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lunes, marzo 21, 2011

El día que desapareció el "Gran Torino"

Después de la Segunda Guerra Mundial, las ligas de fútbol de los campeonatos europeos se normalizaron y hubo algunas como la italiana que volvieron a mostrar aquel esplendor que siempre caracterizó al calcio en las competencias continentales.
Uno de estos equipos era el Torino A.C. que por esa década estaba viviendo uno de sus más grandes momentos de gloria, ya que durante el período de 1942 hasta 1949 (1944 y 1945 no se jugaron debido a la guerra) fue campeón de la liga italiana durante cinco años consecutivos, época en la que se lo consideró el equipo más poderoso del mundo y que se daba el lujo de tener a 10 de los 11 jugadores titulares de la selección italiana en sus filas. Fue desde esa época que el equipo se ganó el apodo de “Gran Torino”.

El último "Gran Torino", temporada 48-49

La fama de este equipazo trascendió las fronteras y sus jugadores eran reconocidos y admirados a nivel mundial. El Torino A.C. se había ganado ese prestigio a base de contundentes triunfos en el calcio italiano, que precisamente fue la vitrina para empezar a ser invitado a jugar partidos amistosos en varios países europeos, por los cuales obviamente le pagaban grandes sumas de dinero.

Uno de esos viajes patrocinados llevó al equipo italiano hasta Portugal, para jugar un partido contra el Benfica de Lisboa. El motivo del encuentro era la despedida del gran capitán lisboeta José Ferreira.
Terminado el partido iniciaron el viaje de regreso en un avión Fiat G212CP de las aerolíneas italianas, era el 4 de mayo de 1949. Este vuelo chárter llevaba a la plantilla de 18 jugadores de la escuadra del Torino, y a otras 15 personas entre cuerpo técnico, dirigentes y periodistas.

Las crónicas de la época relatan que una gran tormenta azotaba Turín, precisamente cuando la aeronave hacía su aproximación hacia la ciudad. Esa tormenta, la densa nubosidad y la escasa visibilidad fueron los ingredientes de la más grande tragedia que ha sufrido el fútbol italiano.


El avión ya había iniciado su descenso hacia el aeropuerto, pero el piloto no se dio cuenta que estaba sobrevolando demasiado bajo y terminó estrellándose contra una de las paredes de la Basílica de Superga ubicada en las afueras de la ciudad. Un total de 31 personas perecieron en el accidente, y el siniestro fue de tal magnitud, que para identificar los cadáveres de los jugadores de fútbol fue llamado entre otros el director técnico de la selección italiana Vittorio Pozzo, que conocía muy bien a los integrantes del Torino.


Restos de la aeronave en el lugar de la tragedia

El día del funeral, más de medio millón de personas se dieron cita en la plaza principal de Turín para ofrecer el último adiós al equipo de la ciudad. Fue una situación tan traumática en aquella época, que al año siguiente, el diezmado seleccionado italiano viajó al Mundial de Brasil en barco, se negaron a ir en avión.


Los turineses se tomaron las calles para despedir a sus ídolos

Al momento del accidente el Torino era líder de la Serie A, faltándole tan solo 4 partidos por disputarse para acabar la Liga. Así, el club siguió jugando con el equipo de la reserva y como señal de luto y respeto, sus contrincantes en estos partidos (Genova, Palermo, Sampdoria y Fiorentina), también jugaron con sus equipos de juveniles. Al final el Torino fue proclamado campeón del torneo.

Y como siempre sucede, aquí también tenemos esas anécdotas felíces, como la del jugador que logró salvarse providencialmente, Sauro Tomá, que se perdió al viaje a Lisboa debido a una lesión. Otro que se salvó de milagro fue el excepcional jugador húngaro Ladislao Kubala, quién había sido invitado como estrella mediática al evento, y se encontraró con su mujer e hijo en la capital portuguesa. Los tres deberían haber volado en el avión que les llevaría a Italia, ya que por aquel entonces, Kubala jugaba en el Pro Patria italiano. Afortunadamente el niño se puso mal y tanto Kubala como su esposa se quedaron en Lisboa para cuidar a su hijo, librándose así de la tragedia.

Actualmente hay un memorial recordatorio en el lugar mismo del siniestro

Desde aquel fatídico accidente, el Torino no volvió a saborear la gloria sino hasta la temporada 1975 – 76 en la que ganó su sexto escudetto. También accedió a su única final de una competición europea en 1992, pero perdió ante el Ajax de Van Gaal la final de la Copa de la UEFA, por la regla del gol de visitante.
El Torino nunca más pudo volver a emular sus glorias pasadas, más bien se convirtió en un modesto club de media tabla para abajo, sufriendo cuatro caídas a la segunda división y una grave crisis financiera que en 2005 lo obligó a una refundación, con un breve cambio de nombre incluido (desde entonces se llama Torino Football Club). El último descenso sucedió en mayo del 2010 y desde entonces disputa el torneo de la Serie B.


Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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miércoles, octubre 13, 2010

La tragedia del Manchester United

El 6 de febrero de 1958, el Manchester United volvía a Inglaterra después de disputar los cuartos de final de la Copa de Europa ante el Estrella Roja de Belgrado de la ex Yugoslavia, ahora Serbia. El United había empatado 3-3 , y se clasificaba para las semifinales donde lo esperaba el AC Milan de Italia.

Manchester United de 1958

El vuelo 609 de la British European Airways partió desde Belgrado, e hizo escala en Munich. Luego de abastecerse de combustible, el capitán James Thain intentó despegar dos veces, pero no consiguió levantar el vuelo. La pista estaba congelada debido al mal tiempo y soplaba mucho viento, aún así, el piloto lo intentó una tercera ocasión, y el avión no pudo alcanzar la altura adecuada y acabó estrellándose contra una vivienda cercana, en unos terrenos circundantes al aeropuerto.


