettres, Mémoires et Négociations ese mismo año. Estos sin duda fueron los primeros Wikileaks de la historia. El libro se agotó rápidamente y D'Eon se convirtió en un héroe popular por haber destapado la hipocresía con la que se manejaban las élites diplomáticas.

Si desean leer el libro, pueden hacerlo aquí


El escándalo fue de proporciones porque entre sus cartas revelaba que fue enviado por Luis XV especialmente con el fin de recabar información para una posible invasión a Inglaterra. Tan fuerte fue el remezón político que voceros franceses lo tacharon de calumniador y desconocieron sus declaraciones. De todas formas D'Eon se jactaba de aún no haber publicado todo lo que sabía, es más, dijo tener documentos secretos del rey relativos a la invasión y a su red de espionaje en Inglaterra. Los conservaba a manera de "seguro" por si le llegaba a pasar algo. El gobierno francés al fin se dio cuenta que debía empezar a ser más cauteloso con D'Eon, porque con los documentos de la invasión en la mano, literalmente "tenía en jaque al rey".



Tan maestra fue la jugada de D’Eon, que Luis XV tuvo que enviar emisarios para negociar su discreción, y al final terminaron pagándole una pensión vitalicia de 12000 libras francesas anuales por su silencio. El plan le había funcionado a la perfección.
Mientras tanto y a pesar de que el Caballero D'Eon seguía utilizando el uniforme de Capitán de Dragones todo el tiempo, los rumores sobre su género seguían en aumento, tanto así que hasta se reunieron algunos grandes tahúres de la época en la Bolsa de Londres para registrar una apuesta sobre su verdadero sexo. D'Eon fue invitado a revelar el secreto, para lo cual le ofrecieron una gran suma de dinero, pero sin perder la compostura el chevaliere se negó enfáticamente, aduciendo que el examen sería deshonroso sea cual fuere el resultado. Después de un año sin lograr convencerlo la apuesta fue abandonada.

El Rey Luis XV murió en 1774 y el caballero aprovechó la coyuntura para congraciarse con el nuevo monarca Luis XVI, con el fin de negociar una nueva pensión y su retorno a Francia en buenos términos. Luis XVI dejó el asunto de la negociación en manos del famoso dramaturgo Pierre de Beaumarchais (autor de El Barbero de Sevilla y de Las Bodas de Fígaro), quien se trasladó a Londres para entrevistarse con el caballero.

Pierre de Beaumarchais, negociador enviado por Luis XVI

Beaumarchais era un bon vivant, pero sobre todo tenía un gran sentido del humor y, aunque le tomó algunos meses, pudo llegar a un satisfactorio acuerdo con D'Eon. Acordaron que el caballero admitiría públicamente que no es un hombre sino una mujer y que entregaría los documentos y cartas secretas, a cambio de que Luis XVI mantenga vigente la generosa pensión que le asignó su antecesor, y adicionando una cláusula en la que indicaba que el Estado francés debería pagarle todo un guardarropa nuevo de mujer. En el famoso acuerdo el caballero también aceptaba no pisar durante algún tiempo París y no volver a usar jamás ningún tipo de uniforme militar, ni la Cruz de Saint Louis con la que alguna vez fue condecorado.

Carlos Genoveva D'Eon en sus dos facetas

El famoso caballero volvió a Francia en 1777 (ya convertido en una virginal dama) a la edad de 49 años y automáticamente fue exiliado a Tonnerre, su pueblo natal en Borgoña, durante los siguientes seis años. Hay que destacar que la idea de convertirse en una mujer para la segunda mitad de la vida no tiene precedente histórico, al menos no tan famoso.

Cuando Francia empezó a apoyar con armamento a los rebeldes independentistas americanos, D'Eon pidió unirse a las tropas francesas en América, pero no se lo permitieron debido a su calidad de exiliado. Un poco aburrida la ahora madmoiselle D'Eon volvió a Inglaterra en 1785, pero con la llegada de la Revolución Francesa, al igual que a todos los nobles, a él también le fue retirada su pensión y no tuvo más remedio que vender su valiosísima biblioteca que contenía más de 6.000 libros y 500 raros manuscritos.

Una viñeta que muestra a D'Eon (vestido de mujer) en un duelo de esgrima

Para 1792 y ya muy corto de dinero, no lo pensó dos veces y tuvo las agallas para enviar una carta a la Asamblea Nacional de Francia , en la que él/ella personalmente se ofrecía liderar una división de combatientes femeninas contra la Casa Real de los Habsburgo, pero la oferta obvio que fue rechazada.
Para ganarse la vida de alguna forma honesta, D'Eon empezó a participar en todo torneo de esgrima que aparecía, y como ya sabemos que era un diestro espadachín, en algo pudo paliar sus penurias económicas. Verlo participando era todo un espectáculo porque a diferencia de los demás duelistas, D'Eon vestía siempre como mujer. La buena racha lo acompañó hasta 1796, año en el que fue gravemente herido. En 1804 fue encarcelado por las deudas, de lo cual pudo salir gracias a que firmó un contrato para publicar su autobiografía en 1805, pero el libro nunca llegó a ver la luz porque al poco tiempo quedó gravemente inmovilizado después de una caída que lo dejó prácticamente inválido. Pasó postrado en su cama los últimos cuatro años de su vida hasta que murió en la pobreza el 21 de mayo de 1810 en Londres, a la edad de 82 años.

Madmoiselle D'Eon nunca dejó de usar la Cruz de Saint Louis con la que fue condecorado

Los médicos que examinaron el cuerpo después de su muerte, descubrieron que el caballero D'Eon era anatómicamente masculino. Con el pasar del tiempo se ha especulado que es muy posible que haya tenido el Síndrome de Kallmann, un trastorno hormonal en el que los genitales tienen un desarrollo defectuoso e incompleto, junto a la ausencia de vello facial. Claro que sólo son hipótesis, más que nada basadas en el hecho de que no hay retratos conocidos del caballero con barba o bigote, este último muy de moda en los caballeros europeos del siglo XVIII.

Se dice que cuando el Rey Jorge III de Inglaterra se enteró del verdadero sexo del Caballero D'Eon, quedó tan afectado que acabó perdiendo la razón y prácticamente se volvió loco. No volvió a recuperar la cordura hasta el día de su muerte diez años más tarde. Como última nota curiosa, comentarles que hasta se transmitió una serie de anime japonés de 24 capítulos inspirada en las aventuras del más famoso espía de Luis XV.

Fuentes y referencias:
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