El rey que mató a su hijo de un bastonazo

"Un guardia salió en busca de auxilio. Acudieron sirvientes con recipientes de agua y lienzos para ayudar. Llegó un médico, se inclinó sobre el herido, examinó la lesión y movió lentamente la cabeza: hay pocas esperanzas, dijo."

Creo que no hay mucho que ahondar en quien fue Iván IV de Rusia apodado “El Terrible”, dado que su fama lo precede hasta nuestros días. De todas formas haré un pequeño resumen de sus barbaridades antes de enfocarnos en la historia del bastonazo.

Iván IV Vasilievich, nació en 1530 y murió en Moscú en 1584. Fue Zar de Rusia desde 1547 hasta su muerte. A pesar de ser coronado a los tres años tras la muerte de su padre, su madre ejerció la regencia durante cinco años más, hasta que fue envenenada por nobles de la corte rusa. Allá en la Rusia Imperial, los nobles recibían el nombre de boyardos. Desde niño fue humillado y manipulado por familias boyardas cercanas a palacio, pero lo que definitivamente marcó su carácter, fue el ser testigo, a la edad de ocho años, de cómo su madre se retorcía víctima del veneno. Luego fue recluido en el palacio real donde lo obligaron a vivir casi como un mendigo. Juró desde ese momento, que algún día se vengaría de aquellos boyardos y cortesanos, que tanto daño le había infringido.

A los 13 años empezó a ganarse el respeto, cuando ordenó a un grupo de leales suyos que capturaran a un príncipe de la familia Shúiski y lo arrojaran a una jauría de perros para que lo destrocen. Con 16 años físicamente estaba hecho un hombronazo, era muy corpulento, y aunque destacaba en escritura y era un devorador de libros, siempre mantuvo esa mirada de odio, la que se le impregnó a temprana edad.

Iván IV de Rusia

A los 17 años, después de casarse con Anastasia Romanova Zajarina, fue coronado como Zar de todas las Rusias. Este fue el primero y más importante de sus matrimonios. A esta edad Iván ya solía tener ataques de furia aterradores; no podía controlarse, era como si de pronto se convirtiese en un animal salvaje. Sus más cercanos colaboradores aseguraban que en esos ataques "al zar le salía espuma por la boca como a los caballos" y que cuando se calmaba, se quedaba horas en silencio mirando a un punto fijo. Cuentan también que en medio de esos ataques coléricos, era común que se arrancase mechones de su larga cabellera o se diera de cabezazos contra las paredes.

En 1560 murió su esposa Anastasía y el zar se transformó en un gobernante psicópata, fanático religioso y autoritario. Este dramático cambio en la personalidad se desencadenó no sólo por la muerte de su esposa, sino también por el tratamiento con mercurio (para la sífilis) que estuvo a punto de causarle la muerte en 1553. Durante esta época Iván pidió a los boyardos que hicieran una alianza con su hijo mayor para que éste gobernara tras su muerte, a la cual los boyardos se negaron. Esto agravó aún más su desconfianza y llegó a pensar que su esposa también había sido envenenada por ellos. El resultado de estas conspiraciones, reales o supuestas, fueron brutales represalias, con asesinatos de príncipes, boyardos y partidarios. Iván tenía 33 años cuando empezó en Rusia un período de terror y sangre.

Iván El Terrible pintado por Alexander Litovchenko (1875)

En 1564 el zar descendió un escalón más en el proceso de su desequilibrio mental, cuando abandonó Moscú debido a la desconfianza que le despertaban los miembros de la corte. Se retiró a un monasterio, un sitio escondido en el bosque, unos cien kilómetros al noreste de la ciudad. Desde allí le escribía largas cartas al arzobispo, en las que denunciaba a los laicos y eclesiásticos de la clase gobernante y apelaba al apoyo del pueblo, de quien se proclamaba defensor. Como le pidieron que regresara, volvió a Moscú a principios de 1565. En apenas un año había envejecido como veinte. Aunque apenas tenía treinta y cinco años, parecía mayor: estaba muy arrugado, con una calvicie pronunciada y una barba mal cuidada.

Siguió matando a príncipes acusándolos de homosexuales, reprimió con su ejército ciudades sublevadas como Nóvgorod, donde torturó, decapitó y empaló a 50.000 rebeldes según datos de la época. Algunos historiadores modernos estiman que fueron sólo 3.000 los decapitados y empalados. También mandó a hacer algo parecido contra la ciudad de Pskov.

Se casó un total de ocho veces, pero los más curiosos fueron el sexto y séptimo matrimonio. Su sexta esposa fue la insensata Vasilisa Melentieva, quien, conociendo el carácter de "su terrible", cayó en desgracia al ponerle los cuernos con el príncipe boyardo Iván Devtelev. El zar lo hizo empalar en su presencia y luego se deshizo de ella enclaustrándola en un convento. Mujer afortunada, porque de todas formas la sacó barata. Poco después Iván volvió a casarse y cuando descubrió que su séptima esposa, María Dolgurukaya, no era virgen, babeando de cólera, la hizo ahogar al día siguiente.

Vasilisa Melentieva, su sexta esposa. La que le puso los cuernos.

En sus últimos años dio rienda suelta a sus perversiones sexuales. Según algunos escritores, se jactaba de haber desflorado a más de mil vírgenes y posteriormente haber asesinado a los hijos engendrados, eso lo cuentan especialmente sus biografos polacos. Aunque esto pueda parecer una leyenda negra, existe una base real en las elecciones de la novia del zar, a las que asistían muchas chicas boyardas cuando eran convocadas a la capital.