Siete futbolistas del Manchester United murieron en el acto, mientras Duncan Edwards, una de las mayores promesas del fútbol inglés, falleció en un hospital 15 días después debido a sus múltiples lesiones, a la edad de 21 años. Este jugador fue el internacional más joven de la historia de Inglaterra hasta la aparición de Michael Owen en 1998. Aún se lo recuerda como el "James Dean del fútbol", y todos quienes lo vieron jugar afirman que hasta ahora nadie ha alcanzado su nivel. Nunca se sabrá hasta donde pudo haber llegado en el fútbol, ya que apenas pudo mostrar su talento cuatro años en Primera División.


También fallecieron ocho periodistas que acompañaban al equipo, un aficionado, un directivo, dos miembros del cuerpo técnico y tres miembros de la tripulación. El entrenador, Matt Busby tuvo que ser hospitalizado de gravedad tras el impacto, pero se recuperó. El trágico saldo fue de 23 víctimas mortales y 21 sobrevivientes.

Las primeras investigaciones determinaron que había sido una falla humana, y señalaron como responsable del accidente el piloto inglés; sin embargo, luego se comprobó que el siniestro había sido causado por la acumulación de aguanieve al final de la pista, lo que causó la desaceleración de la nave, impidiendo que alcanzara la velocidad adecuada para elevarse.


Las autoridades de Alemania Occidental no quisieron aceptar su responsabilidad, y emprendieron acciones legales contra el capitán Thain, convirtiéndolo en el responsable principal y directo del siniestro, a pesar de hallarse pruebas contundentes y testigos del accidente que exculpaban al piloto.

Futbolistas que fallecieron

Por alguna extraña razón, los testigos del caso nunca fueron llamados a declarar por las autoridades germanas y solo se tomaron acciones judiciales en contra del piloto, las cuales finalizarían en 1968, siendo declarado como inocente de cualquier responsabilidad del accidente. De todas formas, poco después del suceso, Thain fue despedido de la aerolínea.

Como todos sabemos, después de cualquier tragedia la vida continúa, y el Manchester United debía hacerlo también. Reapareció dos semanas después con un equipo de reservas y juveniles, de la mano de Bobby Charlton, superviviente de la tragedia y uno de los futbolistas con más proyección de aquel entonces. Fue dirigido interinamente por Jimmy Murphy y goleó en la Copa al Sheffield a domicilio, ante una hinchada que ovacionó a los diablos rojos. Ese mismo año logró llegar a la final que la perdió ante el Bolton (2-0) en Wembley, y así poco a poco fue curando, aunque nunca olvidando sus heridas.

Placa recordatoria en el estadio

Los seguidores del Manchester United buscaron la forma de conmemorar a sus héroes caídos. En el estadio de Old Trafford existen dos placas conmemorativas del suceso, ademas del ya famoso Reloj de Munich que se encuentra en uno de los graderios marcando la hora exacta y la fecha del fatídico accidente. Las tumbas de aquellos jugadores son casi como santuarios para los miles de fanaticos del equipo, no solo ingleses, sino de todo el mundo.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4

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sábado, febrero 20, 2010

Aterrizaje milagroso

La tarde del jueves 28 de abril de 1988, un Boeing 737 de Aloha Airlines se disponía a cubrir la ruta entre el aeropuerto de Hawai y el aeropuerto internacional de Honolulú. Era un vuelo rutinario que la aerolínea siempre llevaba a cabo entre las islas del archipiélago.

Boeing 737 de Aloha Airlines

Despegó a las 13:25 identificado como el "vuelo 243" con 95 pasajeros a bordo, de los cuales cinco eran miembros de la tripulación. Al llegar a la altitud de crucero, aproximadamente 10.000 pies de altura (3000 m), los dos pilotos escucharon un fuerte sonido, seguido por un fuerte ruido del viento. Una parte del techo se había desprendido dejando el avión totalmente despresurizado.
El primer oficial al mando volteó la cabeza hacia atrás y vio con estupor que la puerta de la cabina se había desprendido por los aires y que la primera clase viajaba literalmente "como un convertible".
El piloto enseguida solicitó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Kahului de la isla de Maui, para lo que tenía que salirse de ruta hacia la derecha y descender entre las montañas en un lugar donde siempre soplaban vientos muy fuertes, pero era lo único que se tenía a mano en ese momento crítico.

En rojo la ruta original

En teoría, un Boeing 737 no podría volar si le faltase un trozo del fuselaje. La estructura del avión siguió debilitándose mientras volaba, por lo que la cabina delantera se inclinó hacia abajo. La nave perdió bruscamente altura y los pasajeros del pánico comenzaron a rezar y a cantar himnos, preparándose para un inminente choque.
Eric Becklin de 48 años, astrónomo de la Universidad de Hawai, era un pasajero de aquel vuelo y recuerda:
"El avión se estaba desintegrando en el aire, los trozos de fuselaje se arrancaban con el viento. Lo que empezó como un agujero en la parte delantera siguió creciendo. Yo sabía que era sólo cuestión de tiempo para que el avión se desintegre totalmente"

En tierra, el control aéreo de la isla de Maui recibió la llamada del piloto pidiendo ayuda, pero el ruido del viento en el micrófono hacia casi imposible la comunicación, así que lograron comunicarse con tierra a base de gritos, y con señas entre los pilotos.
Por momentos la radio se apagaba a consecuencia de los daños del avión, así que sólo cuando lograban comunicarse podían recibir las instrucciones necesarias para descender con seguridad. El control de tierra los estaba instruyendo sobre lo que tenían que hacer e informaban que los cuerpos de socorro aeroportuario ya estaban a la espera en la pista donde habrían de aterrizar.


Estado del Boeing después del aterrizaje

Con algunos problemas en el tren de aterrizaje, el piloto logró descender con todos los pasajeros a salvo, excepto por la azafata Clarabelle Lansing, que salió succionada por los aires cuando se abrió el primer agujero en el techo de primera clase. Un pasajero describió que al momento de escuchar como el metal se desgarraba vio que las piernas de Lansing subían hacia arriba y a la izquierda del fuselaje.
Su cuerpo nunca pudo ser recuperado.

Fuentes:
Times, Aloha.net, Wikipedia

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jueves, enero 07, 2010

11 de septiembre ruso


En el año de 1976 la Unión Soviética sufrió un atentado muy parecido al del 11 de septiembre en Nueva York. Los elementos eran los mismos, un secuestrador, un avión y un choque contra un edificio, pero las circunstancias fueron mucho más curiosas.
Este atentado fue muy poco conocido en la misma Unión Soviética, ya que no sucedió en Moscú o San Petersburgo, sino más bien en la pequeña ciudad de Novosibirsk, conocida en ese entonces como la "ciudad de la ciencia", ya que era el lugar donde se encontraban la mayor parte de centros de investigación rusa de la era soviética.

Esta ciudad fue el escenario de un lamentable atentado llevado a cabo por un hombre que tomó un avión y lo estrelló contra un edificio de condominios a propósito, con el expreso deseo de causar destrucción y muerte.
Ahora bien, lo curioso de este caso fueron las razones que motivaron a este hombre a tomar tal decisión. Pues por increíble que parezca, lo único que deseaba este individuo era: matar a su suegra!
Si, es difícil de creer, pero imaginen el odio del pobre hombre para idear una venganza de tal magnitud en un país donde no había aeronaves privadas.
Según investigaciones posteriores, se trataba de "un brillante camarada del Partido Comunista que tenía acceso a aviones de entrenamiento de la Unión Soviética".


Aunque parezca increíble, pudo dar en el blanco estrellando la nave justo en el departamento de su suegra, ubicando el piso exacto entre los cientos de apartamentos que pertenecían a un grupo de edificios muy parecidos entre sí, muy comunes en la arquitectura de multifamiliares en ese país.

En este famoso atentado o venganza -no sé cómo llamarlo- murieron 12 personas incluyendo claro, el iracundo piloto. Lo irónico es que su suegra no murió porque no se encontraba ahí en el momento del accidente.
Obviamente esta tragedia no tuvo la magnitud de la de Nueva York, ni las motivaciones fueron las mismas, pero no deja de ser curioso hasta qué punto puede llegar a molestar una suegra, como para que inspire semejante acto de terrorismo.

A mi me enseñaron desde pequeño, que siempre hay que llamar antes por teléfono cuando vas a visitar a alguien, para que no sea un viaje desperdiciado, claro ;)

Fuente:
English Russia

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lunes, diciembre 14, 2009

Choque contra el Empire State

Como bien sabemos, los Estados Unidos fueron atacados por terroristas el 2001, que eligieron como objetivos las Torres Gemelas y el Pentágono, ya que veían en ellos 'baluartes' de la sociedad norteamericana.
De igual manera, en la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos pensaban que, de darse un ataque aéreo a su país, sin duda tendrían varios íconos políticos y arquitectónicos atractivos para ser blancos de una agresión. Uno de ellos era el Empire State de la ciudad de Nueva York o la famosa Estatua de la Libertad. Lo que nadie se imaginaba es que una de estas edificaciones sería agredida, pero no por fuego enemigo, sino por una mala maniobra de un piloto de su propio ejército.


En efecto, a las 9:40 a.m. del sábado 28 de julio de 1945 un bombardero B-25 Mitchell, piloteado por un Teniente Coronel a baja altitud y en medio de espesa neblina chocó contra el Empire State dejando como consecuencia 14 víctimas fatales, 3 tripulantes y 11 oficinistas .
El impacto fue entre los pisos 79 y 80 y dejó un cráter de aproximadamente 6 m de diámetro.


Uno de los motores fue lanzado hacia el otro lado del impacto, y voló hasta la siguiente cuadra, aterrizando sobre la azotea de un edificio cercano donde provocó el incendio de un penthouse. El otro motor y parte del tren de aterrizaje se desplomaron por la cavidad del ascensor, en el que milagrosamente su operador Betty Lou Oliver sobrevivió con leves quemaduras a una caída de 75 m dentro del cubículo.
A pesar de las dimensiones de la tragedia, los servicios de emergencia estaban alertas ya que se encontraban en plena Segunda Guerra Mundial y el fuego provocado por el siniestro fue aplacado en menos de 40 minutos.

Impresionante vista desde el piso 82 hacia la calle

A pesar de los daños materiales y las pérdidas humanas, el edificio fue abierto nuevamente al público el lunes siguiente.
El 11 de octubre del 2006 volvió a suceder algo similar cuando una aeronave Cirrus se estrelló contra los departamentos Belaire de NY, siendo piloteado por un ex jugador de béisbol y su instructor de vuelo. Ambos murieron en el accidente.

Fuentes:
Time, Wikipedia

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martes, noviembre 03, 2009

El vuelo TC - 48

Hace 44 años, el 3 de noviembre de 1965 desapareció en la selva de Talamanca, en Costa Rica, el avión argentino TC-48 con 68 personas a bordo entre cadetes, oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina. Nunca se los encontró, y el misterio se convirtió en leyenda en Costa Rica. Sin embargo en Argentina, la posición oficial fue de encubrir errores y olvidar el incidente a pesar del dolor y reclamos de sus familiares. Desde esa fecha es conocido como "El avión de los Cadetes".