A pesar de haber visto y cometido tantas atrocidades, el hecho que lo afectó más profundamente en vida, fue la muerte de su hijo y sucesor, de la que en un momento de rabia, él mismo fue responsable. En 1581 el zar golpeó con su bastón de mando a Elena Sheremeteva, la tercera esposa de su hijo, que estaba embarazada, porque, según el viejo monarca, vestía de manera indecorosa. La mujer cayó al suelo y perdió el bebé. Cuando el zarevich llegó a quejarse, a éste también lo recibió con un bastonazo en la cabeza, hiriéndolo de muerte.

Iván el Terrible y su hijo, 16 de noviembre 1581, pintado por Ilya Repin (1885)

Acercamiento a los rostros del lienzo de Ilya Repin

Un guardia salió en busca de auxilio. Acudieron sirvientes con recipientes de agua y lienzos para ayudar. Llegó un médico, se inclinó sobre el herido, examinó la lesión y movió lentamente la cabeza: hay pocas esperanzas, dijo. Durante tres días todos rezan y el Zar aguarda, angustiado, que se cumpla el milagro y su hijo despierte. Deshecho de remordimientos, Iván “El Terrible” camina y llora por el palacio suplicando por su hijo. Vuelve a su habitación y se postra ante los íconos. De rodillas, promete a Dios dejar de infligir torturas, liberar a los prisioneros, construir iglesias, repartir el resto de su fortuna entre los pobres. Nada. El 19 de noviembre de 1581, el zarevich muere. El zar se niega a dormir y a alimentarse. Se siente doblemente culpable: porque ha matado a su hijo y porque ese hijo era el heredero del trono. Al eliminarlo en un acceso de ira, ha ofendido a Dios y a Rusia al mismo tiempo. El dolor es insoportable.

Iván el Terrible en el lecho de muerte de su hijo. Pintura de Vyacheslav Schwarz (1861)

Tres años después la salud del zar ya estaba muy deteriorada. Según los informes de la época, padecía una "descomposición de la sangre" y tenía una "corrupción en las entrañas". Se le hinchaba el cuerpo, se le descamaba la piel y desprendía un olor muy fuerte. Lo único que lo calmaba era bañarse en agua caliente. Muere el 19 de marzo de 1584 mientras jugaba ajedrez con su guardaespaldas.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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8 comentarios

Una historia tremenda, ciertamente. Tuve la oportunidad de ver el lienzo de Ilya Repin hace un par de años, en Moscú, y a pesar de lo grande que era aquel museo, ese es el cuadro que sin duda más llamó mi atención. La cara de horror del padre por lo que ha hecho, y la cara de incredulidad del hijo (a la vez que parece que le está perdonando) hacen, no sé cómo expresarlo... como si no fuera necesaria una explicación de la historia del cuadro. Sólo con estar frente a él y observar... es como si la explicación del guía fuera del todo innecesaria para comprender la escena.

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Ya me imagino Amaya. Mira, le agregué a la entrada un zoom de los rostros del cuadro de Repin. La imagen y lo que trasmite es muy fuerte , ¡qué gran pintor!

Saludos.

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La realidad supera la ficción. También pude ver el cuadro en la Tretyakovskaya Galería de Moscú junto a otras obras de Repin. Es increíble lo que transmite. Repin junto a otros artistas como Vrubel, Vasnetsov y Serov era parte del círculo de artistas fundado y apoyado por mi tatarabuelo: el mecenas Savva I. Mamontov. Hay un retrato suyo de Repin en esa galería.
Qué gusto encontrarme con blogs como éste. Volveré. Saludos!

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Excelente artículo, Carlos; precisamente, este año estoy viendo Rusia y este episodio de Iván el Terrible (que prendió la mano de la reina Isabel I de Inglaterra) se pasa muy por encima en los libros de texto. Se mencionan su cambio de carácter cuando murió su esposa y los ataques de cólera para introducir el episodio de su hijo; pero, poco más. Por eso, tu artículo me ha encantado. Gracias, amigo. Comparto en G+, con tu permiso (el FB no funciona hoy, argggg). Beso grande.

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¡¡Que tortuosos suelen ser los acontecimientos que rodean a las monarquías!!!!

P.D.:Por más arrepentimiento,creo que el destino signado a su hijo por sus propias manos,devino en castigo...

BESOTES AMIGO :)

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Que impactante historia una vez más me sorprendes Carlos!! pero la que me dejó impactado fue la de MILEVA MARIC que gran historia detrás de la historia de Einstein!! sigue así hasta donde te aguante el cuerpo mi familia es fans tuyo!! a mi siempre me ha intrigado la historia detrás de los zares rusos!!

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Paa que historia!! realmente era terrible.¡Qué época oscura!

Como estás? Te has olvidado de mi, pero ya ves, yo, cada tanto(cuando entro la blog) te recuerdo y vengo..

jaja espero que estés muy bien

bss

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Cuando leemos estos relatos es normal la repulsión, el miedo, el horror... Estas cosas no han dejado de pasar. Tristemente, en mi patria, en México, las atrocidades de Iván, siguen ocurriendo todos los días...

Pero es desde la oscuridad que la luz brilla más fuerte. Es dándonos cuenta de lo bajo que podemos caer, que atesoramos las alturas que puede alcanzar el espíritu humano...

Abrazo,

G.

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