El tristemente célebre TC-48

Esa mañana de noviembre, la aeronave perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina identificada como TC-48 (Tango Charly cuarenta y ocho) despegó desde la base aérea Howard en Panamá, con destino al aeropuerto de Ciudad de México, con escala intermedia en el aeropuerto El Salvador. El objetivo de dicho vuelo era completar el 10mo Viaje de Instrucción Final de los cadetes de la Fuerza Aérea pertenecientes a la Promoción XXI; el cual se había iniciado en la ciudad de Mendoza, con escalas programadas en Perú, Ecuador, Panamá, El Salvador, México y destino final Estados Unidos.
Esta aeronave era acompañada por otra de similares características, con el registro TC-43 (Tango Charly cuarenta y tres). La ruta seleccionada era de navegación directa, con rumbo constante Noroeste (NW) sobrevolando el Mar Caribe, cruce de territorio nicaragüense por el Sur e ingreso posterior al El Salvador.

Al mando de la nave se encontraba el capitán Esteban Viberti, asistido por una tripulación de siete miembros, entre navegador, operador de radio, mecánico y operadores de carga. El pasaje estaba integrado por 54 cadetes argentinos, un cadete peruano y cinco oficiales más.

Despedida en Mendoza de la tripulación

Momentos antes de iniciarse el vuelo, mientras el Capitán realizaba el chequeo exterior de la aeronave, recibió el parte que indicaba la cantidad de combustible cargado. En el se indicaba que habían sido completado los ocho depósitos del avión con un total de 12.900 litros de combustible; o sea a su capacidad máxima. Tal informe llamó la atención de Viberti puesto que durante la confección del plan de vuelo se había fijado una cantidad muy inferior -casi la mitad- y al estar prevista la escala técnica en El Salvador resultaba innecesario despegar con la máxima capacidad de combustible, ya que el peso de la aeronave sería mucho mayor no solamente durante el despegue sino durante toda la operación.
Antes de ordenar la descarga de la mitad de combustible, realizó la consulta de rigor con el Comodoro José Fonseca -parte de la tripulación-, generándose una discusión observada por varios testigos. La misma finalizó abruptamente cuando Fonseca respondió que se estaban cumpliendo órdenes superiores y que si quería realizar algún tipo de objeción al respecto, debería hacerlo a su regreso en Córdoba.
Tal como declararon algunos testigos, Viberti respondió: “en éstas condiciones, dudo que regresemos”.

Los registros sobre la hora de despegue del TC-48 son contradictorios ya que algunos mencionan que lo hizo a las 05:48 mientras otros señalan como hora de partida las 06:48. Tal confusión seguramente se deba a los diferentes husos horarios de la zona. Lo cierto es que entre 5 y 6 minutos después hizo lo propio el TC-43, adoptando curso similar. Transcurridos entre 30 y 40 minutos de vuelo, el TC-48 ya se encontraba con curso NW sobrevolando el Mar Caribe cuando el motor número 4 se incendió. Los pilotos cumplieron el procedimiento de apagado, cortando el combustible y colocando la hélice en posición “de bandera” con el fin de que la misma no generase resistencia al avance. La potencia del resto de motores fue ajustada para contrarrestar el arrastre del motor apagado y compensar el empuje asimétrico resultante. El capitán Viberti procedió entonces a comunicar por radio de su situación, declarándose en emergencia. Tal comunicación fue recibida por el TC-43 y por otra aeronave comercial de la empresa LACSA de Costa Rica. Se estima que en ése momento el TC-48 se encontraba a unas 60 millas de la costa oriental de Panamá.
En posteriores comunicaciones, Viberti refiere "que ha cambiado su curso hacia el Oeste", dirigiéndose hacia la costa, a la zona conocida como Bocas del Toro y que volaba a baja altitud presentando fuego abordo y problemas eléctricos. Estas comunicaciones fueron interceptadas por los aeropuertos de Managua (Nicaragua) y Tegucigalpa (Honduras). El piloto del vuelo de LACSA –comandante Alvaro Protti- dio instrucciones a Viberti para que se dirigiera al aeropuerto más cercano, que era Puerto Limón en Costa Rica. En el último contacto radial mencionó nuevamente problemas eléctricos que le estaban haciendo perder hasta la señal de radio. Luego se perdió todo contacto con el TC-48.

Supuesta trayectoria del TC-48 antes de colisionar

A pesar de la declaración de emergencia emitida por el capitán Viberti, ni la tripulación del TC-43 ni el piloto de LACSA solicitaron los servicios de búsqueda y salvamento una vez perdido el contacto radial con la aeronave.


Sin ningún tipo de lógica, se incumplió con la norma que establece la declaración de desastre cuando una aeronave se demora más de 30 minutos de la hora estimada de aterrizaje fijada en el plan de vuelo. Se esperó entonces a considerar la hora en la cual –en teoría- el TC-48 se quedaría sin combustible. A partir de entonces y con una demora de casi 8 horas, se realizó la solicitud del inicio de las tareas de búsqueda y rescate.
Las operaciones de búsqueda recibieron el apoyo de la fuerza aérea de Estado Unidos con base en Albrook, Panamá, participando en total 55 aeronaves entre aviones y helicópteros, a los que se sumaron otras unidades de Costa Rica y Nicaragua, todas con resultados negativos.


Operativo de rastreo desde Albrook, Panamá

El día 7 de Noviembre se localizaron 25 chalecos salvavidas a 40 millas al Oeste de Colón (Panamá). Tres días después, el 10 de Noviembre, son dados por desaparecidos los tripulantes y pasajeros del TC-48; y para el 6 de Diciembre, se da por concluida la búsqueda.



La Fuerza Aérea informó a los familiares que algunos restos menores habían sido localizados en el mar, en las proximidades de la zona Bocas del Toro, al Norte de Panamá, muy cerca de la frontera con Costa Rica. Entre los restos se hallaba una valija, algunas gorras, uniformes de cadetes, chalecos de lana, el documento de uno de los cadetes, camisas, dinero, una cámara fotográfica y un par de binoculares.


Mientras tanto varios familiares se trasladaron hasta Costa Rica en donde por su lado iniciaron varias búsquedas, algunas de ellas con el apoyo del gobierno costarricense, pero que tampoco arrojaron resultados positivos.
El Informe del Departamento de Prevención de Accidentes Aéreos arrojó su teoría sobre lo sucedido al avión, y allí de modo indirecto, se responsabiliza al Capitán Viberti del accidente, al mencionar su posible falta de apreciación de la altura real del avión sobre el mar. Finalmente, en Diciembre de 1967, de manera oficial el gobierno argentino y en consecuencia, la Fuerza Aérea, dieron por cerrado el caso.



Examinando evidencias

El aspecto prolijo y cuidado que presentaban las prendas llamó poderosamente la atención de los familiares. Esos elementos no tenían la apariencia de haber permanecido en el mar por espacio de más de diez días; la presunción fue confirmada cuando se realizaron análisis de salinidad a estos objetos; el resultado fue categórico, no había presencia de sal, estos elementos jamás habían estado en contacto con agua de mar.
Los salvavidas recuperados por la Fuerza Aérea se encontraban en perfecto estado, como si nunca hubieran sido usados por alguien que fue presa del ataque de un tiburón, además de haber cambiado llamativamente de color. Los salvavidas que llevaba a bordo el TC-48 eran de color verde, los presentados por la Fuerza Aérea a los familiares de los cadetes eran de color anaranjado.

Ante el reclamo de las familias, la Fuerza Aérea se vio en la obligación de reunir más pruebas que sustentaran la versión de que el avión y toda su tripulación habían desaparecido en el mar, y para ello la institución castrense presentó una prueba que por su solidez pareció irrefutable: los documentos, un par de gemelos y U$S 100 pertenecientes al cadete Oscar Vuistaz, que viajaba en el TC-48.


La Fuerza Aérea aseguró que estos objetos personales habían sido hallados flotando en el océano. Meses más tarde ocurrió algo que desbarataría esa mentira y que reafirmaría la sospecha de que los altos mandos manipulaban la información. La familia Vuistaz recibió una carta anónima escrita por un cadete que viajaba en el otro avión, el TC -43, en ella el joven manifestaba que esas pertenencias les habían sido entregadas por Oscar Vuistaz en Panamá ante el temor de extraviarlos o sufrir algún robo debido al desorden que había a bordo del TC-48, con cadetes hacinados que a falta de espacio viajaban sentados en improvisados banquitos de madera colocados en el pasillo del avión.
Según la carta, después del accidente el cadete anónimo había entregado estas pertenencias al Director de la Escuela de Aviación que viajaba en el TC-43, para que se los hiciera llegar a los familiares de su amigo desaparecido. La Fuerza Aérea no sólo que no entregó los elementos a la familia Vuistaz, sino que los presentó como prueba, asegurando que los habían rescatado del mar.

Desde sus inicios este caso estuvo rodeado de un halo de misterio y secretismo, luego surgieron una serie de especulaciones y contradicciones sobre lo ocurrido con el avión y el destino de sus 68 pasajeros. Comenzaron a tejerse infinidad de historias que fueron respaldadas por algunos medios periodísticos, que echaron mano de videntes y adivinos. Estos aseguraban que en trance podían ver a un grupo de jóvenes viviendo en la selva. Fueron los mismos familiares los que consultaron también a algunos personajes que con diferentes métodos les dijeron haber localizado el punto exacto de caída del avión. En 1967 el Dr. Carlos María Bachini, un odontólogo jubilado, afirmó haber dado con el lugar del impacto. Bachini fundamentó su trabajo en el uso de un péndulo, mapas y fotografías de los desaparecidos que le indicaban que el avión estaba en la selva, al sur de Puerto Limón, en Costa Rica.

Selva de Talamanca, Puerto Limón

Las pruebas que aportaban las expediciones independientes de algunos familiares siguieron manteniendo viva la esperanza: la aparición de un botón con el símbolo de la fuerza aérea, el dibujo de un avión con cuatro motores enmarcado en signos y números tallado en el tronco de un árbol en la selva, una carta escrita por la maestra rural Talía Rojas que aseguraba haber ayudado y curado a algunos sobrevivientes del accidente aéreo. Esta mujer afirmaba también que el avión se había estrellado contra el cerro Chirripó, pero no aportó datos más precisos por temor a los aborígenes, que dijo habían saqueado los restos del avión y asesinado tiempo más tarde a unos pocos sobrevivientes.
La versión de la maestra que trabajaba en una escuelita del pueblito de Corona, coincidió con la de un niño que fue llevado a un hospital de San José de Costa Rica. Encontrándose muy grave el pequeño de ocho años llamado Rafael, afirmó haber visto un avión en la selva y que los "hombres blancos" eran sus amigos. Una semana después Rafael murió llevándose para siempre la ubicación exacta y la oportunidad de encontrar el lugar de la caída.

En las últimas cuatro décadas se han realizado casi un centenar de expediciones, y algunos integrantes de aquellas aseguraron haber visto a aborígenes en la zona del cerro Chirripo, hoy convertido en parque nacional, luciendo relojes, gorras, anillos y prendas que sin dudas pertenecían a los cadetes, pero éstos se negaron a informar de dónde las habían obtenido. La superstición y el temor a un cacique de la Tribu Bribri entorpeció las investigaciones, ya que según rumores, éste habría ordenado el saqueo y la muerte de los sobrevivientes. Ni bajo tortura, ni a cambio de fuertes sumas de dinero, los aborígenes informaron sobre el paradero de los restos del avión.
Fueron muchos los testigos, especialmente trabajadores rurales de fincas productoras de frutas, que en la mañana del 3 de noviembre de 1965 vieron a un avión gris de cuatro motores volando a muy baja altura y esquivando cerros. El avión, dijeron, dejaba una estela de humo negro en medio de una violenta tormenta.



La incertidumbre de tener un hermano o hijo en ese avión, y no saber cómo, dónde o cuándo murió, debió haber sido terrible para esas familias. Muchos padres murieron sin saber nunca el paradero de sus hijos y sin poder repatriar sus cuerpos.
Este año se realizó la expedición "Esperanza IV" en la que participan familiares de las víctimas con ayuda del gobierno argentino y costarricense y se adentró a las montañas de Talamanca. En medio de la expedición, a finales de septiembre pasado ocurrió un suceso muy curioso, ya que buscando rastros de la nave siniestrada hace 44 años, accidentalmente encontraron los restos de un cementerio aborígen de más de mil años de antigüedad, que aunque indudablemente es un hecho que hizo sonreír a la comunidad científica, no fue algo reconfortante para los familiares que ya desde hace tres décadas, montaron un monumento en la selva para recordar a sus víctimas.
De hecho, a partir de esta noticia del descubrimiento arqueológico fue que yo llegué a dar con la de "El avion de los Cadetes".
Pese al fracaso de esta última misión, se lanzará otra búsqueda en marzo de 2010, siempre financiada por la Fuerza Aérea, que espera poder cerrar este triste capítulo de la aviación argentina y dar paz a los familiares de los desaparecidos en el accidente.

Fuentes:
1, 2, 3, 4, 5, 6, gracias especiales a mi amigo Danny por la historia.
Las fotografías pertenecen a éste foro.

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sábado, abril 25, 2009

Caída libre

Recuerdo que cuando era un niño, mientras jugaba con mis vecinos me caí en un hueco de los cimientos de una casa en construcción, no recuerdo el resto, pero me dijeron que eran como 3 metros de profundidad.
Tengo un gran amigo quiteño que en una noche de fiesta en el departamento de una amiga, por sentarse en la ventana de la cocina cayó 4 pisos al patio interno del edificio.
Unos domos de plástico y los cables del tendido de ropa amortiguaron su caída, aunque esa noche se rompió la clavícula. Lo llevamos al hospital con algunos rasguños que eran insignificantes tomando en cuenta la altura de la caída.
Sin ir demasiado lejos, hace unos pocos años me caí de una camioneta y tuve serias secuelas. En fin, esto de las caídas, no importa de que altura sean, siempre es una lotería.
Por eso ahora, quiero contarles ahora acerca de los sobrevivientes de las caídas más impresionantes que pude recientemente encontrar.

Nicholas Alkemade
Durante la Segunda Guerra Mundial, el sargento Nicholas Alkemade de la Royal Air Force, se encontraba piloteando su bombardero Lancaster en pleno combate contra los cazas alemanes cuando sufrió un golpe de artillería anti-aérea, y se vio ante la encrucijada de saltar sin paracaídas desde 5500 metros de altura y quedar hecho papilla, o morir consumido por las llamas que envolvían a su nave.

Avión de combate derribado en la 2da Guerra Mundial

Se decidió por el menor de ambos males. Después de todo es preferible morir al instante golpeando el suelo que pasar varios segundos ardiendo. Nick saltó al vacío.
Mientras caía veía impotente como los temibles Junkers Ju 88 nazis destrozaban con luminiscentes ráfagas a la flotilla inglesa de la cual él era parte.
Ya resignado y cayendo con los ojos cerrados, aún no se imaginaba el increíble suceso que estaría a punto de vivir.
Alkemade tuvo la suerte de caer sobre un bosque de pinos, y fueron las elásticas ramas de estos árboles los que aminoraron la velocidad de su caída a tal punto que el colchón de nieve que cubría el suelo lo salvó de sufrir graves heridas -más allá de un tobillo torcido-.
Al darse cuenta del increíble suceso, respiró hondo y se sentó respaldándose en un pino a fumar un cigarro. No sabía aún que había caído en territorio nazi.
Si bien fue capturado por la Gestapo, posteriormente fue liberado al terminar la guerra.

Nicholas Alkemade luego de la guerra

Durante su tiempo como prisionero, debieron aislarlo en una celda aparte ya que muchos soldados alemanes incrédulos de lo ocurrido abandonaban sus puestos de guardia para ir a conocerlo ya que se convirtió en una leyenda.
Después de la guerra, Nicholas Alkemade volvió a su antiguo trabajo en un laboratorio químico inglés hasta que murió en 1987


Vesna Vulovic
Vesna Vulovic es una yugoslava que posee un Récord Guinness por haber sido la persona en haber sobrevivido a la mayor caída sin paracaídas de la historia.
A la edad de 22 años, cayó de nada menos que de 10.160 metros de altura, mientras servía como azafata para la aerolínea Jugoslovenski Aero Transport durante el fatídico vuelo 364.
El destino quiso que Vesna ocupara dicho vuelo por error, ya que otra azafata del mismo nombre era quien debía trabajar ese día en esa ruta. No obstante, un traspapeleo la puso en su lugar. Ante el error ella no se quejó, ya que el vuelo iría a Dinamarca y la tripulación se hospedaría en el lujoso Hotel Sheraton, y como ella misma dijo posteriormente, "este era todo un sueño para una joven chica que vivía en la miseria de un país comunista"

Portada de una revista de la época

El 26 de enero de 1972, mientras la nave se encontraba surcando el espacio aéreo Checo, detonó un explosivo del grupo terrorista croata Ustashe fragmentando al avión en varias partes. Todos los pasajeros perderían la vida, menos Vesna, quien por esas cosas del destino se encontraba en la sección media del avión, la cual tras tres minutos de caída impactó en una zona montañosa.
Los restos serían encontrados por un alemán que en esos momentos acampaba en la región. Sorprendido ante el dantesco paisaje, el hombre no esperaba encontrar a nadie con vida. Pero afortunadamente de inmediato divisó a Vesna, la única sobreviviente.

Vesna Vulovic en la actualidad

Su caída fue menos amistosa que la de Alkemade, ya que se rompió ambas piernas, fracturó el cráneo y tres vértebras. El samaritano alemán había sido un médico jubilado y enseguida utilizó sus conocimientos para acomodarla, entablillarla y detener el intenso sangrado.
Nadie esperaba que se recupere, de hecho los médicos les dijeron a sus padres que no había esperanzas de que saliera de su estado de coma. Sin embargo, a los tres días ella despertó y pidió un cigarrillo.
Paralizada de la cintura para abajo, en su silla de ruedas Vesna volvió a trabajar para la aerolínea como oficinista, y tras varias operaciones pudo volver a caminar. Poco tiempo después fue declarada heroína nacional en la ex Yugoslavia.
Vesna, en la actualidad es activista política en su nuevo país, Serbia.


Alan Magee
Alan Eugene Magee es otro sobreviviente de una gran caída producto de la infinidad de aviones derribados durante la Segunda Guerra Mundial.
Fue un piloto norteamericano que se enroló al ejército luego del ataque a Pearl Harbor.
Como cañonero de un avión B-17 FF de la fuerza aérea estadounidense, obtuvo varios premios y reconocimientos gracias a la espectacular caída en la que se vio envuelto.

Servía como piloto en 1943, mientras volaba en una misión sobre Saint Nazaire –Francia-, su aeronave se vio derribada por los temibles cazas alemanes.

Bombardero B-17 FF como el que piloteaba Alan Magee

El daño al avión fue crítico, sin un ala comenzó a girar descontroladamente cayendo a tierra a manera de espiral. Alan logra escapar de la línea de fuego y saltar del avión a unos 6700 metros de altura. Sin embargo, mientras caía le esperaba lo peor: el paracaídas estaba prácticamente destruido.
La altitud –y el susto, supongo- lo llevaron a perder el conocimiento, con el curioso resultado de caer sobre un techo de vidrio que formaba la terraza de la estación de ferrocarril de Saint Nazaire.
La estructura de aluminio y vidrio se flexionó y ejerció resistencia al mismo tiempo, aguantando la velocidad de caída libre de Magee lo suficiente como para que este pudiera sobrevivir al golpe.

Capturado por los alemanes, se le ofreció atención y tratamiento médico suficiente para salvarle la vida. Padeció múltiples heridas, no solo de la caída sino que además tenía varios fragmentos del fuselaje de la nave incrustados en su cuerpo y múltiples quemaduras. Las heridas iban desde sus ojos hasta un brazo que estaba prácticamente desmembrado. Sin embargo, Alan fue liberado tras terminar la guerra y al retirarse con honores vivió apaciblemente en su rancho de Texas hasta el 20 de diciembre del 2003 en que falleció a la edad de 84 años.

Y es que la vida es así. Hace tiempo supe de un hombre que al salir de su casa se resbaló en una cáscara de banana, se golpeó la cabeza y falleció de inmediato, mientras como vemos hay gente que ha sobrevivido a caídas espectaculares e inverosímiles.
Creo que aquí si aplica aquel famoso dicho de que "nadie se muere en la víspera..."

Fuente: Anfrix.com



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viernes, febrero 06, 2009

El vuelo 508

Yo nací en septiembre de 1971 y según cuenta mi madre ese año fue la Navidad más bonita que recuerda. Mientras en mi familia se festejaba con algarabía que había un nuevo miembro en el hogar, en esa misma Navidad se iniciaba una de las más grandes luchas por sobrevivir en la selva peruana de una adolescente de 17 años tras ser la única sobreviviente de la caída de un avión. Lean esta historia.

El 24 de diciembre Juliane Köpcke y su madre se dirigieron al aeropuerto de Lima y abordaron el vuelo 508 de LANSA con 93 pasajeros con destino a la ciudad de Pucallpa, donde su padre, un reconocido Biólogo alemán las esperaba para celebrar la Navidad.

“Estaba muy contenta de terminar el curso y visitar a ‘papi’ en su nuevo trabajo. Me prometió íbamos a clasificar juntos las fichas de insectos y coleópteros andinos: cucarachas de 20 centímetros, hormigas urbícolas y nuevas especies de mariposas. Estaba orgullosa de mi reciente graduación y de poder pasar junto a mi familia los tres meses de ‘estación biológica’ que correspondían a mis padres como responsables del nuevo programa de investigación de historia natural de la Universidad de San Marcos, donde ambos trabajaban. Otra vez unas vacaciones en plena selva amazónica con los mejores profesores de ciencias naturales del mundo. ¡Qué más podía pedir!”


El vuelo
El vuelo 508 partía con retraso. La compañía LANSA (Líneas Aéreas Nacionales S.A.) no se caracterizaba por el cumplimiento estricto de los horarios establecidos. Hacía poco había perdido dos de sus tres aviones y los requerimientos de seguridad y compromisos administrativos retrasaban con frecuencia las salidas.

“El vuelo entre Lima y Pucallpa debía durar cincuenta minutos y a los treinta minutos de vuelo se comenzó a nublar el cielo. Fue una tempestad enorme, el cielo se puso completamente negro. Hubiera sido posible regresar a Lima o desviar, pero como era Navidad todos querían llegar junto a sus familias. Seguramente el piloto pensó igual, quiso pasar la tempestad y se metió de frente a la tormenta. Y eso fue lo que no soportó el avión. Volamos un cuarto de hora, pasando por nubes gigantes. El avión se movía horriblemente y todas las cosas se caían de los depósitos de equipaje. Yo agarraba fuerte la mano de mi madre.
De repente vi una luz cegadora en el ala derecha. El avión perdió el equilibrio y comenzó a caer. Yo estaba sentada en la penúltima fila. El avión se quebró y yo me encontré de un momento a otro fuera. Todo sucedió a tres mil metros de altura”

Un rayo alcanzó al avión, que se desintegró en el aire, a unos 3.000 metros de altitud. Juliane salió despedida del avión asida a su butaca, y esta cayó sobre las copas de los árboles, cuyas ramas se quebraron de a poco hasta que terminó en el suelo. Juliane estuvo inconsciente unas tres horas y cuando despertó se encontraba en tierra, sentada sobre su butaca, y rodeada de la más densa selva. El hecho de haber caído con su butaca, y que ésta cayó sobre la espesa vegetación le salvó la vida.

“Me desperté sentada en el mismo asiento, como iniciando otro viaje, pero esta vez al infierno. Había tres cuerpos desmembrados a mí alrededor, creía que se trataba de una pesadilla y me volví a dormir por unos instantes. Cuando creí volver en sí me atraganté de realidad. Cuerpos inertes colgaban de los árboles, hierros, asientos, ropas y maletas desparramadas por la selva, humo, mucho humo y crepitar de combustiones desperdigadas hasta donde la espesura de la jungla dejaba distinguir. Estaba sola, muy sola y desconcertada.”


La aventura
Juliana estaba perdida en algún lugar de la selva entre Lima y Pucallpa. Tenía la clavícula fracturada y un ligamento de su rodilla derecha seccionado. Los restos estaban desperdigados en un área de unos 15 kilómetros. Pasó los siguientes dos días tratando infructuosamente de encontrar a su madre, pero lo único que halló fueron los restos calcinados del aparato y los cadáveres de otros pasajeros. Resignada a que nunca más volvería a verla, Juliane decidió aferrarse a la vida y sobrevivir a toda costa.


La jungla con la que se encontró Juliane tenía las mismas características que la de la estación biológica de sus padres, donde ella había vivido por un año y medio. Eso fue fundamental para su supervivencia, ya que conocía la vegetación y a los animales.

“Yo sabía cómo me tenía que comportar en ese bosque -dice con convicción-. Busqué primero muchas horas a mi mamá o a otras personas; gritaba, llamaba y no había nadie. Cuando el mareo me dejó un poco y pude caminar encontré un manantial, de donde brotaba un poco de agua. Me acordaba de que mi papá me había dicho que si te pierdes en el monte y no puedes salir porque los árboles son uno igual que otro, entonces tienes que encontrar agua que corre y seguir la corriente, porque los riachuelos desembocan en arroyos más grandes y después de cierto tiempo en ríos y ahí se puede encontrar ayuda. En eso pensé y decidí salir a buscar ayuda. Lo que no sabía es que era una zona totalmente deshabitada. Felizmente no lo sabía porque si no, hubiera perdido el ánimo.”

Restos de la cabina del avión en la selva peruana

Al tercer día de la caída se le había acabado su único alimento, unos pocos caramelos que encontró donde había caído el avión. Cuenta que a partir de allí no volvió a comer absolutamente nada; ni siquiera encontró frutos silvestres. En los primeros días pudo escuchar también el sonido de avionetas y helicópteros que buscaban sobrevivientes, pero no podía hacer nada, porque la vegetación era cerrada. Una semana después de la caída suspendieron la búsqueda.

“Después de cuatro o cinco días encontré un río más grande. El río era ya ‘nadable’. Los reptiles y animales se apartaban de mi, lo que me sugería posible presencia humana. Me pasé el día nadando y flotando a merced de la corriente, procurando no sumergir las heridas abiertas para no provocar a las pirañas.
Mis piernas no daban ya para andar ni aguantar mi peso. Débil y exhausta varé en una de las orillas arenosas dejándome llevar por la inconsciencia. Al despertar divisé una vieja barca escorada en la ribera. ¿Soñaba?, ¿estaba despierta?… realmente pensé que alucinaba.”

Alcanzarla fue todo un desafío, el cuerpo apenas le respondía a estímulos. Reptando consiguió llegar a la canoa y más allá encontró un precario refugio donde se guardaba el motor de la misma y un tanque con gasolina, que se derramó en la herida llena de gusanos que tenía en la clavícula.

“Ahí me quedé y fue la única noche que pude dormir más o menos bien. Me tapé y pasé una noche regular. Al día siguiente quería seguir, pero llovía fuerte y me quedé hasta la tarde. De repente escuché voces humanas que sonaban como voces de ángeles. Salieron tres hombres del bosque, eran cazadores y madereros; otra casualidad increíble porque ellos iban ahí cada tres semanas y ese día no iban a ir.
Primero se asustaron mucho, pensaron que yo era una diosa de agua (un ser mitológico). Les dije que yo era sobreviviente del avión, me dieron de comer, me llevaron en su bote río abajo y más o menos diez horas después estábamos en un puesto de salud donde me inyectaron antibióticos.”

La llevaron hasta su aldea, donde le dieron comida y le curaron las heridas más graves (tenía la piel infestada de gusanos). Al día siguiente, Juliane fue trasladada en canoa (7 horas de viaje) hasta el pueblo de Tournavista, y desde allí fue trasladada en avión hasta Pucallpa, donde fue internada en el hospital. Allí, se reunió con su padre, en un emotivo reencuentro.

Rescate de los restos de las víctimas gracias a los datos de Juliane en 1971

En 1998 Juliane a volvió al lugar mismo de la colisión aérea para filmar el documental "Wings of hope" dirigida por Werner Herzog y revivió cada momento que le tocó vivir. Mujer valiente verdad?

Juliane en 1998 junto a restos del fuselaje

Rememorando su aventura junto al equipo de producción

No tengo idea como esta mujer recuerde sus episodios vivídos, ya que por un lado murió su madre en el accidente, sin embargo ella volvió a nacer.
De cualquier forma estoy seguro de que sus navidades tendrán un sabor distinto a las del resto de nosotros.
Fuente: Kurioso Weblog

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